viernes, 7 de agosto de 2015

Once sorpresas de la Escocia remota

Menhires de Callanish, en las islas Hébridas, en Escocia

Menhires de Callanish, en las islas Hébridas, al norte de Escocia (Reino Unido). / MACDUFF EVERTON



Desde dormir en un faro hasta viajar a la Prehistoria, experiencias diferentes en los confines septentrionales del Reino Unido



Los encantos de Escocia son extraños: castillos con episodios turbulentos, túmulos prehistóricos, paisajes infinitos y solitarios, días de lluvia y larguísimas tardes estivales, leyendas, historias melancólicas y pubs donde matar el tiempo con un whisky (o una pinta) en la mano.
En las Highlands septentrionales, en esa Escocia que hay al norte del norte, el viajero encontrará también bosques por los que pasear, caminos solitarios por los que descender en bicicleta de verdes montañas, costas recortadas frente a las que navegar en kayak de mar y centenares de playas e islas perfectas para el turismo ornitológico. Estamos en un rincón remoto del Reino Unido, donde Escocia muestra su cara más agreste. Pura magia. Estas son algunas experiencias que sólo se pueden disfrutar subiendo hasta aquí.

01 Marisco fresco en Ullapool

Castillo de Eilean Donan, en las 'Highlands' escocesas (Reino Unido). / CORBIS
Este puerto de postal a orillas del Loch Broom es uno de los lugares más bonitos de las Highlandsescocesas, además de la puerta de entrada al archipiélago de las Hébri­das Exteriores. Su principal encanto está en la hilera de casas encaladas frente al mar y a las fan­tásticas vistas del lago y los montes. Podremos alojarnos en algunos de sus cottagesy disfrutar de un excelente marisco fresco en el Arch Inn, junto al mar, con unos excelentes platos del día elaborado con productos locales.
Ullapool es también un lugar magnífico como base para recorrer la costa. La sinuosa carretera que nos lleva, por el litoral, hasta Kyle of Lochalsn recorre 80 kilómetros en línea recta más otros 240 (reales) de curvas y más curvas. Pero merece la pena; la recompensa es un paisaje de playas y bahías con un fondo de montañas espectacular que nos acompañará durante todo el trayecto. Podemos seguir hasta Portree, haciendo, eso sí, algunas paradas imprescindibles, como el castillo de Eilean Donan, ubicado en un islote unido a la costa mediante un puente de piedra.

02 Entre las playas más bonitas del mundo

Dos turistas en una playa de la isla de Harris, en el archipiélago de las Hébridas, al norte de Escocia. /ROBERT BIRKBY
No son como para bañarse –mejor dejarlo para las playas mediterráneas–, pero sí para mojarse los pies. Y si nos ponemos muy exóticos, podemos intentar llegar a Harris, la joya más pintoresca de las islas Hébridas. Es conocida por sutweed, un tejido de lana de alta calidad que aún se elabora a mano en la isla y que da empleo a 400 tejedores (se pueden visitar algunos talleres). En el sur encontraremos unas magníficas playas de arena blanca y, al norte, montañas bastante elevadas. Un hermoso ejemplo del paisaje que nos espera en este archipiélago de 119 islas al noroeste de Escocia, de las que muy pocas están habitadas (prácticamente solo Harris y Lewis, la más importante). Son islas de turberas, menhires y viejas casas de piedra en las que durante siglos vivieron sus habitantes en durísimas condiciones, aislados de todo.

03 La isla de las nubes

Senderistas cerca del Old Man of Storr, en la isla de Skye (Escocia). / GUIDO COZZI
Esta isla tiene claras referencias vikingas y su nombre significa “isla de las nubes”. Se entiende perfectamente al contemplar los montes Cuillin, cuya silueta está casi siempre cubierta de niebla. Con 80 kilómetros de largo, Skye es la segunda isla más grande de Escocia y cada vez hay más visitantes que se acercan a disfrutar de su maravilloso paisaje, siempre que las nubes lo permitan, claro. El resto del tiempo podemos dedicarnos a visitar castillos, museos rurales, restaurantes y pubs, talleres de artesanía e incluso galerías de arte. Por algo Skye es, junto con Edimburgo y Loch Ness, uno de los destinos más visitados de Escocia.
La mayoría de los turistas se alojan en Portree, Dunvengan y Trotternich, pero nosotros proponemos hacer excursionismo e intentar ascender a los montes Cuillin. Son un paraíso para los amantes de la escalada en roca, pero además la ruta de dos días que recorre la cordillera es la mejor expedición de montaña que se puede hacer en el Reino Unido. En la zona hay varios guías alpinos que ofrecen consejos y acompañan a los escaladores inexpertos por recorridos más complejos para garantizar su seguridad.
Si nos van más los retos marinos, siempre podemos disfrutar del kayak de mar en las calas y bahías de Skye. Hay varios centros que ofrecen clases, guía y alquiler de equipo, tanto para expertos como para principiantes.

04 Highlands de brezo y gneis

Montes de arenisca de Coigach, en la reserva natural de Inverpolly, en el norte de Escocia. / RICCARDO SPILA
Los 111 kilómetros que separan Durness y Ullapool son quizá los más espectaculares de Escocia. El panorama es tan hermoso que resulta casi abrumador. Al salir de Durness se atraviesa un ancho valle de brezos dominado, desde el sureste, por los imponentes montes Foinaven y Arkle. Más adelante, el manto de brezos se convierte en un paisaje rocoso de gneis, salpicado por cientos delochans (lagunas). Esta zona da paso a unas colinas cubiertas de tojos que constituyen la ante­sala de los imponentes montes de arenisca de Assynt y Coigach, en Torridon, entre los que destacan el curioso Suilven, el Quinag y el Stac Pollaidh. A la zona se la denomi­na Northwest Highlands Geopark.
Merece la pena internarse por algunos desvíos de la carretera, que nos llevarán de sorpresa en sorpresa, generalmente en completa soledad. Como la que sale de Durness y se reencuentra con el mar a la altura de Rhiconich. Desde allí sale una carretera secundaria que lleva a Blairmore y, posteriormente, a la bahía de Sandwool. El Am Buachaille es un peñasco imponente que domina esta playa, una de las más aisladas y hermosas del país.

05 Cabo Wrath, la punta noroccidental

Faro del cabo Wrath, en la punta noroccidental de Escocia (Reino Unido). / DAVID PATERSON
Wrath significaba en el noruego antiguo de los vikingos “pun­to de retorno”, pero lo cierto es que el lugar desprende un aire primitivo que intimida y atrapa. Es otro de esosFinisterres europeos, en esta ocasión coronado por un faro construido por los Stevenson, una conocida familia de ingenieros; la luminaria se eleva cerca de las colonias de aves de Clo Mor, en los acantilados más altos de Gran Bretaña.
Para llegar hay que tomar un barco que solo transporta pasajeros y bicicletas por el estuario de Durness (10 minutos de travesía) y conecta con un microbús que lleva hasta el cabo, en unos 40 minutos. En temporada alta siempre hay que hacer cola y losferries no siempre funcionan, por lo que conviene asegurarse antes de que hay disponibilidad. La alternativa al microbús es llegar al cabo caminando (o pedaleando) hasta el cabo, en un trayecto de 17,7 kilómetros a través de un paisaje despoblado donde el ejército suele realizar prácticas de tiro.

06 Relax en plan caribeño

Palmeras en el puerto de Plockton, al noroeste de las 'Highlands' escocesas (Reino Unido). / ELLEN ROONEY
El idílico pueblecito de Plockton está formado por una fila de casas que bordean la bahía y que parece el escenario de una película. Aquí lasHighlands parecen darse la mano con el Caribe. De hecho, aquí se han rodado escenas para diferentes películas y series de televisión británicas. En verano recibe bastantes turistas, pero no le restan encanto: frente al mar hay una hi­lera de palmeras (en realidad son drácenas de Nueva Zelanda), bastante actividad marinera y una serie de alojamientos, bares y restau­rantes interesantes. El acontecimiento más importante del año es la regata de Plock-ton, dos semanas que culminan con un concierto y un espec­táculo de ceilidh, danza tradicional de los pueblos gaélicos.

07 Viaje a la Prehistoria

Restos del asentamiento neolítico de Skara Brae, declarado patrimonio mundial, en las islas Orcadas, en Escocia. / PAUL WILLIAMS
Las Islas Orcadas, en los confines del norte de Gran Bretaña, parecen más escandinavas que escocesas. Y tiene su lógica: para los vikingos era muy sencillo cruzar el mar del Norte desde Noruega, por lo que controlaron rápidamente estos archipiélagos desnudos azotados por el viento. Aquí construyeron casas comunales junto a restos de poblados prehistóricos.
Una magia antigua flota en el aire de las Orcadas y las Shetland, dándoles un atractivo muy especial para los viajeros que saben apreciar sus mares brumosos, donde focas, ballenas y marsopas patrullan estas costas solitarias. Los escuadrones de aves planean sobre grandes colonias de anidamiento mientras, en tierra, los menhires atrapan los últimos rayos de sol y los acordes de la música popular escapan cuando alguien abre la puerta de algún pub.
Son islas verdes pero casi sin árboles, con rojizos acantilados de roca caliza y playas solitarias. En la isla principal encontramos monumentos prehistóricos que, por sí mismos, ya justificarían el viaje. Como Skara Brae, el pueblo prehistórico mejor conservado del norte de Europa, y Maes Howe, una de las mejores tumbas neolíticas de Gran Bretaña.
Maes Howe tiene más de 5.000 años y es una tumba de la Edad de piedra construida con enormes bloques de arenisca de varias toneladas que fueron transportados desde muchos kilómetros de distancia. No se sabe quién construyó tan misterioso enclave ni quien estuvo enterrado en él (la tumba fue profanada por los vikingos en el siglo XII). Cerca quedan cuatro imponentes menhires, restos de lo que fue un crómlech de 12 piezas con una altura impresionante.
Por su parte, Skara Brae es una aldea prehistórica en un paraje idílico, a 13 kilómetros al norte de Stromness. Es anterior a Stonehenge y a las pirámides de Gizeh. Incluso el mobiliario de piedra ha sobrevivido a los 5.000 años que han pasado desde que la primera comunidad habitó el lugar. El asentamiento permaneció oculto entre las dunas hasta 1850, cuando una tormenta la desenterró. Es un sitio realmente curioso.

08 Old Man of Hoy

Monolito rocoso de Old Man of Hoy, en las islas Orcadas (Escocia). / CORBIS
La segunda isla más grande de las Orcadas, cuyo nombre significa “isla alta”, es uno de los parajes más bonitos del archipiélago. Ba­hías de aguas turquesa rodean la costa este y enormes acantilados custodian la oeste, mientras que la turba y los páramos cubren las colinas más altas del interior. Una gran parte del norte es zona de cría de aves.
Lo más representativo es Old Man of Hoy, una espectacular roca de 137 metros de altura, que emerge del mar cerca de un cabo erosio­nado. Para los escaladores expertos resulta un ascenso duro, pero también supone un buen paseo desde Rackwick (9,6 kilómetros, ida y vuelta). Se puede contemplar también desde el ferry de Scrabster a Stromness.

09 Al norte de las Orcadas

Anillo de Brodgar, círculo neolítico declarado patrimonio mundial en las islas Orcadas, al norte de Escocia. / PAUL WILLIAMS
Merece la pena explorar las islas Orca­das más lejanas, accesibles en ferry o avión a precios razonables. Aunque los puntos de interés se ven en cuestión de horas, la clave es darse un día o dos para relajarse y acoplarse al ritmo de la vida insular. Aquí las aguas cristalinas bañan playas de arena blanca brillante.
Algunas son más montañosas que otras, pero todas tienen un paisaje simi­lar: tierras llanas y verdes que descien­den hasta una costa espectacular. Hay muchos sitios donde acampar en la mayoría de ellas, alqui­lar bicicletas y alojarse a precios econó­micos. La mayoría de las islas cuenta con un servicio de autobús vinculado a los transbordadores de acceso; eso sí, a veces hay que llamar para reservar. La revista Islands of Orkney, disponible en las oficinas de turismo, ofrece listados detallados y mapas de todas ellas.

10 Bucear entre pecios

Buceo entre pecios en Scapa Flow, en las islas Orcadas (Escocia). / LAWSON WOOD
Scapa Flow es uno de los mayores puertos naturales del mundo y desde tiempos de los vikingos han recalado todo tipo de flotas. Tras la II Guerra Mundial, 74 navíos alemanes se internaron en el puerto; cuando el armisticio obligó a una severa reducción de la flota alemana, el almirante Von Reuter, al mando de la flota, tomó cartas en el asunto: tras una señal secreta, los británicos contemplaron, incrédulos, cómo se iban hundiendo todos los navíos germanos. 52 de ellos se fueron al fondo del mar, el resto quedó en los bajíos. Aunque fueron reflotados en su mayoría, quedan siete barcos sumergidos que atraen a numerosos submarinis­tas. Tres son buques de guerra: el König, el Kronprinz Wilhelm y el Markgraf. Los dos primeros quedaron parcialmente destrozados, pero el Markgraf está intacto y ofrece una de las mejores inmersiones de Escocia.
En el lecho marino hay más pecios; el HMS Royal Oak, torpedeado por un submarino alemán en octubre de 1939, con 833 víctimas mortales, es una tumba de guerra y no está permitido bucear en él.
Conviene reservar las inmersiones con antelación. Es necesaria mucha experiencia para bucear en los pecios –algunos se hallan a 47 metros de profundidad– y también haber realizado inmersiones con traje recientemente, algo de lo que tam­bién se encarga el operador.

11 Reír con las aves

Faro de Muckle Flugga, en las islas Shetland (Escocia). / ROGER TIDMAN
Para los aficionados a la ornitología, las islas Shet­land son un verdadero paraíso, pues conforma una parada de las espe­cies migratorias del Ártico, así como un hábitat de grandes colonias de anidación de aves marinas (en plena temporada durante el mes de junio). En verano, sus acantilados dan cobijo a alcatraces, fulmares, gaviotas, alcas comunes y frailecillos, así como a la colonia de charranes árticos más grande de Europa.
Hay que mirar el cielo, claro, pero tampoco perder de vista el mar; a menudo es fácil ver nutrias marinas, orcas y otros cetáceos. Los últimos avistamientos se recogen enwww.nature-shetland.co.uk. En las Shetland, cada especie tiene su nombre particular: los colimbos chicos se llaman rain geese; los págalos grandes, bonxies, y los paíños,alamooties. Los divertidos frailecillos son lo más destacado: se tiran en bomba al mar y es maravilloso observarlos. Hay reservas naturales en Hermaness, Keen of Hamar y Noss. Además, en Foula y Fair residen grandes colonias de aves marinas.
En el maravilloso cabo Hermaness, un paseo de siete kilómetros conduce hasta acantilados donde anidan alcatraces, ful­mares y araos, y donde retozan numerosos frailecillos. Se puede contemplar, además, el punto más septen­trional de Escocia, las rocas de Out Stack, y Muckle Flugga, con su faro construido por el tío de Robert Louis Stevenson.
Fetlar es la más pequeña y fértil de las islas del norte, ideal para la observación de aves, mientras que la pequeña isla de Noss, de 2,4 kilómetros de ancho, al este de Bressa, es el refugio más de 100.000 parejas de aves de cría en los acantilados, mientras que en los páramos interiores viven cientos de parejas de págalos grandes.
El complemento perfecto para esta escapada ornitológica es alojarse en una de las románticas casas-faro de las Shetland (una de las mejores se halla en el espectacular Sumburgh) o en las rústicas cabañas (böds), que son muy baratas.

Más información en la nueva guía de Escocia de Lonely Planet y en www.lonelyplanet.es

http://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/07/30/actualidad/1438268517_722823.html

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