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Vista aérea de la ciudad de Tánger
(iStock)
A solo unos kilómetros de España, esta ciudad marroquí combina un pasado singular con un ambiente cosmopolita que aún conserva el magnetismo que cautivó a escritores, artistas y viajeros de todo el mundo
Tánger, lugar de geografía mítica entre dos mares, Mediterráneo y Atlántico; dos continentes, Europa y África; hollado por culturas ancestrales; bereberes, hebreos, fenicios, romanos, cartagineses, españoles; mucha historia enterrada sin desvelarse.
Antes de entrar en harina, decir que Tánger fue una encrucijada exótica en los tiempos previos a la fundación del reino de Marruecos. ¿Porqué? Tánger tenía un estatus especial como Enclave Internacional y, además, estaba permitida la homosexualidad, el lenocinio y todas las variantes de pecado imaginables, por eso, la llamaban en clave Sodoma. Este estatus acabó oficialmente con la independencia de Marruecos en el año 1956. El proceso de integración culminó cuando Francia y España retornaron a Marruecos sus zonas administradas un 18 de abril de 1960. Esa icónica ciudad tan atractiva para excéntricos, literatos, turismo exótico, especialistas en extraños cambalaches… era como un imán para lucrativos negocios y para obras de la literatura monumental.
En 1679, Ismaíl, a la sazón sultán en el área de la Yebala, bloquea Tánger hasta conseguir la retirada británica en febrero de 1684. La ciudad había sido entregada en dote al príncipe heredero de Inglaterra Carlos II, casado con Catalina de Braganza, portuguesa ella. Como es de rigor y acostumbran, los británicos arrasaron la ciudad y el aledaño puerto antes de abandonarla. Posteriormente, el sultán reconstruiría la ciudad, sembrando el embrión urbanístico de la actual Tánger.
Tánger, durante el tiempo en que se mantuvo como Zona Internacional, atrajo a un sinfín de literatos ante la atractiva gestión de libertinaje que caracterizaba su reputación de desmadre a la carta. Casi la totalidad de la Generación Beat como Jack Kerouac, William S. Burroughs y una pléyade de autores norteamericanos en las periferias de esta corriente; sin ir más lejos, Paul Bowles (El cielo protector) que vivió cincuenta años en la ciudad, Tennessee Williams, Truman Capote, la novelista del thriller enfocada en la ambigüedad moral y retratista de la psicología de sujetos extraños, Patricia Highsmith o, uno de nuestros mejores espadas, Juan Goytisolo; escribieron y hollaron esa tierra de eclécticos ilustrados regada de prosa y versos, de relatos que enganchaban a millones de lectores.
Como Jano, Tánger tiene dos caras muy diferenciadas. El día y la noche tienen dos semblantes tan radicales que por su disparidad hacen que un viaje sea total. Esta asimetría, en la que durante el día puedes recorrer su famosa kasbah llena de explosivos colores, puestos con miles de recipientes llenos de especias, artesanía, telas, exóticas cerámicas, transporta al viajero a un mundo de sensaciones desconocidas marcadas por el bullicio. La gendarmería tiene instruida a la delincuencia menor con amenazas apocalípticas si tocan a un turista, la ciudad en términos generales, es muy segura y más, si la prudencia acompaña.
Tomar alcohol a pesar de su prohibición por el Corán, refuerza la libertad de la ciudad. Cafés como el Babá o el Hafa, con su terraza bulliciosa y escalonada, son lugares de visita obligada en la Medina. Pero si quiere rizar el rizo, El Gran Café de París en la Plaza de Francia y cerca de su embajada, desatarán las mejores sensaciones. Tertulianos relajados tomando infusiones de menta y fumando cigarrillos o pipas (no hay prohibición al respecto), fueron todos ellos lugares de cita entre espías durante la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, y todos ellos, famosos por convocar a la élite de la literatura en los años locos, admiten turistas que le peguen al agua de fuego, cerveza o morapio. Si a eso le sumas unas tertulias encendidas o unas tranquilas partidas de ajedrez, todo será redondo. Pero si te quieres acercar al paraíso de las sensaciones tranquilas, La Corniche (Paseo Marítimo), será la mejor elección pues las puestas de sol son espectaculares y si las ves sentado con un granizado de menta o canela y limón, hasta te puede pasar algo.
Pero si lo que se quiere es magia a raudales, puedes tomar los platos estrella, mechui (cordero asado), pastela (hojaldre relleno de pechuga de pollo), cuscús (sémola al vapor con cordero y pasas) o el plato nacional, el tayín (para entrar en trance); en un pueblo marinero a unos cuarenta kilómetros de la capital. Este pueblo de cerca de 3000 habitantes es un regalo visual y sensorial. Se llama Assilah. Recuerda mucho a las calles de Vejer de la Frontera o de Ibiza con su jolgorio y vida bulliciosa. La antigua presencia portuguesa se define claramente en su muralla y puerto que los lusos utilizaban como siempre lo hicieron, en modo reducto o emporio, una curiosa herencia fenicia. Si quiere, puede ir en tren (40 minutos) por un par de euros trasladados en Dirham.
Las cenas en azoteas son generalizadas y evitan el ajetreo del turismo de masas, casi todas ellas permiten ver el tránsito de buques por el Estrecho como si de un desfile de luciérnagas se tratara
Pero en la otra cara, la noche no es menos interesante. Las cenas en azoteas son generalizadas y evitan el ajetreo del turismo de masas, casi todas ellas permiten ver el tránsito de buques por el Estrecho como si de un desfile de luciérnagas se tratara, mientras, se disfruta de la brisa permanente y los aromas de las especiadas cenas en esos áticos de fortuna que, con sus vistas impresionantes, acaban colmatando una experiencia potente. Recomendable al máximo el restaurante con super terraza El Tangerino, tiene una mojama de atún de infarto, pero tranquilos, tienen desfibrilador.
Pero, ¿y si le da un pronto y quiere hacer unas compras de madrugada? Pues sí, es posible y recomendable. Muchos zocos cierran gradualmente hacia el anochecer, pero hay dos que son máquinas de abducción por su encanto, magia y artesanía; son el Petit Socco y Grand Socco, en los que es posible hacer cambalaches y trapicheos "tolerados" en los que existen riesgos potenciales con los agentes de la ley que ora miran a otro lado, ora te dan un susto para aligerarte los bolsillos. Otra opción nocturna antes de retirarse a sus aposentos podría ser la visita a un Hammam para purificarse de la caminata diurna; unas duchas de contraste y un buen masaje, y a la cama a toda pastilla.
Estas pequeñas ideas están orientadas para visitar Tánger en un fin de semana o en un puente, mejor si cabe. Merece la pena visitar la ciudad por su vitalidad racial y sus mercados, su ancestralidad llena de sedimentos de civilizaciones perdidas unas, otras vivas en sus legados, por su acumulado histórico pues hasta las piedras hablan; y, finalmente, porque no deja de ser una huella de la impronta europea. Es en esencia una ciudad cosmopolita a pesar de que Hassan II en su momento intentó desnaturalizar Tánger trayendo a medio millón de marroquíes sureños para borrar el vestigio de las influencias de los depravados no creyentes del otro lado del estrecho.
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15/07/2026 - 05:00
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2026-07-15/secreto-mejor-guardado-estrecho-por-que-tanger-ciudades-fascinantes-mundo_4389085/