domingo, 3 de enero de 2021

El descalabro de la tercera criptomoneda más grande que ya amenaza a todo el sector


(Foto: Reuters)


Una demanda contra Ripple de las autoridades de Estados Unidos ha puesto a uno de los mayores rivales de bitcoin en el disparadero. Y pone en jaque el futuro de otras monedas


Hasta hace solo una semana la criptomoneda de la empresa Ripple, XRP, estaba considerada, tras Bitcoin y Ethereum, como la tercera criptomoneda más grande por valor de mercado del mundo. Era una de las monedas más populares y valoradas, e incluso bancos, como el Santander, mantenían relaciones estables con sus creadores para el desarrollo de este tipo de tecnologías dentro de sus entidades. Pero todo se empezó a torcer justo antes de Navidad y lo sigue haciendo. Una demanda de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) ha puesto a la compañía en la cuerda floja y ha provocado un terremoto en el sector. ¿El motivo? Según la SEC, XRP no es lo que dice ser.

En la demanda, presentada el pasado 23 de diciembre y que ha supuesto la caída de la moneda por debajo de los 0,20 céntimos de dólar (acumulando una pérdida de valor de un 66% en lo que llevamos de mes), el regulador acusa a Ripple de haber vendido XRP como si fuera una divisa, cuando en realidad se trata de un valor sin licencia alguna para operar. Pero el problema no se queda ahí, ya que a raíz de esto, la SEC asegura que Brad Garlinghouse, CEO de la compañía, y a Chris Larsen, cofundador, como cabezas visibles, recaudaron 1.300 millones de dólares de forma ilegal con la venta de XRP. La compañía ya ha anunciado que se defenderá de la denuncia y niega las acusaciones, pero de momento no pinta nada bien para ellos.

Con el paso de los días cada vez más estamentos han ido alejándose del caso por miedo, en parte, a que la demanda pueda salpicarles también a ellos y el último fue esta misma semana Coinbase, uno de los mayores 'exchange' de criptodivisas, que ha parado las operaciones con XRP y a partir del 19 de enero de 2021 parará todo tipo de operaciones con ese título. Los usuarios que tengan XRP podrán deshacerse de ellas hasta el próximo 19 de enero. Un golpe que ya han dado otros 'exchange' y que da una idea de la importancia de este caso y lo mal que puede acabar todo para Ripple. Pero, ¿por qué Ripple y por qué ahora? Aunque desde la empresa dicen que es una operación contra todo el sector, y que llevaban tiempo esperando la demanda, lo cierto es que los expertos señalan razones claras: su origen, su posición y sus prácticas continuadas.

"Al final Ripple es una compañía estadounidense, con un modelo centralizado y es una de las grandes del mercado, no es muy extraño lo que ha ocurrido y no pinta demasiado bien para la empresa, sobre todo porque tampoco es el primer aviso que da la SEC en este sentido", explica en conversación con Teknautas José Antonio Bravo, economista y experto en criptodivisas. ¿Cómo puede acabar esto? Para Bravo aún es pronto para decirlo, pero puede suponer un toque definitivo para una estructura de criptomonedas que, eso sí, poco tiene que ver con el principal valor de este mercado: el bitcoin.


Valor o divisa, esa es la cuestión

Como comenta el experto y queda claro por la demanda y la respuesta de Ripple, todo este caso gira en torno a un punto clave que puede definir el futuro de las criptomonedas: si en un modelo centralizado como el de Ripple una criptomoneda es una divisa con un valor independiente o se trata de un valor, que varía dependiendo de la empresa que hay detrás, que solo sirve para especular y cuyo éxito o fracaso depende, en gran medida, del éxito o fracaso de la compañía que la respalda. Y es fácil al menos sospechar de que el XRP de Ripple puede ser lo segundo aunque se coloque como lo primero.

"Hay que tener claro es que el XRP no se mina, como si ocurre con 'bitcoin' o 'ethereum', sino que es un modelo centralizado en el que la empresa, Ripple, decide cuantas monedas libera y deja que se muevan y aglutina el resto. Además, Ripple aseguró en su salida que había generado 100.000 millones de XRP, pero solo ha liberado una parte de la cual Ripple, como empresa, acumula cerca de 7.000 millones y los dos líderes señalados también tienen buena parte. Aunque se diga que es la tercera criptomoneda más importante, 48 mil millones de XRP se mantienen en reserva para ventas periódicas que encima se suelen hacer coincidir con momentos en los que el mercado les beneficia", comenta Bravo.


(Foto: Reuters)

Este punto puede ser clave, pues demostraría que las XRP dependen totalmente de Ripple para funcionar y su valor está atado al de la empresa, además de que es un elemento que sirve a la compañía para financiar su trabajo. La SEC señala algunos puntos que juegan en contra de Ripple en el caso, como que en 2016 Ripple admitió ante el Departamento de Servicios Financieros del Estado de Nueva York que los compradores estaban "comprando XRP con fines especulativos". También cita a un inversor de fondos de cobertura que era propietario de XRP y dijo en 2015 que "el aumento en el valor de XRP depende en gran medida del éxito de Ripple".

La defensa de la empresa pasa por asegurar que nadie que compra XRP adquiere acciones de la empresa, ni mucho menos, y es cierto que en 2015 el Departamento de Justicia trató a XRP como una moneda, pero las dudas crecen en todo el sector. "Es un modelo muy centralizado y las dudas son sólidas, además al tener su sede en EEUU y la mayor parte de su mercado en este país no parece que se vaya a poder librar fácilmente o salir indemne. Eso sí, lo que ocurra fuera ya es otra cosa", apunta Bravo.

Bitcoin se salva, pero otros tiemblan

Como ya hemos comentado antes, 'bitcoin' poco puede verse perjudicado por este caso, aunque ya ha frenado su escalada meteórica (cada moneda ya vale cerca de 30.000 dólares) por todo el ruido generado en torno a Ripple, pero no pasa lo mismo con otras monedas. Y es que hasta Ethereum utilizó un modelo algo cuestionable y parecido al que ahora se ha demandado para sus primeros pasos y otros casos más pequeños como Kik y Block.one ya pasaron por las manos de la SEC. "Está claro que es un aviso para todo el sector, el más importante quizá en los últimos años, pero las autoridades llevan años hablando de ello. Esto es un golpe sobre la mesa para que se pare de trabajar así y que si se sigue por este camino no les va a temblar la mano".

En cuanto a cómo puede acabar esto, parece que el proceso puede alargarse y puede afectar de forma profunda incluso fuera del sector de las criptomonedas. Ripple ya ha asegurado que está buscando una sede fuera de EEUU, acusando al país de un caos regulatorio que frena la innovación y el desarrollo, y ha recibido el apoyo de gobiernos como el de Japón, que está bastante obsesionado con su modelo de criptodivisa. Además, China también ha aparecido en la escena gracias a la compañía demandada, pues esta asegura, sin pruebas, que aunque la SEC considera a bitcoin y ethereum monedas y no valores, lo cierto es que están respaldadas por el gigante asiático.


Por 
Guillermo Cid
02/01/2021 - 05:00
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2021-01-02/criptomoneda-ripple-hundimiento-denuncia-sec_2890019/

CAMBIO DE MODELO TRAS LA CRISIS Así será la crisis del nuevo 'capitalismo de Estado'

Protesta contra el capitalismo en Alemania. (Reuters)


La crisis del coronavirus ha abierto la puerta al ensayo, nuevamente, de una política económica basada en un mayor grado de intervención de los poderes públicos


No hay alternativa. Mientras la contestación social contra sus medidas económicas se extendía por todo el país, durante la década de 1980, la 'premier' británica Margaret Thatcher haría de ese eslogan uno de los principios fundamentales de su mandato. Años de estancamiento económico y elevada inflación, jalonados por una intensa ola de protestas, huelgas y agitación sindical, habían situado a Reino Unido al borde del colapso durante la década de 1970 y se hacía necesario un rediseño del modelo imperante. La era del keynesianismo, que había dominado desde finales de la Segunda Guerra Mundial, parecía sentenciada; llegaba el turno del neoliberalismo.

Hoy, las tornas parecen haber girado. La crisis del coronavirus ha desencadenado una reacción a favor de un mayor protagonismo del Estado en la configuración del desarrollo económico, alumbrando lo que muchas voces han entendido como una nueva versión de capitalismo de Estado, llamado a desterrar el modelo predominante durante las últimas cuatro décadas.

La contundencia del 'shock' ocasionado por el virus ha obligado a los principales gobiernos mundiales a ofrecer una respuesta sin precedentes, en forma de ayudas masivas a ciudadanos y empresas, para protegerlos ante un daño que desde un primer momento se asumió como temporal. Esta reacción no representa, en esencia, un cambio de modelo. Al fin y al cabo, estaría enfocada a preservar las estructuras de poder económico preexistentes.

Como observa Rafael Domenech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, "la respuesta dada es la respuesta de manual ante situaciones excepcionales y no es necesariamente un cambio de modelo. Es lo adecuado, porque el único agente económico con el tamaño y la capacidad para proteger a trabajadores, autónomos, etcétera es el Estado". 

Sin embargo, algunos movimientos parecen apuntar a que, tras esta primera respuesta a la crisis, muchos gobiernos parecen interesados en prolongar su papel protagonista en la economía. El diseño de planes millonarios de inversión para favorecer la recuperación económica tras el 'shock' del covid (como el Next Generation, de la Unión Europea) parece ofrecer una poderosa palanca al poder político para encauzar el desarrollo económico futuro por unas sendas menos dependientes de la libre evolución del mercado. 

Una posibilidad que, curiosamente, es bienvenida por muchas voces de autoridad en los mercados. Un informe reciente del G30, un 'think thank' que tiene entre sus más destacados miembros al expresidente del BCE, Mario Draghi, avalaba la importancia del apoyo público para sentar las bases del crecimiento económico a largo plazo. Con tendencias como la digitalización y la transición energética tratando de abrirse hueco desde hace años –dados los recelos del mundo empresarial a la hora de invertir en dinámicas aún en configuración–, son muchos los expertos que sugieren que el momento actual ofrece la ocasión ideal para que, bajo el patrocinio de los gobiernos, estos procesos logren el empuje necesario para convertirse en las fuerzas tractoras del crecimiento global. 

La competencia de China parece empujar a un mayor respaldo público en Occidente 

Además, como subraya Gonzalo de Cadenas, economista jefe de Mapfre, Europa y Estados Unidos se enfrentan en este ámbito al desafío de competir con una potencia como China, que acumula años de estímulo público a sus empresas, en una economía que representa el paradigma del capitalismo estatal. La necesidad de competir en igualdad de condiciones parece respaldar la idea de que los gobiernos occidentales se involucren en el desarrollo de las que entiende que serán las tendencias que marcarán el futuro de la economía. 

A esto se añade que las facilidades de financiación ofrecidas por las políticas de tipos de interés en mínimos y estímulos monetarios sin precedentes ofrecen a los poderes públicos una potencia de fuego muy elevada, que debería permitirles invertir en la economía sin incurrir en costes insostenibles. 

Y, sin embargo, resulta difícil no observar con cierto escepticismo las intenciones que subyacen detrás de algunos pasos dados por distintos gobiernos nacionales. Los planes de desarrollo industrial del Gobierno alemán o el francés, los esfuerzos del Gobierno británico durante las negociaciones del Brexit por garantizarse un mayor margen para apoyar a aquellas empresas e industrias que considere esenciales, los pasos de Italia hacia la nacionalización de un amplio número de compañías para asegurar su supervivencia o las propuestas en España de una fuerza con representación en el Ejecutivo como Unidas Podemos de establecer un mecanismo para fomentar la participación de los trabajadores en el capital de sus empresas parecen estar perfilando un escenario en el que el papel del Estado en la economía vaya a ser mucho más destacado que en los últimos años.

Modelo necesitado de ajustes

Detrás de estos planteamientos subyace la idea de que el capitalismo neoliberal imperante en las últimas décadas –aunque con muy diversas variedades– ha fallado a la hora de alumbrar una sociedad más próspera e igualitaria. La crisis del coronavirus habría representado así la puntilla a un modelo que parecía herido, por la sucesión de fallas del mercado y la percepción de que sus costes han recaído sobre las capas más desfavorecidas, mientras las clases altas han podido sacar rédito de las políticas de estímulo implementadas por los bancos centrales, que han supuesto, sobre todo, un impulso al precio de los activos financieros. 

En ese contexto, no escasean las voces que reclaman ajustes al modelo, por su propia supervivencia. No en vano, la creciente desafección social, motivada por una extendida frustración de expectativas, ha acabado derivando, según diversos análisis, en el auge de los populismos políticos. "Los gobiernos tienen que actuar para compensar rentas y reducir la pobreza porque, si no, los problemas irán a más", advierte De Cadenas, que pone el ejemplo de Latinoamérica en la última década del siglo XX y la primera del XXI como reflejo de las políticas que pueden acabar triunfando si no se lograr dotar de un perfil más social al modelo económico. 

Precisamente, en pos de un capitalismo social abogaba en un informe reciente el economista jefe de Natixis, Patrick Artus. "Para evitar ser rechazado por una parte creciente de la población, el capitalismo deberá evolucionar muy rápidamente en varias direcciones", señala el economista francés, que resalta como las principales palancas de ese cambio una aceleración de la transición energética, una distribución de ingresos justa, la financiación de un aumento de la riqueza general –para lo que, curiosamente, propone una vía como la planteada por Podemos, de impulsar la participación de los trabajadores en el capital– o una suavización de la competencia fiscal entre países.

"Es muy posible que el capitalismo lleve a cabo rápidamente estos tres cambios y, bajo la amenaza de su desaparición, se transforme del capitalismo neoliberal al capitalismo ecológico y social", apunta Artus. 

Pero si estos ajustes pueden resultar deseables, el intervencionismo del Estado en el desarrollo de la economía no representa, como ya ha quedado de manifiesto, una novedad, sino que nace de corrientes históricas ya ensayadas y que acabaron colapsando. Como observa Pablo Martín-Aceña, catedrático de Historia Económica de la Universidad de Alcalá, la victoria de Thatcher en Reino Unido y, poco después, de Ronald Reagan en Estados Unidos, fue la manifestación de una reacción contra unas políticas que se entendía que habían fracasado. 

"La crisis del petróleo en 1973 fue el detonante. Pero ya desde antes existía la percepción de que el Estado había ido demasiado lejos, había exceso de regulación, se habían ido acumulando muchas ineficiencias. Se había producido un exceso de intervencionismo público que ahogaba la iniciativa privada", indica Martín-Aceña. Y también De Cadenas redunda en esta visión: "La imposición estatal no genera innovación. En un momento como este es necesario que el Estado esté presente, pero no que se quede ahí". 

Uno de los temores más evidentes es que, al primar los criterios políticos, las decisiones de los gobiernos en el campo económico acaben derivando en actuaciones de escasa eficiencia. La historia está repleta de ejemplos de actuaciones económicas motivadas por el poder político que han resultado en fiasco, desde el buscador francoalemán Quaero a la empresa de automoción British Leyland o la aerolínea italiana Alitalia.

Avión de Alitalia. (Reuters)

Mantener de forma ilimitada el sustento a empresas y negocios poco productivos y difícilmente viables sin el auxilio público puede conllevar una distribución ineficiente de los recursos y retrasar las transformaciones necesarias para la readaptación del sistema económico. Un peligro, este último, especialmente relevante en un mundo en cambio como el que se espera que surja tras la pandemia. 

"El sector empresarial que emerge de esta crisis no debería verse exactamente como antes, debido a los efectos permanentes de la crisis y la aceleración por la pandemia de tendencias existentes, como la digitalización. Los gobiernos deberían fomentar las transformaciones y ajustes empresariales necesarios o deseables en el empleo. Esto puede requerir cierta cantidad de 'destrucción creativa', a medida que algunas empresas se reducen o cierran y se abren otras nuevas, y cuando algunos trabajadores necesitan moverse entre empresas y sectores, con una capacitación adecuada y asistencia para la transición", resalta el citado informe del G30. 

Conviene tener en cuenta, como destaca Fernando Escalante en 'Historia mínima del neoliberalismo' (Turner, 2015), que, frente a lo que se suele asumir, el neoliberalismo no es una ideología contraria a la intervención estatal. "Contra lo que proclaman algunos propagandistas, no pretende eliminar al Estado, ni reducirlo a su mínima expresión, sino transformarlo, de modo que sirva para sostener y expandir la lógica del mercado. O sea, que los neoliberales necesitan un nuevo Estado, a veces un Estado más fuerte, pero con otros fines", sostiene el sociólogo hispano-mexicano. 

El intervencionismo público también puede servir para apuntalar las dinámicas previas 

Esto obliga a cuestionarse si un mayor intervencionismo público en la actualidad vendría en menoscabo del sistema imperante o, por el contrario, serviría para apuntalarlo. No en vano, como resalta Luke Cooper, investigador asociado a la unidad de conflicto y sociedad civil de la London School of Economics (LSE), hasta el momento, "la intervención estatal se ha utilizado para proteger las estructuras existentes de inversión y financiación. Durante décadas, estas estructuras han beneficiado sistemáticamente al capital sobre el trabajo. La pregunta ahora es si estas intervenciones están diseñadas para cambiar estas estructuras y democratizar la economía o construir un capitalismo aún más rentista". 

Si el libre mercado puede desembocar en situaciones traumáticas, el intervencionismo público no está a salvo de replicar ineficiencias semejantes y aún peores. "A medida que el Estado desempeñe un papel más importante en la economía posterior a la crisis, la cultura de 'sobornos y amiguismo' de los nuevos nacionalistas ofrecerá una alternativa tentadora a un modelo mucho más redistributivo", advierte Cooper. Incluso los sistemas de intervención pública, aparentemente más equitativos, han acabado generando unas élites extractivas que atentan en contra del principio de equilibrio social. 

Como recuerda Domenech, la historia ofrece una clara guía del peligro que tienen las posiciones extremas, tanto las que propugnan un capitalismo sin cortapisas de cualquier tipo como las que apuestan por una economía dirigida desde las tribunas políticas. "Lo importante es gestionar bien. Necesitamos un mix adecuado, con un sector público que funcione bien y que facilite la iniciativa privada", observa el experto de BBVA Research, para quien "más que un cambio de modelo, de lo que se trata es de arreglar lo que no funciona", lo que en el caso de la economía española requeriría reformas para, entre otras cuestiones, solventar las ineficiencias estructurales del mercado laboral. 

Si Thatcher defendía hace 40 años que no había alternativas a su programa económico neoliberal, la crisis del coronavirus parece haber abierto la puerta a ensayar una fórmula diferente. Una fórmula que, no obstante, se compone de unos ingredientes semejantes a los del modelo al que la controvertida gobernante británica vino a dar la puntilla cuando ya se encontraba socavado por unos resultados económicos desalentadores. 

Se puede discutir si lo que está en marcha ahora representa un nuevo modelo o un simple ajuste del imperante en las últimas décadas y se puede adornar con los más diversos epítetos (capitalismo estatal, neokeynesianismo, capitalismo social, capitalismo verde...); pero será necesario que sea capaz de configurar unas reglas de juego diferentes si no quiere reeditar los errores que ya propiciaron una vez su caída.



Por
Agustín Monzón
02/01/2021 - 05:00
https://www.elconfidencial.com/economia/2021-01-02/asi-sera-crisis-del-nuevo-capitalismo-de-estado_2892444/


sábado, 2 de enero de 2021

El lujo poscovid: ¿en qué gastarán los ricos después de la pandemia?


Imagen: Pablo López Learte.


El lujo es un termómetro de los cambios históricos, las fluctuaciones económicas y los comportamientos sociales y generacionales. Su exclusividad, sin embargo, está cambiando


Tras un 2020 sacudido por lo inesperado, 2021 empieza con muchas incógnitas. Una de ellas es si, tras el tsunami del covid-19, el mundo tal y como lo conocíamos va a ser el mismo. ¿Qué pasará con lo que no es prioritario? ¿Qué pasará con todo aquello que no es de primera necesidad? ¿Cómo se presenta 2021 para lo superfluo y normalmente caro, muy caro, inmensamente caro, o por lo menos no accesible para el gran público?

La respuesta hace tomar conciencia de la importancia que tiene la industria del lujo pragmática y simbólicamente. Algo no solo apoyado por los 1,3 billones de euros que mueve anualmente en el mundo, sino también por lo ligado que está a la belleza y, en definitiva, a la condición humana. Por lo pronto, y por lo que se desprende de los informes especializados y opiniones de expertos, el futuro del lujo se perfila a través de una serie de conceptos binarios, síntesis del pasado y del futuro (ya presente) por que la sociedad transita: 'on' y 'offline', global y local, digital y 'bespoke' y, por encima de todo, sostenible.


Lujo 'forever'

“El lujo es uno de los sectores más estables de la economía”, comenta Luis Sans, director de la 'concept store' Santa Eulalia, empresa centenaria dedicada al lujo y ubicada en el emblemático paseo de Gracia de Barcelona. “Las grandes fortunas no suelen verse afectadas por estas crisis”. Mirando atrás en la historia del último siglo ('crack' del 29, crisis del petróleo de inicios de los años setenta, crisis financiera de 2008…), los grupos sociales golpeados más duramente por estas contracciones del sistema acostumbran a ser las clases medias y trabajadoras. “Los expertos definen con la forma de la letra K la manera en que se va a salir de esta crisis”, continúa Luis Sans: una progresiva recuperación de los grupos económicamente poderosos y un empobrecimiento progresivo de los más desfavorecidos. Las previsiones de futuro, siempre difíciles de hacer, parecen favorables para el lujo. “En cuanto lo social se active, se activará todo lo demás. Durante 2020, efectivamente, el 'e-commerce' ha jugado un factor decisivo en la cifra de ventas del lujo en el confinamiento, pero al frenar la actividad humana se ha dejado de comprar para la cena, fiesta, celebración, boda o viaje…, ya que no tiene sentido hacerlo si no va a haber ocasión para llevarlo. A la que esto pase, lo aplazado se pondrá al día y con ello las ventas”.


Una tienda de Hermès en China, durante la pandemia. (Reuters)


El pasado mes de abril, durante el primer día de apertura de la tienda de Hermès en Guangzhou después de dos meses de confinamiento, esta cerró la jornada con una cifra de venta de 2,5 millones de euros, en lo que es una buena muestra de una realidad estrechamente conectada con la condición humana. Tras el 'crack' del 29, las cortas faldas de las 'garçonnes' bajaron hasta el suelo y el 'new look' de Dior surge en el año 1947 tras el horror de la Segunda Guerra Mundial. Ambos estilos eran pomposos y grandilocuentes, pero portadores de algo muy necesario para la especie humana: el sueño, la fantasía y la sensación de que todo va a ir bien.


De nada demasiado

El lujo se define tradicionalmente por aquello que es escaso, exclusivo, a lo que solo unos pocos tienen acceso. Incluso aunque sea extraño, raro o peculiar en algunas etapas como el Barroco, esa fue la consigna. El lujo desde tiempos inmemoriales ha sido un privilegio, algo a lo que pocos tenían acceso, no tanto por su dinero como por su rango. En gran parte de su historia, al menos hasta la Revolución francesa, la moda ha sido un indicador de pertenencia, un diferenciador, que funcionaba como distinción, por decirlo con los términos de Pierre Bordieu. La guillotina separa dos mundos, y en el mundo al que da paso el dinero será la llave para acceder a aquello que anteriormente solo era alcanzable con el privilegio. Un nuevo 'statu quo' que coge músculo en la naciente sociedad burguesa del XIX y que en el siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, será la inspiración de una versión democratizada de productos para el gran público, especialmente en las últimas décadas del pasado siglo, cuando se convierten en accesibles objetos, prácticas o experiencias que resultaban prohibitivas décadas antes: estudiar, vestir, viajar, practicar deporte, los tratamientos de belleza… Eso sí, en versión 'low cost'. El abecé de la vida cotidiana de la cultura occidental y de la denominada sociedad del bienestar.


Una tienda de Cartier, cerrada en París durante el confinamiento. (EFE)


Pero ¿para qué sirve el lujo? ¿Para qué sirve la belleza que no está sujeta a más función que la de ser, el bienestar que causa el contemplar un objeto, un bolso, una joya o un coche bien realizados, con los mejores materiales y con una técnica y 'savoir faire' tan audaces como inigualables? ¿Para qué sirve algo difícilmente repetible, auténtico? El deleite estético y hedonista es una razón en sí mismo. Pero, además, funciona como un indicador del éxito social y económico que otorga prestigio a quien lo posee y disfruta, y le distingue entre sus iguales.


Lujo, lujos, ¿nuevo lujo?

Desde que el lujo está al servicio de consumidores y sujeto a una riqueza que depende de sus propios recursos, y no de la heráldica o del color de la sangre, es un termómetro de los cambios históricos, las fluctuaciones económicas y los comportamientos sociales y generacionales. En los años noventa, se empezó a hablar del 'nuevo lujo', reduccionista, exigente en la calidad de los materiales y poco amigo de excesos que en los años ochenta eran necesarios para celebrar el éxito y el ascenso social en el entorno. Los valores habían cambiado y el lujo también.

Se empezaba a hablar también del lujo accesible, un oxímoron en sí mismo que el hiperconsumismo hace posible con una versión democratizada, sensible a la rapidez de las tendencias. La ecuación 'lujo y atemporal', o 'lujo eterno', de la que habla Gilles Lipovetsky en su libro de titulo homónimo, ya no será la única. La idea clásica de que el lujo está en una categoría que nada tiene que ver con lo necesario entra en contradicción con la excesiva creación de necesidad a la que conduce el sistema capitalista, que impregna también la moda y el universo del lujo. O de una parte del lujo. De hecho, el neologismo 'masstige' aparece para describir una nueva versión del lujo pensado para la clase media que se extiende más allá del 1% de la población mundial que supone el privilegiado círculo del lujo, según datos del estudio realizado por Future Forecast para 2021.


La tienda de Bulgari en Nueva York, en plena pandemia. (Reuters)


Esta sí que se ha resentido durante el confinamiento, y el empobrecimiento de la población no le va a beneficiar en 2021, lo que augura que la contracción del bolsillo y, como consecuencia, del sistema va a resentir las compras. En su informe del mes de junio de 2020, el Boston Consulting Group indica que en el más optimista de los escenarios, las ventas del lujo van a caer entre un 25% y un 45% respecto a 2019, y que hasta 2022, o incluso 2023, es difícil pensar en recuperar las cifras previas al coronavirus. Luis Sans, director de Santa Eulalia, apunta a una recuperación progresiva: “La vuelta a la normalidad se hará de una manera gradual, primero activará el mercado local y luego, cuando se vuelva a activar la posibilidad de viajar, el global”.


'Back to the roots' o tecnología

El siglo XXI se inicia con una revolución tecnológica sin precedentes, un tsunami 2.0 que, según el sociólogo y economista Jeremy Rifkin, cambiará la manera de consumir, aprender, pensar y ¿crear? Del mismo modo que ocurrió en el cambio del siglo XIX al XX, se trata de un fenómeno que provoca una reacción contraria, la vuelta a los orígenes, a lo hecho a mano, a los materiales naturales, a las series limitadas, a lo personalizado, a la sensibilidad por lo artesanal, la tradición milenaria y lo indiscutiblemente humano, en contraposición a lo seriado, a la máquina… Son valores que, después de tiempos de una enorme agresividad consumista, se perciben como un chorro de aire fresco y renovado. Una manera de entender la moda más humana y emocional, a la que se empieza a hacer referencia como 'back to the roots' y en la que va a pesar especialmente la conexión con la autenticidad.


La cotización del grupo francés de lujo LVMH, en la Bolsa de París. (Reuters)


Y que en lo que se refiere al lujo auguraba buenos tiempos, los mejores, porque de hecho esos son sus valores tradicionales. De este modo, las casas de lujo reconectan con su pasado y su 'heritage' sin miedo a parecer obsoletas. Y su historia es percibida como su activo más poderoso, un auténtico patrimonio cultural de incalculable capital simbólico, que inspira seguridad y estabilidad, conceptos necesarios en las crisis de valores y económicas importantes. Campañas como Forever Now, de Gucci en 2010, en la que aparece una imagen de los artesanos en el 'atelier' de su sede en Caselina, en Florencia, es una de las primeras que ponen el acento en dicho aspecto. 'Les journées particulieres', organizadas por el grupo LVMH, en las que las grandes marcas del grupo abren al gran público la trastienda de los escaparates y desfiles, los 'ateliers' y secretos técnicos atesorados durante décadas, son otro ejemplo relevante. Nunca tantas veces se le ha visto la cara al artesano, un ser anónimo hasta entonces, y que muestra el aspecto más humano de las firmas del lujo, que a través de estas acciones tienen la oportunidad de explicar, sin decirlo, el porqué de la filosofía y también del precio del lujo. Una historia o relato que otorga credibilidad, que conquista a las nuevas generaciones de Europa y Estados Unidos y funciona como verdadero objeto de deseo en los mercados asiáticos, especialmente en China.


Mirando a Oriente

A las inauguraciones de 'flagships' ubicadas en las arterias del lujo de las principales ciudades asiáticas durante la primera década del siglo XXI, les sigue el desembarco de exposiciones. Se trata de verdaderas operaciones de pedagogía de marca que buscan fascinar y, especialmente, asegurar el interés de las nuevas generaciones. La muestra 'Voyage', de Louis Vuiton en 2011, 'Culture Chanel', en 2011, y 'La Petite Veste Noire', de Chanel en 2013, la monumental 'Christian Dior, designer of dreams', que se inauguró en Shanghái en 2020, son algunos de los ejemplos, como el más reciente proyecto del Comité Colbert, 'Le festival Colbert', programado para finales de 2020 y que, dadas las circunstancias, se celebrará el próximo mes de abril de 2021. Y es que si el 75% del lujo del mundo se exporta desde Europa, especialmente desde Francia e Italia, frente al 4,7% de China, según datos del Comité Colbert, el 35% de las compras las hacen clientes chinos, según informe del Boston Consulting Group mencionado.

En China, la nueva generación de 'millennials' se encuentra en una situación muy distinta a la europea, con poder adquisitivo

Son cifras que indican hasta qué punto una parte muy importante de los compradores está en China. Un lugar en el que la nueva generación de 'millennials' se encuentra en una situación muy distinta a la europea; con una media de menos de 30 años, tienen poder adquisitivo, no están endeudados y ven el futuro con optimismo. Son jóvenes consumidores que hicieron crecer el mercado del lujo en China un 62% en 2018, según datos publicados por Bearing Point Consulting. Esto, unido a la importancia que tiene en dicha cultura mostrar el éxito y los logros personales, y el interés que despiertan las marcas europeas en su cultura, decanta poderosamente la balanza del lujo hacia ese lugar del planeta, no solo en 2021, sino posiblemente durante el siglo XXI. En este sentido, el 'e-commerce' va a ser especialmente importante para nutrir a un extenso grupo de compradores, un 60% que, según datos de Bearing Point, viven fuera de las 15 ciudades más importantes del país.


'On' y 'offline'

La doble dirección en la que ha avanzado el lujo en el siglo XXI, conectando y mostrando su pasado y 'expertise' y sintonizando con el momento, con el cambio de sensibilidad estética de las nuevas generaciones y las posibilidades de comunicación y creativas que ofrecen la revolución tecnológica y la digitalización, ha sido su mejor baza para que el lujo se ancle sólidamente en la realidad y la sensibilidad del nuevo milenio. Que lo digital había venido para quedarse es algo que nadie ponía en duda antes de marzo de 2020. Pero habrá que ver, en una coyuntura con la situación restablecida y recuperada la confianza, cómo se va a equilibrar la balanza. Por lo pronto, este año, el 'e-commerce' en el lujo ha sido el reflejo tanto del confinamiento local como de la imposibilidad de viajar por el planeta, algo que ha afectado especialmente al lujo que en Europa depende de este tipo de turismo. Según datos facilitados por el Boston Consulting, en 2019 los turistas fueron los responsables de entre el 30 y 35% de las ventas del lujo, y la mitad venía de China. Esto no ha sucedido en 2020, y, ante la imposibilidad de que sus ciudadanos se desplazaran, se prevé que en China aumentará la compra de lujo en un 10%.


Un transportista trata de entregar una compra realizada por vía electrónica. (Reuters)


En términos generales, la compra 'online' ha sido una de las protagonistas de esta nueva realidad. Según declara la especialista en tendencias de mercado y doctora en estética Marta Marín, “se prevé que en 2025 el 30% de las ventas del lujo será 'online”. A diferencia de lo que parecía 20 años atrás, el lujo encuentra en el 'online' uno de sus mejores aliados, algo que, lejos de desterrar el 'offline', lo está reforzando. Serge Carreira, de la Federation de la Haute Couture et la Mode, declaraba en las reuniones web que organizó Premiére Vision el pasado septiembre de 2020 que “estamos frente a dos velocidades, la que marca la inmediatez de las redes sociales y lo digital y la de la seducción. La seducción es esperar; si lo que quieres lo tienes en el acto, pierde interés”. Y apostilla: “Lo físico en la moda es importante, la moda es intercambio con la gente y no vivir en una burbuja”.

Una vez más, parece ser que el factor humano se impone. Además, como comenta Marta Marín, en el lujo la experiencia es especialmente importante: “Hemos pasado de valorar un producto a valorar una experiencia. El 'retail' seguirá siendo importante para el lujo en un contexto en que la personalización es clave”. El punto de venta se está transformando e integrando las nuevas tecnologías para enriquecer la experiencia. “En tienda, se va a contar con realidad virtual, realidad aumentada y por supuesto inteligencia artificial”. De momento, todo apunta a que el universo del lujo va a seguir procurando que ir de 'shopping' siga despertando interés. “Lo digital ha puesto en valor el 'offline”, concluye Luis Sans.


¿Lujo a cualquier precio?

¿Es suficiente que un objeto, una prenda, un coche, una experiencia o un vino sean bellos, estén bien hechos y parezcan exclusivos para que se compren? Por lo que muestran ciertos indicadores, parece ser que ya no. La revolución tecnológica con la que se inicia el siglo XXI despierta el deseo de la vuelta a lo humano y replantea la moda desde una perspectiva emocional y coherente con el medio ambiente y con el ser humano. Se trata de una idea que, en los últimos 20 años, en lugar de pasar como una tendencia efímera más, ha calado y tomado fuerza y con la que han crecido las nuevas generaciones: los 'millennials' (nacidos entre principios de los ochenta y finales de los noventa) y zetas (que tienen ahora entre cinco y 25 años). Para ellos, este factor pesa poderosamente en la elección de compra. Especialmente para los zetas, como comenta Marta Marín: “En 2025, más del 30% de los consumidores del lujo serán zetas, una generación especialmente exigente, sensibilizada con los valores éticos y que pide coherencia”. Todo apunta a que trazabilidad y transparencia van a pesar mucho para que esta nueva generación acabe de decidirse por una marca u otra.

Brenda Chávez, autora de 'Tu consumo puede cambiar el mundo', lectura imprescindible para entender el profundo proceso de transformación hacia lo sostenible que se está viviendo en la contemporaneidad, hace referencia en su libro a un nuevo tipo de consumidor “responsable, consciente y crítico”. Y, por lo tanto, informado y cada vez menos inocente. En su estudio, aporta datos especialmente esclarecedores sobre la dimensión de una tendencia de consumo y sociológica en alza: “En 2013, el estudio 'From obligation to desire' apuntó que los consumidores globales que unen estilo, estatus y responsabilidad social son ya 2.500 millones, un tercio de la población global, y que redefinirán el consumo”. En cuanto al futuro, el estudio de Brenda Chávez aporta otro dato revelador: “Según la ONU, el consumo de bienes y servicios ecológicos crecerá en un 50% en las próximas décadas”. No es difícil suponer que el lujo no es ajeno a este avance.

En las últimas décadas, la sostenibilidad pasaba de ser planteada desde la disidencia de la moda a integrarse en los planes de las firmas

No hay que olvidar que la coyuntura aprieta y que los objetivos marcados por la ONU para 2030 están a la vuelta de la esquina. Cuestiones como el cambio climático, causado por el ininterrumpido maltrato y expolio al planeta en los últimos 100 años, se unen a las consecuencias de la crisis económica de 2007, lo que constituye la tormenta perfecta para que cale el mensaje de cambio de rumbo global. En las últimas décadas, hemos visto cómo el concepto de sostenibilidad pasaba de ser planteado desde la disidencia de la moda y del sistema a integrarse en los planes y códigos de las firmas, cómo aparecía en las semanas de la moda y se abrían departamentos dedicados a un enfoque que aúna ética con ecología. Según el informe del Círculo Fortuny, que presentó en noviembre de 2020, ”el 60% de los consumidores están influenciados por la sostenibilidad en su compra, y desde 2018 las búsquedas en Google relacionadas con el término han crecido un 75%”.

El rol que ha jugado el lujo como inspirador en el consumo y estilo de vida en la segunda mitad del siglo pasado tiene ahora una oportunidad histórica para reeducar el comportamiento y los valores del consumidor. De hecho, una de las grandes cuestiones pendientes con las que arranca el siglo XXI es reeducar a la población en la relación entre precio y valor. O lo que es lo mismo, reflexionar sobre si el precio que marcan las etiquetas es una traducción de lo que ha supuesto hacerlas. Una batalla que el lujo hace tiempo que libra, especialmente en tiempos en los que el 'fast fashion' y el 'low cost' han conquistado y acostumbrado al gran público a pagar precios asequibles y a una cultura del usar y tirar.


La tienda de Louis Vuitton en Viena, poco después del estallido de la pandemia. (Reuters)


El lujo se ha distinguido históricamente porque el precio, del cual por otra parte no le gusta hablar, es una traducción de calidad, 'savoir faire' y estética en la que se engloban originalidad y audacia. Una filosofía que, ahora más que nunca, incluye las buenas prácticas. Como señala Xandra Falcó, presidenta de Círculo Fortuny, “los socios de Círculo Fortuny tenemos claro que no solo debemos contribuir cumpliendo los objetivos de desarrollo sostenible marcados por la ONU y la UE, sino que nuestras acciones deben ser ejemplo de liderazgo para generar un impacto positivo en la sostenibilidad del planeta. Las empresas deben ser líderes inspiracionales para conseguir el cambio hacia un modelo sostenible en todo el mundo y en todos los gobiernos”. Lo sostenible ya no se contempla como una opción, sino como parte de la solución. Serge Carriera, de la Federation de la Haute Couture et la Mode, concluía su inervención en las reuniones web de Première Vision con un rotundo: “Las marcas que logren combinar creatividad y sostenibilidad serán las que lideren el mercado”.

En este sentido, la tecnología, una vez más, llega al rescate como conector entre individuos y no solo reinventando la experiencia de compra en el 'online', sino haciendo posible que se regulen los excesos de 'stock' a través del comercio virtual, como propone el estudio Unmatereality, que trabaja para las principales marcas de lujo del mundo. Una propuesta que hace posible la compra en realidad virtual, lo que se denomina 'v-commerce', para su posterior realización en el mundo real. Un proceso que puede ayudar a paliar la preocupante cuestión de los residuos y excedentes.


Deseos colectivos

Mientras la vacuna aparece como una posible baza que garantiza la vuelta progresiva a la normalidad, pensar en recuperar lo cotidiano en compañía de otros sin que por ello se tema por la salud o por la vida se ha convertido en un deseo colectivo. Un verdadero lujo, ya que si bien el dinero siempre ayuda en el confinamiento, la nueva normalidad lo que ha dejado claro planetariamente es que lo que más felicidad proporciona no siempre se puede comprar con dinero. Hacía tiempo que lo más sencillo no era tan apreciado: abrazarnos, pasear, bailar, ir a un concierto, a un espectáculo, a tomar unas copas, al cine, al restaurante, a la playa… En las entrevistas que he realizado durante décadas a diseñadores y CEO del mundo del lujo y de la moda, cuando les preguntaba qué era para ellos el lujo, una de las respuestas que más veces he escuchado es "el tiempo libre".

Agua y aire sin contaminar pronto serán uno de los bienes más preciados, por escasos y porque la vida depende de ellos. Ver y saber que los animales viven tranquilos lejos del maltrato, de una amenaza de extinción y sin peligrar por tener una piel especialmente hermosa, o unos colmillos prodigiosos, podría sumarse a la lista de propósitos. El bienestar está redefiniendo nuestro comportamiento, comenta Marta Marín: “Especialmente para las generaciones más jóvenes, el bienestar físico y mental forma parte de sus principales valores”. El futuro es de ellos, así que habrá que escucharles.




AUTOR
CHARO MORA
31/12/2020
https://www.elconfidencial.com/area-privada-ec-exclusivo/2020-12-31/lujo-poscovid-gastaran-ricos-despues-pandemia_2891420/

¿Es ético exigir una tarjeta de vacunación para algunos servicios?

 

El salvoconducto. Una enfermera se fotografía enseñando la tarjeta tras vacunarse en Los Ángeles (EE.UU)

AP


¿Será ético hacer valer que se está inmunizado ante diversas actividades?


La entrega de una tarjeta o carnet vacunal a quien se ponga la vacuna contra la covid propicia cierto debate sobre si se va a poder usar como un pase para acceder a actividades o lugares diversos.

En el Reino Unido se da una tarjeta ( record card ) similar a la que anunció días atrás el Ministerio de Sanidad –la prevé el plan de vacunación–, en que constan el nombre o identificación de la persona, las fechas de inyección de cada dosis, el tipo de vacuna y un teléfono o web para comunicar posibles efectos adversos. Países como EE.UU. también dan cartillas o certificados similares. El Departament de Salut catalán ha dicho que no prevé darlos, que los datos quedarán en el portal La Meva Salut, al que tiene acceso el usuario (aunque se puede hacer una copia).

USO LIMITADO


El presidente de la Asociación de Bioética pide que se limite para evitar la discriminación

Las consejerías autonómicas y Sanidad llevarán un registro con esos datos de la población vacunada e incluso se dijo que constará quién rechace vacunarse, lo que originó polémica política.

En Gran Bretaña ya ha habido debate por las tarjetas vacunales que, en principio, son para que el usuario recuerde cuando se debe poner la segunda dosis o por si debe informar de efectos indeseados de la vacuna. La petición a los vacunados que lleven la tarjeta encima apuntó a un posible uso como ID Covid o un pasaporte que certifique que ya se está libre de covid y originó recelos en grupos de derechos civiles. El ministro encargado de la vacunación, Nadhim Zahawi, dijo que no se utilizarán con tal objetivo, pero no descartó que le den tal uso restaurantes, bares, cines o instalaciones deportivas.

PLAN DE VACUNACIÓN


España prevé una tarjeta con el nombre, las fechas de cada dosis y el tipo de vacuna

El presidente de Andalucía, Juanma Moreno, anunció también que la tarjeta podría servir para acceder a eventos deportivos como partidos de fútbol, para viajar y para facilitarlo señaló que se estudia convertir en un código QR.

Montserrat Esquerda, médica pediatra y presidenta de la Comissió de Deontologia del Consell de Col.legis de Metges de Catalunya, explica que en toda vacunación hay un carnet y un registro con los datos básicos, sea para que el usuario los guarde, para hacer seguimiento de la población vacunada o para tenerla identificada si surgiera un problema con la vacuna. Estos documentos se han usado siempre en vacunación infantil o de adultos. Hay países que exigen en su frontera la tarjeta de la vacuna contra la fiebre amarilla.

“El uso que se haga del carnet dependerá de cada país, de si regula su empleo o no, o de usos privados que se autoricen”, señala Esquerda.

Como en otros aspectos, la covid da un giro a las tarjetas vacunales. Aparte de que es dudoso que puedan garantizar que uno ya esté libre de la enfermedad, ¿serían éticos estos posibles usos de cualquier documento que certifique que una persona está vacunada? ¿Se podrá exigir el carnet vacunal para acceder a un trabajo? Estos meses ya se han reclamado pruebas como la PCR o un test de antígenos.


El pasaporte inmunitario, difícil de establecer


Una tarjeta o carnet vacunal no es lo mismo que el pasaporte inmunitario, del que se ha hablado durante la epidemia y que algunos han planteado implantar a través de una app (en China se han usado códigos de colores para permitir viajar o el acceso a ciertas áreas). “Veo el pasaporte difícil de implantar, pues no se puede garantizar que una persona sea inmune. No se sabe qué inmunidad queda tras sufrir la covid, cuánto dura, si es igual en todas las personas, si alguien puede reinfectarse o con otra variante del virus...”, analiza Esquerda. Por todo ello, Pastor es contrario a que se creen pasaportes inmunitarios.
Y se cometería el mismo error, dice, si se usara el carnet vacunal con idéntico objetivo, como garantía, pues no se sabe si la vacuna protege de reinfectarse o de contagiar a otros. Esquerda también apunta que el pasaporte entraña más dilemas éticos: “Por ejemplo, población vulnerable que necesite un trabajo podría buscar infectarse para obtener el pasaporte”.


“No se ha hecho un debate sobre estos usos de las tarjetas vacunales, solo puntualmente, ante movimientos antivacunas en algún país, pero quizás ahora que, por la covid, afecta a todo el mundo, habrá que hacerlo”, admite Esquerda.

No urge porque se está vacunando a personas de más edad y también al personal sanitario, pero Esquerda ve muy probable que cuando se amplíe la vacunación, haya países que exijan el carnet vacunal para viajar.

Y esta experta en bioética afirma que exigir este carnet no sería ético (y seguramente se podría recurrir legalmente) en casos en que colisione con derechos fundamentales. Como para admitir a un niño en una escuela, pues atacaría el derecho a la educación.

Luis Miguel Pastor García, presidente de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI), asegura que podría considerarse un derecho de una persona reflejar que se ha vacunado, pero aconseja dar a la tarjeta vacunal un uso muy restringido. Como mucho, indica, que pudiera usarse en determinados trabajos como ahora se pide un certificado de salud, como una garantía de que se va a estar protegido si se expone al virus, siempre en beneficio del vacunado, no de manera generalizada en cualquier empresa o actividad para certificar que no se es infectivo. “Debería ser un uso muy restringido para evitar que origine cualquier discriminación”, reitera. Así, plantear un uso del carnet vacunal como un pase para acceder a ciertos sitios o actividades, en opinión de Pastor, supondría hacer un uso discriminatorio ante otras personas. Si en un restaurante se exigiera el carnet vacunal para acceder, una persona sana, sin covid, podría decir ¿y por qué yo no? El presidente de la AEBI recuerda además que la vacunación no es obligatoria, así que no se puede exigir el carnet.

Esquerda cree que en usos lúdicos podría ser aceptable pedirlo, siempre que no se discriminara a otras personas. Aunque ella apunta que más que para un uso excluyente de otros, el carnet vacunal sí podría tener usos positivos, igual que en algunos países se incentiva la vacunación infantil entre comunidades marginales haciendo que sea un acceso a beneficios sociales.

“Este debate también se podría tener si hubiera muchas personas que no se quisieran vacunar, pero yo creo que al final habrá muy pocas”, concluye Pastor, quien no ve mal que en el registro de Sanidad conste si alguien no se ha querido vacunar, ya que la vacunación es voluntaria y siempre que no se discrimine por ello a nadie.





MARTA RICART
BARCELONA
01/01/2021 06:56Actualizado a 01/01/2021 08:49
https://www.lavanguardia.com/vida/20210101/6160577/tarjeta-vacunacion-coronavirus-covid.html

China ya no quiere nuestra basura

 

Los trabajadores del centro de reciclaje de WEEE revisan los aparatos electrónicos recogidos en este ecoparque de Tuen Mun (Photo by May Tse/Getty)
Getty


Pekín deja de reciclar los residuos de Occidente a fin de no castigar más el medio ambiente


Se acabó lo que se daba. Con la llegada del nuevo año en China, el país que durante décadas fue el mayor receptor de basura mundial para su procesamiento dará el portazo definitivo a cualquier tipo de residuo procedente del extranjero. De esta forma, Pekín culmina un proceso iniciado por fases hace tres años con el que busca proteger su medio ambiente y la salud pública, y volcar sus recursos en gestionar el creciente volumen de desechos que genera su propia población.

La historia viene de lejos. Allá por los años ochenta, cuando Deng Xiaoping animó a la nación a emprender y abrirse al extranjero, China comenzó a importar residuos sólidos para reciclar con los que cubrir parte de la demanda de su incipiente sector industrial y manufacturero. Se estima que las plantas del país asiático llegaron a recibir hasta un 95% del plástico usado de la Unión Europea o el 70% del generado en Estados Unidos, y que el país limpiaba, trituraba y transformaba en sus factorías casi la mitad de los productos reciclados de todo el mundo.
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La nueva normativa china supondrá mayor presión a otros países asiáticos para que sean ellos los recicladores

Pero con los años, este proceso le ha pasado un gran factura al medio ambiente y la salud de su población. Una gran parte de los materiales enviados desde países desarrollados estaban demasiado dañados, sucios o mezclados con otros residuos no aptos para reciclar, por lo que acababan incinerados o tirados sin control en los vertederos. Tampoco ayudaba que gran parte de las empresas dedicadas a estas tareas fueran pequeños negocios en los que el proceso se realizaba de forma manual y sin prestar gran atención a las normativas ambientales, lo que degeneró en vertidos ilegales, la contaminación de suelos y acuíferos o altos niveles de emisiones de carbono.

La localidad de Guiyu, en la provincia sureña de Cantón, era el compendio de todos los males de la industria. Conocida en su día como la capital mundial del reciclaje de la basura electrónica, por sus calles se avistaban montañas de monitores, módems y teclados con letras desgastadas, baterías en descomposición junto a las acequias o marañas kilométricas de cables que desprendían un denso humo negro al ser quemados para extraer de ellos el cobre. Según las propias autoridades chinas, hasta un 60% de los talleres inspeccionadas violaban la normativa gubernamental en el 2017, y los niveles de plomo, cromo o metales pesados presentes en la localidad eran cientos de veces superiores a los de otras localidades chinas.


Cansada de ser el vertedero del mundo, Pekí comenzó a limitar la importación de basura en el 2017

Cansada de ser el vertedero del mundo, Pekín comenzó a poner trabas a la importación de basura en el 2017. A partir de entonces, quedó prohibida la llegada de 24 tipos de residuos para reciclar, incluidos los plásticos, una lista que ha crecido hasta llegar a los 56 artículos. Aun así, existía la posibilidad de solicitar una excepción
para la entrada de material prohibido, algo que acabará definitivamente al comenzar el 2021: solo podrán entrar en el país materiales reciclados ya procesados en el extranjero (por ejemplo, sí entrará la pulpa de papel, pero no el papel usado).

Para Mao Da, director de la oenegé Shenzhen Zero Waste, las actuales políticas adoptadas por China deben servir de ejemplo para que los países en desarrollo no se conviertan en los basureros del primer mundo. “Solo cuando se den cuenta de los problemas que esto genera y adopten una legislación nacional y controles efectivos podrán romper el ciclo y frenar este comercio injusto”, señaló al medio SCMP. Aun así, como ya sucedió en el año 2017, todo apunta a que la entrada en vigor de la prohibición supondrá mayor presión en muchos de sus vecinos asiáticos –Vietnam, Tailandia, Filipinas– para que se hagan cargo de los residuos que China ya no quiere.

En su camino hacia una economía más verde, Pekín podrá centrarse ahora en la gestión de la basura que originan sus ciudadanos, unos 215 millones de toneladas anuales que suelen acabar incineradas o en vertederos. Poco a poco, el país ha avanzado en varios programas que apuestan por aumentar el reciclaje de productos sólidos a la par que se reducen el resto de residuos. Ciudades como Shanghai o Pekín han sido pioneras a la hora de hacer obligatorio el reciclaje en cada vecindario, y con el nuevo año también quedarán prohibidas las bolsas de plástico no biodegradables en las grandes urbes.



ISMAEL ARANA
HONG KONG. CORRESPONSAL

viernes, 1 de enero de 2021

FELIZ 2021 A TODOS !!!

 


Dejamos atrás un año muy difícil que nunca hubiéramos pensado vivir, un año que borró por completo nuestros sueños y nuestras vidas, y entramos en otro... que tampoco será fácil, pero a pesar de todo quiero pensar que irá bien, y desde el fondo de mi corazón os deseo a todos

...muchos momentos felices!!!!

Roberto