sábado, 22 de agosto de 2026

Señales de civilizaciones interestelares podrían estar ocultas en radiofrecuencias inexploradas



Imagen de las antenas de ALMA.



Un análisis mejorado de los datos archivados del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array muestra que podemos buscar inteligencia extraterrestre capturando más estrellas de las que se buscaban anteriormente



Confirmar la existencia de inteligencia extraterrestre mediante señales de radio, también llamadas tecnofirmas, es la piedra angular de la radioastronomía. Aunque la humanidad se pregunta desde tiempos inmemoriales si estamos solos en el universo, los radioastrónomos están en primera línea intentando responder incansablemente a esta cuestión milenaria. Para lograrlo, se han centrado tradicionalmente en una banda de frecuencias de radio específica llamada "pozo de agua", que se sitúa entre 1,42 y 1,66 GHz. Esto se debe a que dos moléculas que forman agua, el hidrógeno y el hidroxilo, emiten en esas frecuencias.

Sin embargo, una investigadora solitaria ha decidido ir contra la corriente planteando que, puesto que seguimos sin encontrar señales alienígenas, ¿y si estuviéramos buscando en la banda de frecuencias equivocada? La investigadora, Louisa Mason, estudiante de doctorado en la Universidad de Mánchester, propuso que la búsqueda en longitudes de onda de radio de alta frecuencia podría emplearse para buscar señales extraterrestres. Sus conclusiones fueron presentadas la semana pasada en la Reunión Nacional de Astronomía de la Real Sociedad Astronómica celebrada en Birmingham, y tienen el potencial de ampliar la búsqueda de inteligencia extraterrestre, centrándose específicamente en SETI.


Una nueva banda de frecuencias para la búsqueda

Para el estudio, Mason analizó datos archivados procedentes del Gran Conjunto Milimétrico/submilimétrico de Atacama (ALMA) en Chile, con una banda de radio conocida como Banda 3, que abarca de 90,642 GHz a 93,151 GHz. Aunque no se identificó ninguna tecnofirma, Mason logró mejorar los métodos de observación de estrellas en busca de señales de radio, captando más estrellas que aquellas a las que los radioastrónomos apuntan habitualmente.

"Durante décadas, las búsquedas de SETI se han concentrado en una parte relativamente pequeña del espectro radioeléctrico", afirmó Mason. "Queríamos preguntarnos qué podría ocurrir si miráramos en un lugar muy distinto. Las bandas de radio milimétricas y submilimétricas permanecen casi completamente inexploradas para SETI, así que en realidad se trata de abrir un nuevo ámbito del espacio de parámetros donde buscar".

Como contexto, las frecuencias de radio del "pozo de agua" utilizadas por los radioastrónomos se enmarcan en lo que se conoce como ondas de radio decimétricas o centimétricas, mientras que las ondas de radio milimétricas y submilimétricas van de 30 GHz a 300 GHz y de 300 GHz a 3.000 GHz, respectivamente. Las bandas de frecuencia se calculan dividiendo la velocidad de la luz (3 × 108 m/s) entre la frecuencia (en este caso, 90 × 109 Hz, como empleó Mason), lo que da 3,33 milímetros.

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Más estrellas de las que se creía

Mientras los científicos han utilizado tradicionalmente bases de datos consolidadas como Gaia, Mason fue un paso más allá al emplear lo que se conoce como Modelo Galáctico de Besanzón. Se trata de un modelo informático muy detallado de la Vía Láctea que informa a los astrónomos de qué estrellas adicionales están observando cuando solo apuntan a una estrella concreta. Al final, Mason aplicó el Modelo Galáctico de Besanzón a un estudio de radio previo de SETI con 1.327 observaciones, que inicialmente utilizó Gaia para estimar unas 288.000 estrellas, elevando la cifra hasta unos 6,1 millones de estrellas.

"Una de las cosas más apasionantes de este trabajo es darse cuenta de que hemos estudiado muchas más estrellas de las que se pensaba en un principio", señaló Mason. "Incluso una observación muy pequeña puede contener un número y una diversidad enormes de estrellas que quizá nunca pretendimos estudiar. Al combinar observaciones de alta frecuencia con simulaciones galácticas, podemos comprender mejor qué es exactamente lo que hemos buscado y hacia dónde deberíamos mirar a continuación".

Por ahora, SETI y el resto de la radioastronomía siguen sin encontrar nada en lo que respecta a confirmar una tecnofirma definitiva. Sin embargo, posiblemente una de las tecnofirmas potenciales más famosas jamás identificadas es la conocida como señal Wow!, detectada el 15 de agosto de 1977 por el astrónomo Jerry R. Ehman mientras revisaba una impresión de datos de unos días antes. La impresión mostraba una señal muy intensa que duró 72 segundos, lo que llevó a Ehman a escribir "¡Wow!" sobre el papel. No obstante, a pesar de innumerables búsquedas, los astrónomos jamás han logrado replicar la señal.

¿Qué nuevos descubrimientos sobre señales alienígenas potencialmente ocultas en altas frecuencias de radio inexploradas harán los investigadores en los próximos años y décadas? Solo el tiempo lo dirá, ¡y por eso hacemos ciencia!

Como siempre, ¡seguid haciendo ciencia y seguid mirando al cielo!