jueves, 29 de enero de 2026

El gráfico que habla por sí solo: los metales y la caída del dólar destapan otro orden monetario

 


Los gobiernos se han pasado con la deuda: el oro y la plata empiezan a destapar un nuevo orden monetario y la caída del dólar da una pista


  • Ray Dalio, Bridgewater Associates: "El orden monetario se está desmoronando"
  • El dólar y el yen se encuentran en el punto de mira de los mercados



Demasiadas piezas que encajan a la perfección para pasar desapercibidas. El dólar corrige con fuerza en el mercado de divisas, al igual que le sucede al yen japonés, dos activos que durante años funcionaron como refugio. Al mismo tiempo, el oro y la plata (junto a otros metales) no paran de subir en un rally frenético que copa los titulares de diarios especializados en mercados y economías. Mientras que en el mundo de las divisas se aprecian con intensidad las de unos pocos países. Ahora empecemos a encajar las piezas. ¿Qué tienen en común EEUU y Japón para que sus divisas no paren de depreciarse? Una deuda pública elevadísima y unas expectativas que prevén aún más deuda (más papelitos). Por el contrario, las divisas que no paran de apreciarse pertenecen a países con muy poca deuda (Suiza, Suecia...) y que parecen sitios seguros o protegidos parcialmente de la impresión monetaria sin control. Por último, el oro, que supera los 5.000 dólares la onza, y la plata, que rebasa los 100 dólares de forma holgada, se erigen como grandes refugios a este cambio del orden monetario que solo está dando sus primeros pasos.

Nadie dice que el oro vaya a sustituir al dólar (eso parece imposible), pero los inversores quieren protegerse ante un escenario en el que el rey de las divisas parece condenado a ir perdiendo peso, el conocido como debasement trade ha comenzado, ahora habrá qué ver hasta dónde llega.

Algunos gobiernos desarrollados parecen haberse pasado con la emisión de deuda (o están en camino de pasarse), lo que ha generado un movimiento en el mercado inédito en las últimas décadas. Las divisas que durante años fueron un refugio en momentos de turbulencias se han convertido en víctimas o incluso generadoras o amplificadores de la propia turbulencia. Es obvio que el dólar sigue siendo el rey (los bancos centrales del mundo tienen alrededor del 60% de sus reservas en esta divisa), pero también es obvio que algo está cambiando, aunque sea solo el principio.

El índice dólar ha caído casi un 10% en el último año, pese a los enormes riesgos geopolíticos y al buen estado de la economía de EEUU. Algo está pasando en el mercado. La caída del dólar refleja que el miedo real es al de la monetización futura de la deuda pública. Cuando el desequilibrio fiscal sea insostenible, todo país soberano de su moneda puede imprimir cuanto quiera para monetizar ese déficit e 'impagar' a través de la inflación.

Los inversores están protegiéndose, aunque sea de forma sutil y todavía muy leve, de una posible pérdida de confianza en el sistema fiat, el sistema que lleva dominando el orden monetario global las últimas décadas. La deuda pública está inundando los mercados, mientras que la demanda de esos activos parece haber perdido apetito. El resultado es unos tipos de interés cada vez más altos pese a las bajadas del precio del dinero de los bancos centrales. Los 'señores del dinero', los bancos centrales, están empezando a perder el control del precio del propio dinero, la oferta se está desbocando (los bancos centrales mantienen unos balances todavía extremadamente grandes) y los inversores buscaN otros activos donde la oferta se pueda manipular al antojo de los gobiernos. No es solo que el oro o la plata estén apreciándose con gran violencia (que también), es que el dólar y otras divisas fiat están empezando a 'perder su valor'.

El precio del oro y la plata sube con fuerza en los últimos meses
Los metales se disparan frente a un dólar a la baja.

La deuda supera con creces el 100% del PIB en países como EEUU, Reino Unido, Japón o Francia, pero lo peor es que las expectativas de futuro son aún más comprometedoras, puesto que los Gobiernos siguen planificando sus presupuestos con grandes déficits. Estas expectativas están llevando a que la parte larga de la curva (bonos a 30 años, por ejemplo) suba con mayor intensidad, empinando de forma drástica la curva de rendimientos. Buenos ejemplos se encuentran también en Europa, donde Alemania o Francia han sufrido este fenómeno incluso en mayor medida que España.

Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, aseguraba hace unos días que el orden monetario global se está desmoronando, argumentando que se está produciendo un cambio fundamental que se aleja de las monedas fiduciarias (dólar, yen...) y la deuda como reservas fiables de riqueza. "El orden monetario se está desmoronando", comentaba Dalio en una entrevista con la CNBC en Davos. "Con el orden monetario, quiero decir que las monedas fiduciarias y la deuda como reservas de riqueza ya no están siendo utilizadas por los bancos centrales de la misma manera".

El analista financiero Robin Brooks aporta otra pieza de este complejo puzle y explica en un análisis publicado hace escasos días que "la combinación del mayor riesgo geopolítico y el estallido del mercado de bonos japonés ha impulsado drásticamente los metales preciosos. La plata ha subido un impresionante 170% desde Jackson Hole el 22 de agosto. El platino ha subido un 105%, mientras que el oro ha subido un 50%. Además de la debilidad del dólar, mi predicción clave para 2026 era que el debasement trade estaría en auge. No cabe duda de que así es".

Miedo a una mayor inflación

Pero la prueba del algodón que demuestra que estos movimientos que están iniciando un cambio en el orden monetario global es el exceso de deuda pública en ciertos países es el buen comportamiento de un pequeño grupo de divisas pertenecientes a pequeñas jurisdicciones con muy poca deuda. "Un error común es creer que el impacto del debasement trade se limita a los metales preciosos. No es así. El motor de esta devaluación es que los gobiernos intentarán reducir la carga de deuda insostenible mediante la inflación. Esto convierte a cualquier país con poco endeudamiento en un refugio seguro razonable. Así, Suecia (con una deuda pública del 34% del PIB) se ha consolidado como el principal refugio seguro, seguida de Noruega (con una deuda del 44% del PIB) y Suiza (con una deuda del 40% del PIB)", apunta Brooks. Todos ellos tienen en común que presentan unas cuentas públicas equilibradas en el corto y medio plazo,

Dalio pone el punto de mira en el notable rendimiento del oro como principal prueba de esta transformación, señalando que el metal precioso ha superado incluso a las acciones tecnológicas el año pasado. Además, el oro ya pesa más en los balances de los bancos centrales que el euro y poco a poco va acercándose al todopoderoso dólar. "El mercado con mayor movimiento el año pasado fue el del oro, mucho mejor que el tecnológico", explicaba Dalio. Los bancos centrales y los fondos soberanos de inversión de todo el mundo compran cada vez más oro como diversificador, tratándolo no como un metal especulativo, sino como lo que Dalio denominó "la segunda moneda de reserva más importante".

Dalio ha querido destacar que los tenedores de deuda denominada en dólares estadounidenses y el propio Tesoro de EEUU se muestran cada vez más recelosos entre sí, lo que crea una dinámica peligrosa. "Sabemos que tanto los tenedores de deuda denominada en dólares estadounidenses, que es dinero, como quienes la necesitan, Estados Unidos, están preocupados el uno por el otro", asegura Dalio. Los conflictos geopolíticos internacionales están acelerando esta tendencia, ya que "incluso los aliados no quieren tener deuda ajena" y "prefieren recurrir a una moneda fuerte".

El caso de Japón es otro ejemplo de que el mercado está atiborrado de deuda pública. Los gobiernos se han pasado con la deuda y la máquina de imprimir billetes y ya ni el 'país de la deuda ilimitada' parece mantener el estatus que guardaba hace solo unos años. "La prima de riesgo fiscal de Japón nunca ha sido mayor, la brecha entre el diferencial de tipos de interés a 30 años de Japón y el yen ponderado por el comercio frente al G10 nunca ha sido mayor. Un aumento del diferencial de tipos debería atraer flujos de capital a Japón y fortalecer el yen. El hecho de que esto no esté sucediendo de forma significativa significa que los tipos de interés, especialmente en el extremo largo de la curva de rendimiento japonesa, no han podido subir lo suficiente como para compensar a los inversores por el desdén del primer ministro Takaichi por la austeridad fiscal. Japón necesita superar su negación de la deuda. Para lograrlo, será necesaria una mayor depreciación del yen", asegura Brooks.

El mercado está empezando a cansarse de la deuda pública excesiva y de las divisas detrás de la misma. Por ello, el dinero viaja raudo y veloz hacia la plata, el oro, otros metales y las divisas de países con bajos niveles de deuda. Los inversores buscan activos cuya oferta no sea 'manipulable' fácilmente o, al menos, no haya previsión de que vaya a serlo. Incluso el dólar, si se dispara su oferta (imprimiendo más y más) puede terminar siendo simple papel sin más valor. Aunque ese escenario aún está muy muy lejos, se empiezan a ver ciertas señales que revelan que una parte de los inversores y una pequeña porción de su cartera empieza a posicionarse para un cambio del sistema monetario.

Brooks cree que esto puede ser el gran tema en los mercados para este año. "En resumen, el dólar está bajo presión, al igual que el yen y los mercados de deuda globales. El tema dominante en los mercados en 2026 es la búsqueda de refugio seguro frente a la monetización de la deuda. Los metales preciosos y las divisas refugio seguirán subiendo considerablemente".


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