jueves, 10 de septiembre de 2026

La pregunta del billón de dólares: ¿puede el mundo absorber tanta deuda pública?

 

elEconomista.es


  • La deuda mundial alcanzará el 100% del PIB esta década
  • EEUU y China lideran con déficits superiores al 7% y sin voluntad política de remediarlo
  • Expertos alertan de que la tolerancia de los inversores se puede agotar



Las subidas que está viviendo la deuda pública en las últimas semanas son un aviso a los Gobiernos por parte del mercado: seguir gastando a este nivel tendrá consecuencias. El Fondo Monetario Internacional pronostica que para finales de la década el conjunto de la deuda pública mundial aumentará hasta el 100% del producto interior bruto frente al 94% actual. Dicho de otra forma: el pasivo de todos los países será equivalente a toda la actividad económica de la humanidad de un año sin que haya una aparente voluntad política por remediarlo.

Este incremento constante se debe a un desequilibrio crónico de las cuentas de los países, que los lleva a gastar más de lo que ingresan. El FMI estima que el déficit público global se mantendrá en un 5% del PIB en los próximos años, con las dos principales potencias del planeta con saldos negativos de más del 7%.

El aumento constante de la deuda a un ritmo muy superior al crecimiento nominal de la economía implica que la carga de intereses se eleve progresivamente. Este escenario de descuadre fiscal unida a la subida de tipos de interés implica destinar cada vez más dinero de los presupuestos al pago de los intereses, lo que restringe el resto de servicios públicos. La pregunta obligada entre los inversores es la siguiente: ¿es sostenible esta acumulación de deuda pública?

"No, no es sostenible", indica Emre Tiftik, director de Mercados Globales y Política del Instituto Internacional de Finanzas (IIF), en declaraciones a elEconomista.es. De momento, el sistema financiero ha podido absorber toda la deuda gubernamental que se ha emitido, pero Tiftik advierte de que "esta tolerancia" podría acabarse.

Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, indica a elEconomista.es que hay dos factores sobre los que depende la sostenibilidad futura: "Que los gobiernos implementen planes de consolidación fiscal creíbles a medio plazo y que logren impulsar el crecimiento del PIB potencial mediante aumentos de la productividad".

A lo largo de la historia, cuando se hablaba de una crisis de deuda pública, generalmente se ponía el foco en economías en desarrollo, con altos niveles de pasivo y bonos con los tipos de interés disparados. A partir de la crisis financiera de 2008, la lectura comenzó a cambiar conforme los países más ricos registraban unos niveles de pasivos cada vez más altos. "Muchos mercados maduros ahora parecen un mercado emergente antes de una crisis de deuda", señala Tiftik, que advierte de la nula voluntad política por controlar el déficit público.

En 2025, el conjunto de países de la OCDE tuvo un gasto de intereses brutos de dos billones de dólares, el mayor nivel de la historia. En términos relativos, supone el 3,2% del PIB. El gasto de intereses de los Estados se ha disparado desde la pandemia y ya supera a los peores años de la crisis financiera.

La voz de alarma: Japón

Durante décadas, Japón actuó como director de orquesta de los bancos centrales. Como pionero al establecer tipos de interés cero o incluso negativos, demostró el camino a la Reserva Federal y el Banco Central Europeo a políticas monetarias laxas. El alto endeudamiento nipón se compensaba con unos intereses mínimos y la compra de títulos estadounidenses, que mejoró la posición financiera neta del país asiático.

El relato ha dado un giro copernicano por el aumento de la inflación, la depreciación del yen y la necesidad del Banco de Japón de estabilizar tanto la divisa como los precios. En verano, Tokio y Washington intervinieron de manera conjunta para sostener a la moneda japonesa, pero el efecto se diluyó. Los inversores reclamaban mayor agresividad: un verdadero salto por parte del Banco de Japón y la anticipación de más subidas de tipos de interés.

Rafael Hernández, profesor de Economía y Finanzas en EAE Business School, explica que Japón no se encuentra ante una crisis inmediata de deuda, pero sí que necesita reconfigurar su política: "El desafío es más estructural: está desapareciendo progresivamente el entorno excepcional de tipos próximos a cero que permitió sostener durante décadas un endeudamiento público extraordinariamente elevado".

En las últimas semanas los inversores han puesto la atención en los bonos. El título japonés a 10 años, que actúa como suelo de las principales economías, alcanzó el 3% la semana pasada, su nivel más alto en tres décadas. Los títulos a largo plazo de casi todas las naciones desarrolladas se encuentran con rendimientos equivalentes a 2007.

"La clave será si las políticas expansivas consiguen generar suficiente crecimiento nominal y productividad para compensar el aumento del coste de financiación", indica Hernández en referencia a Japón. "Si lo consiguen, la estrategia de [Sanae] Takaichi puede reforzar la economía japonesa; si no, el margen fiscal del país será cada vez más estrecho", pronostica.

EEUU y China, adictos a la deuda

Francisco Quintana, director de estrategia de inversión en ING, señala que el escenario actual no representa un peligro inmediato para las economías desarrolladas, ya que el tipo de interés efectivo que pagan los Estados sigue más bajo debido a todas las emisiones de títulos durante los años de tasas bajas. "El caso más extremo entre los países desarrollados ahora mismo es Estados Unidos". Quintana explica que la casuística del país norteamericano es muy peligrosa por su posición en el mercado global: "Es doblemente preocupante porque además es el centro económico mundial y el emisor del activo que se considera todavía más seguro".

Estados Unidos tiene unas cuentas desbocadas. Ni Donald Trump ni los legisladores del Congreso tienen intención de contener el endeudamiento de la primera potencia económica. Según datos del FMI, en los próximos años Estados Unidos mantendrá un déficit fiscal superior al 7% del PIB y para comienzos de la década que viene su deuda pública supondrá el 142% de toda su actividad económica.

La falta de rigor fiscal está teniendo consecuencias directas en la financiación de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Los títulos a 10 años, la referencia mundial del mercado de renta fija, se encuentran en el 4,8% de interés conforme los inversores se están poniendo más estrictos. El Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, en inglés) advierte de que EEUU está perdiendo a compradores de bonos "insensibles" al precio, como bancos centrales, gobiernos extranjeros o bancos de inversión y ya marca su menor nivel en lo que llevamos de siglo, que no demandan tipos de interés concretos.

Quintana recalca la debilidad fiscal de la otra gran potencia. "A los inversores también preocupa, aunque tienen muchísima menos relevancia internacional, el nivel de deuda china, que se parece bastante al norteamericano en términos de déficit fiscal". El FMI espera que el nivel de déficit de China represente el 8% de su economía durante los próximos años y que su deuda alcance el 127% del PIB para 2031.

Crisis política y social

Los expertos entrevistados no anticipan un colapso mundial en el corto plazo, pero sí que aventuran que serán necesarias reformas. "Los gobiernos pueden seguir endeudándose, pero no indefinidamente a estos tipos de emisión", indica Tiftik. "Cuando la demanda de los inversores se desplome -y eso sucederá-, la refinanciación se convertirá en una crisis política, no solo económica", advierte el experto del IIF.

"El peligro latente es que, si los mercados financieros perciben una falta de disciplina o ausencia de un horizonte claro de reducción del déficit, comenzarán a exigir primas de riesgo aún mayores", pronostica Doménech. "Esto podría desencadenar tensiones de refinanciación severas en los países con mayores desequilibrios, forzando finalmente ajustes fiscales mucho más abruptos y dolorosos", alerta el experto.

Un efecto externo plausible es un quiebre del endeudamiento privado. El FMI estima que la deuda de hogares y empresas en todo el globo representa el 143% del PIB mundial. Un aumento sostenido de los bonos públicos podría llevar a los inversores a rechazar la renta fija privada, tanto en forma de préstamo directo como de bonos.

Esta situación golpea directamente al sector que acapara todas las miradas en las bolsas: las inversiones en inteligencia artificial. Las principales empresas de servicios digitales y de infraestructura informática están gastando ingentes montones de dinero en inversión de capital. Parte de este gasto se financia con deuda. En 2025, los principales hiperescaladores emitieron 121.000 millones de dólares y que en 2026 alcance los 400.000 millones de dólares, según Reuters.

"El segundo factor a tener en cuenta es que, si suben mucho los tipos de interés, pues igual se suceden eventos de impagos entre los clientes", señala Quintana, quien de momento no anticipa que ese sea el escenario más plausible. "Las entidades apalancadas se enfrentan a una compresión de los márgenes y al riesgo de refinanciación", apunta Tiftik. "Esto es importante porque el crédito privado ha crecido sustancialmente: ahora constituye una parte significativa del sistema financiero".


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