miércoles, 18 de noviembre de 2015

La crisis económica de Brasil golpea a la clase media emergente




RIO DE JANEIRO—Cuando la electricidad llegó a Santa Marta, una pequeña favela a la sombra de la estatua del Cristo Redentor en Rio de Janeiro, Cândida Oliveira Silva estaba feliz de recibir la factura.
Para esta ama de casa de 52 años, el cobro significó tener una prueba legal de domicilio y “sentirse como una ciudadana” por primera vez. En los últimos meses, sin embargo, el pago de la luz la ha obligado a recortar sus gastos, excepto en las cosas más básicas. La reducción de los subsidios gubernamentales y una sequía han elevado la tarifa mensual de electricidad a casi 280 reales (US$72 dólares), aproximadamente cinco veces el monto de hace un año.
“No puedo viajar más, no puedo darme el lujo de comer en un restaurante, incluso modesto”, dijo Silva. El aumento de la inflación y la devaluación del real han anulado cualquier esperanza de visitar a su hija en San Francisco, Estados Unidos.
La lucha de Silva para mantener su estándar de vida en medio del alza de los precios es una muestra de cómo una profunda crisis económica ha dejado a la clase media emergente de Brasil al borde del abismo.
El desempleo urbano creció 7,6% en septiembre, que junto con agosto representa la tasa de desocupación laboral más alta en más de cinco años. Los economistas estiman que el Producto Interno Bruto se contraiga aproximadamente 3,1% este año y 1,9% el próximo, según la última encuesta semanal del Banco Central de Brasil. Una inflación cercana a 10% ha obligado a los pobres a dejar de comprar carne y al banco central a subir las tasas de interés. Un esfuerzo desorganizado por parte del gobierno para frenar su creciente déficit fiscal se ha traducido en dolorosos aumentos de impuestos que comprimen aún más los presupuestos familiares.
Los expertos reconocen que cuesta estimar cuántas personas están en riesgo de descender en la escala social brasileña, ya que aún no se dispone de datos oficiales. Pero dado que el aumento de los salarios es inferior a la inflación, se estima que unos 35 millones de miembros de la clase media baja son vulnerables, dice Maurício Prado, socio de la firma de investigación Plano CDE.
Se trata de gente que “tiene poca educación y bajo nivel de empleo formal”, manifestó. “Hay una confluencia de factores negativos”.
La situación amenaza con descarrilar lo que los líderes brasileños han elogiado como una gran transformación de la economía y la sociedad del país. Desde hace tiempo considerada como una de las naciones más desiguales del mundo, Brasil avanzó significativamente en la última década hacia la reducción de la enorme disparidad de ingresos, dicen las autoridades.
Los altos precios de las exportaciones de materias primas permitieron llenar las arcas públicas con dinero que se utilizó para tejer una red de seguridad social, incluyendo un programa de transferencia de efectivo a casi 14 millones de familias pobres. Los aumentos del salario mínimo promediaron poco más de 11% al año desde 2003, transfiriendo más riqueza a la parte inferior del espectro socioeconómico.
Entre 2003 y 2013, el ingreso medio por hogar de Brasil creció 87% en términos reales, en comparación con un aumento de 30% del PIB per cápita, señala Marcelo Neri, un economista que escribió un libro sobre la “nueva clase media” brasileña y se desempeñó como ministro de Asuntos Estratégicos de la presidenta Dilma Rousseff.
“Las personas que se quedaron atrás —gente sin educación, personas en el noreste y [otras] zonas rurales [del país], los pobres, los negros, los trabajadores domésticos, los empleados informales— estas personas crecieron [en ingresos] a un ritmo mucho más rápido que el del país en su conjunto”, dijo Neri .
Cabe aclarar que la clase media brasileña es más pobre que su contraparte de Estados Unidos, con ingresos familiares que oscilan entre unos 2.300 y 9.500 reales al mes (entre US$612 y US$2.500). En Colombia, según un cálculo de la Universidad de los Andes, el ingreso de un hogar de clase media se ubica en entre 1,4 millones de pesos y 7 millones de pesos (US$437 y US$2.188). Pero los integrantes de este segmento en Brasil crecieron de 67,9 millones en 2003 a 112,6 millones de personas en 2013, según estimaciones del gobierno.
Comunidades como Santa Marta ejemplifican la tendencia. Representada como un escenario de pobreza extrema en el video musical de Michael Jackson They Don’t Care About Us, de 1996, la comunidad cuenta ahora con escuelas, centros de actividades, vivienda pública y un tranvía para transportar a los pobladores por pronunciadas pendientes. La mayoría de las casas tienen electrodomésticos tales como neveras y televisores, que los científicos sociales brasileños usan para tipificar la “clase C” del país, el segmento socioeconómico que ocupa más o menos la mitad de la escala de ingresos.
Personas desempleadas hacen fila durante una feria de empleo en Rio de Janeiro.ENLARGE
Personas desempleadas hacen fila durante una feria de empleo en Rio de Janeiro.PHOTO: DADO GALDIERI/BLOOMBERG NEWS
“No puedo decir que las cosas están muy mal, porque para mí están mejor que nunca”, afirmó Uerlem Queiroz, un camarógrafo de 27 años. Queiroz espera pasar las vacaciones de Año Nuevo en Salvador, un viaje que dijo habría sido “inimaginable” para un habitante de esa favela en el pasado.
Paradójicamente, los economistas dicen que las mismas políticas que sacaron a millones de brasileños de la pobreza en los últimos años también ayudaron a alimentar la inflación que ahora erosiona su nivel de vida. La productividad de Brasil está rezagada respecto de la mayoría de las demás economías emergentes, lo que pone de manifiesto el pilar inestable sobre el que se construyó la nueva clase media.
“Después de haber pasado por un largo período de la última década en que los trabajadores lograron obtener una mayor participación en la torta del crecimiento, ahora van a tener una tajada más pequeña de una torta que está creciendo a un ritmo mucho más lento”, aseveró Neil Shearing, economista jefe de mercados emergentes de Capital Economics.
Las medidas de austeridad han vuelto más regresivo al sistema tributario brasileño, carcomiendo los ingresos de los hogares de clase media y baja. Para impulsar sus ingresos, el gobierno ha aumentado los impuestos fijos al crédito para el consumo, las importaciones y algunos productos manufacturados.
El número de brasileños atrasados en sus pagos aumentó a 57 millones en septiembre, o 39% de la población adulta del país, dice SPC Brasil, una agencia de crédito.
Una de ellas es Maria Eliane de Alcântara, una residente de Santa Marta de 46 años que se gana la vida limpiando casas. Para mejorar su vivienda de madera, tomó un préstamo con una tasa de interés alta, y ahora su presupuesto de comida no puede cubrir mucho más que arroz y frijoles.
“El dinero viene y se va enseguida”, dijo. “Incluso le debo plata al albañil”.

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