miércoles, 2 de febrero de 2022

¿Pincha la 'burbuja Netflix'? La sociedad de la suscripción y sus límites


Logos de diversas plataformas audiovisuales



Parece que estamos dispuestos a sacrificar el sueño para consumir un poco más de todo lo que tenemos a nuestra disposición por pagar una suscripción pero, ¿hasta cuándo?



En 2017, el consejero delegado de Netflix, Reed Hastings, dijo la frase que define el consumo cultural en nuestra era. Afirmó que, en realidad, su empresa no competía con otras plataformas de streaming, como HBO o Amazon Prime. Tampoco con la PlayStation y otras actividades de ocio que podían resultar más atractivas para sus clientes potenciales. En realidad, dijo, Netflix compite con el sueño. “Hay una serie o una película que te mueres por ver, y te quedas por la noche hasta tarde, de modo que en realidad competimos con el sueño”. Lo mejor era cómo terminaba la frase: “¡Y vamos ganando nosotros!”.

Es cierto: parece que estamos dispuestos a sacrificar el sueño para consumir un poco más de todo lo que tenemos a nuestra disposición por pagar una suscripción. El problema es que la lucha no es solo entre el sueño y Netflix. Muchos tenemos ahora varias suscripciones. En realidad, un número desproporcionado, si contamos las horas de vigilia en las que no trabajamos. El otro día se me ocurrió contarlas y sumar el coste, y les recomiendo que no lo hagan: creo que podría reducir entre un tercio y la mitad y apenas lo notaría. Sin embargo, sé que no lo voy a hacer, por una mezcla de desidia y avaricia. ¿Por qué darse de baja de HBO si son cinco euros? ¿Y si en algún momento quiero ver 'Los Soprano', que no he visto en veinte años, y que ahora tampoco tengo tiempo para ver?

Pero las suscripciones no abarcan solo el ámbito del ocio cultural. Además de las plataformas de streaming, de música y una cantidad absurda de periódicos y revistas, en casa pagamos un servicio de almacenamiento en la nube, algo de software y yo, después de años detestando ir al gimnasio, he empezado a utilizar una aplicación para hacer deporte en casa. Muchos amigos suman a eso videojuegos o esports. Todo sigue siendo ridículamente barato: por lo que antes costaba la suscripción anual a un periódico (unos 400 euros), ahora puedes suscribirte a entre cuatro y ocho, dependiendo de las ofertas (pueden hacerlo ahora mismo a El Confidencial por 89 euros: ¡suscríbanse!), y practicar gimnasia en casa con planes a medida supone pagar un tercio menos que en un gimnasio; por lo que respecta a la música, un servicio de streaming mensual sigue costando menos que un CD.


'Homo suscripterens'

Sin embargo, más allá de que los servicios digitales sean mucho más baratos que los físicos, la realidad es que el modelo económico en el que vivimos muchos de nosotros ha cambiado en la última década sin que apenas nos diéramos cuenta, ni por supuesto lo decidiéramos conscientemente: somos el 'homo suscripterens'. En un informe reciente de su sistema de pagos, el banco Barclays lo ha definido como 'la sociedad de la suscripción': cada británico (no hay datos españoles) se gasta 620 libras al año en servicios de suscripción y un 81 por ciento de los hogares británicos tiene por lo menos una suscripción digital.

Aun así, la lucha contra el sueño o por nuestra atención, o las herramientas que necesitamos para trabajar, tiene sus límites. Varios estudios (como este de la consultora Activate) coinciden en señalar que la tendencia seguirá creciendo y tenderemos a gastar más en suscripciones. Las compañías de streaming de series y películas invierten cada vez más en producciones para atraer nuestra atención; Spotify está gastando fortunas en contratar a estrellas de los podcasts —desde Bruce Springsteen y Barack Obama al conflictivo, pero muy escuchado, Joe Rogan, que recibió de la plataforma 100 millones de dólares a cambio de sus 16 millones de oyentes mensuales—, y Microsoft se ha gastado 60.000 millones de dólares en comprar una productora de videojuegos para enriquecer la oferta de su servicio de suscripción. No parece un negocio en declive (aunque quizá sí uno que está hinchando una burbuja).

Es posible que empecemos a estar cansados del ecosistema de las suscripciones

Al mismo tiempo, es posible que empecemos a estar cansados del ecosistema de las suscripciones. No por lo que cuestan, sino por el poco partido que les sacamos y, aún más, porque es un gasto que controlamos poco: gente perfectamente responsable en el manejo del dinero y en la asignación de gastos domésticos, simplemente, no nos acordamos de cuánto pagamos y a qué estamos suscritos. Es una sensación irritante.

Esto empieza a tener consecuencias. Netflix se ha despeñado en bolsa porque ha reconocido que, a pesar de lo mucho que gasta y el éxito de series como 'El juego del calamar', las suscripciones aumentan con mucha mayor lentitud. Peloton, el servicio de gimnasia en casa —de gama muy alta—, ha empezado a perder suscriptores. Han aparecido aplicaciones como trackmysubs.com, que permiten controlar el número de suscripciones que tenemos y poner un techo al gasto mensual en esos servicios (lo divertido es que, a partir de cierto uso, trackmysubs.com requiere el pago de una suscripción). Y empiezan a abundar los artículos con recomendaciones para no volverse loco con las suscripciones: ¡cuidado con las pruebas gratuitas! ¡Cuidado con las renovaciones automáticas! ¡Cuidado con los micropagos de tu tienda de apps que habías olvidado!

En realidad, la economía de la suscripción es infinitamente más sana que la que regía el mundo digital hace apenas una década, cuando los periódicos eran gratuitos y no tenían un modelo de negocio claro, la piratería musical y de productos audiovisuales era más habitual y se hacían chanchullos para acceder a software sin licencia. Parece, además, que va a ser una parte fundamental de la nueva economía digital, lo cual es bueno para quienes nos dedicamos a trabajar con información y quienes consumimos cultura con cierta ansiedad. Pero eso no quita que nos demos cuenta con perplejidad de hasta qué punto hemos asumido este modelo de manera gradual, inconsciente y ahora casi irreversible. Somos la sociedad de la suscripción. Seguro que pronto nos suscribiremos a algo que nos recuerde que también tenemos que dormir.



Por
Ramón González Férriz
01/02/2022 - 05:00
¿Pincha la 'burbuja Netflix'? La sociedad de la suscripción y sus límites (elconfidencial.com)
blogs.elconfidencial.com/cultura/el-erizo-y-el-zorro/2022-02-01/suscriptores-netflix-hbo-disney-plus-prime-spotify_3367295/

martes, 1 de febrero de 2022

¿Por qué todas las firmas quieren vestir a Carrie? El papel de los diseñadores de vestuario en las tendencias

 

Una escena de 'And just like that'.


No hace tanto, las firmas más emblemáticas lo apostaban todo a las temporadas de alfombras rojas. Hoy, su imagen de marca se pone en valor gracias a las ficciones de nuestros personajes favoritos.



Durante décadas, los diseñadores hacían el agosto durante las temporadas de premios. Las estrellas más fulgurantes del momento lucían contrato mediante— estilismos de los que después hablarían las principales revistas de moda de todo el mundo. En la actualidad, todavía quedan resquicios de aquella estrategia de publicidad basada en el componente aspiracional, pero la técnica se ha sofisticado. Primero, fueron las influencers las que usaron su imagen para vendernos todo aquello que ellas amaban y ahora son los productos audiovisuales más atractivos para las masas los que han seguido su estela.

Pero este fenómeno no es nuevo. ¿Quién no ha suspirado por el vestido que llevaba Diane en Trainspotting? Y lo mismo podríamos decir del total look de Courrèges que Sharon Stone llevaba en CasinoLa diferencia con la actualidad es que, a mediados de los 90, nadie sabía dónde encontrar aquel slip dress de paillettes rosa palo. Y aunque el conjunto de la firma francesa era más fácil de rastrear, resultaba a todas luces inasequible.

Lo que sí anticipó el diseño de vestuario de Ginger, el personaje que interpreta Sharon Stone, y que fue obra de Rita Ryack y John A. Dunn, es que sirvió como una herramienta de publicidad para atraer a las salas a aquellas personas más interesadas en la moda que en los conflictos entre matones. El armario de Ginger, plagado de estampados psicodélicos, joyas y pieles estaba valorado en un millón de euros, aunque Stone solo se quedaría con un batín estampado de Pucci como único botín.

Una herramienta sofisticada


Desde la grabación de la película, han pasado casi tres décadas. En la actualidad, cualquier deseo subyacente, primario o incluso caprichoso puede y debe ser satisfecho. En eso consiste el marketing, además de crear necesidades que no sabíamos que teníamos. Por eso, cuando el diseñador de vestuario de una serie repleta de celebridades admiradas por adolescentes y no tan adolescentes crea un estilismo, conoce la importancia de su decisión. Uno de los ejemplos más evidentes es el de Emily in Paris. Desde sus inicios (el pasado diciembre, se estrenó la segunda temporada de la serie), los estilismos de Emily han tenido casi tanta importancia como la trama.

De hecho, las ventas de sombreros se incrementaron un 48% en 2020 (fecha de su estreno) con respecto al mismo periodo un año antes. Y la culpa la tuvo el lanzamiento de la serie de Netflix. Nuestros clientes se están decantando por los modelos realizados en fieltro, sobre todo bucket hats y boinas”, aseguraron desde Asos. Pero este no fue el único objeto de deseo que las series más exitosas de los últimos años colocaron en el disparadero: los abrigos de Nicole Kidman en The Undoing hicieron furor y generaron un intenso debate en las redes sociales, las chaquetas calentitas de andar por casa (o por la campiña inglesa) de regusto ochentero volvieron a nuestros armarios gracias a Emma Corrin y a su genial interpretación como Diana de Gales en The Crown, y las sombras de ojos azules fueron rescatadas después de décadas condenadas al ostracismo gracias a Euphoria

El fenómeno fan cotiza al alza

Años antes de que Netflix pusiese a la venta algunas de las piezas más representativas de Emily in Paris se creaban blogs y páginas de Instagram que fans de todo el mundo ayudaban a elaborar. Una de las primeras en hacerlo fue Shanae Brown, que en 2016 abrió la cuenta @whatfranwore y desde entonces se ha dedicado a documentar los estilismos de la niñera más estilosa y excéntrica de la pequeña pantalla. La instagrammer descubrió la procedencia de cientos de prendas gracias a Google y a rastrear fotos de anuncios y de supermodelos de los 90.

En esta afición (ahora, trabajo) hay una buena parte de reto, pero también de diversión. Una diversión comunitaria. Las millones de personas que siguen estas cuentas también contribuyen a descifrar las procedencias de los estilismos más difíciles de rastrear. En esta nueva etapa, en donde el marketing se vuelve más sutil y se sofistica, la importancia de la investigación así como el valor al alza de las piezas de segunda mano, que los directores de vestuario encuentran en tiendas vintage, resultan fundamentales.

De alguna manera, que buena parte del vestuario no esté disponible contribuye a que pensemos que en realidad no todo es una cuestión material. En ocasiones, las cuentas nos redirigen directamente a la web en donde podremos comprar esos zapatos de tacón de Aquazzura que Carrie Bradshaw lleva en el cuarto capítulo de And Just Like That y que pueden ser tuyos por 995 euros, pero en otras ocasiones, las piezas escogidas están agotadas o bien forman parte de colecciones pasadas.

Aún así, el fenómeno vintage, que consiste en comprar moda de archivo y que ya ha llegado a las alfombras rojas,  funciona como una nueva estrategia de marca que contribuye a poner de nuevo en la palestra a diseñadores retirados (cuyo legado después será interpretado para hacer caja) o piezas de décadas pasadas como los bolsos de Vivienne Westwood, cuyas búsquedas crecieron en la plataforma Poshmark un 310% el pasado octubre. 

Los diseñadores de vestuario saben que sus estilismos serán fundamentales para crear un fenómeno fan alrededor de la ficción, que buscará no pasar desapercibida entre todas las demás opciones disponibles. De esta manera, los seguidores de la series se encontrarán con lo que esperan: looks que amar u odiar. Una euforia que comenzó a desatarse desde el momento en el que salieron a la luz las primeras fotos del rodaje de And Just Like ThatTal es el fenómeno que HBO creó una cuenta oficial  para comentar los aciertos de Carrie y compañía. O lo que es lo mismo, de la estilista Molly Rogers (que ya ejercía como asistente de Patricia Field en Sexo en Nueva York) y de Danny Santiago.

Sorprendentemente, no es la cuenta oficial de la serie, sino esta otra que creó la ucraniana Victoria Bazalinchuk (y que ya tiene más de 137.000 seguidores) la que identifica la procedencia de las piezas más difíciles. Incluso las que no tienen etiqueta se convierten en un motivo de debate, como ocurrió con el vestido boho que se asoció a la tienda de moda pronta Forever 21 después de que esta realizase una réplica, pero que en realidad Danny Santiago había comprado cinco años atrás por 5 o 6 dólares en una tienda de segunda mano. La historia, con final feliz, devolvió la autoría de la prenda a su verdadera responsable, la firma asiática, Raga.

En ocasiones, las elecciones de vestuario son espontáneas (como acabamos de ver), pero en otras, están absolutamente premeditadas. Hablamos por ejemplo de la incorporación de piezas reconocibles como el Baguette de Fendi que Carrie llevaba en la tercera temporada Sexo en Nueva York y que ha vuelto a usar en el reboot de la serie, aprovechando que el modelo se ha convertido en objeto de deseo entre los millennials. Como consecuencia, la plataforma Lyst apuntó que las búsquedas de este bolso habían incrementado un 45% durante el mes después al estreno del capítulo.  

A este respecto, Bazalinchuck señala que debe de existir algún acuerdo entre la serie y Fendi. “Aparecen distintos bolsos de la firma italiana en cada episodio y en uno en concreto un personaje lleva un estilismo completo de Fendi. Así que asumo que hay algún acuerdo entre ambos”, nos cuenta. Pero no es esta la única firma que viste a Carrie, Samantha o Charlotte; otras como Chanel o Valentino, YSL o Aquazzura aparecen de manera recurrente.

Una elección de vestuario que genera millones de comentarios en las redes sociales y en la vida real. Y que resulta tan apremiante que no han sido solo los fans de la serie los que han participado del debate alrededor de los estilismos de las tres amigas de Manhattan. El pasado diciembre, en la cuenta de Instagram de Vogue Francia, escribían: “Esto es lo que Carrie Bradshaw debería haber llevado en «And Just Like That», en nuestra opinión, desde Gucci a Prada, de la mano de nuevos talentos como Di Petsa y Kenneth Ize. Desliza a la izquierda y pulsa en el link de la bio para descubrir nuestra selección de estilismos seleccionado para nuestra periodista favorita, que hemos escogido de las colecciones de Primavera/Verano 2022. ¡Queremos conocer vuestras opiniones! Dejad vuestros comentarios debajo”. Las opiniones, de todo tipo, no se hicieron esperar.

Los diseñadores de vestuario se convierten en estrellas 

Aprovechando su popularidad en Instagram, Victoria Bazalinchuk ha lanzado un servicio de pago vía Patreon en donde la estilista ofrece la posibilidad de crear estilismos personalizados e inspirados en las dos series en las que es experta. Del mismo modo, otras responsables de estas cuentas reciben un porcentaje por parte de las marcas que publicitan y, al mismo tiempo, los diseñadores de vestuario de And Just Like That… realizan colaboraciones con webs como ThredUp  e incluso se atreven con las ventas directas.




AMANDA ROJO | 30 ENE 2022 18:44

Artículo actualizado el 31 enero, 2022 | 10:48 h

https://smoda.elpais.com/moda/por-que-todas-las-firmas-quieren-vestir-a-carrie-el-papel-de-los-disenadores-de-vestuario-en-las-tendencias/

El "enigma" del diamante negro que subasta Sotheby's: ¿es de origen extraterrestre?


‘The Enigma’, el diamante facetado más grande del mundo que subasta Sotheby’s del 3 al 9 de febrero.




Sotheby's saca a subasta 'The Enigma', un diamante negro natural exquisito y extremadamente raro –posiblemente de origen extraterrestre–, con un tallado abstracto cargado de simbolismo y misterio.

El diamante negro es una extraordinaria rareza. Subestimados durante años en joyería, están de plena actualidad, y cada vez están más presentes en las colecciones de alta joyería, muy valorados por su pulido oscuro y vanguardista y el misterio que les rodea.

Su origen es fascinante. Se trata de piedras que pueden tener casi cuatro mil millones de años y fueron creadas por impactos de meteoritos, una teoría ampliamente aceptada, respaldada por la presencia de elementos y minerales abundantes en el espacio, como osbornita, un mineral que se encuentra únicamente en los meteoritos, y por encontrarse en la superficie de la Tierra, a diferencia del resto de los diamantes, que suelen ser rocas ígneas de kimberlita que se forman en las profundidades de la tierra y suelen estar enterrados a gran profundidad.

No es fácil encontrar un diamante negro natural –apenas se encuentran en Brasil y la República Centroafricada¬–, y muchas de las piedras que se utilizan son diamantes oscuros tratados con calor para conseguir esa tonalidad.

La piedra que Sotheby's, en Londres, saca a subasta entre el 3 y el 9 de febrero, es excepcional. Se trata de un elegante diamante negro de color natural con 55 facetas y un peso de 555,55 quilates, lo que le convierte en el diamante facetado más grande del mundo jamás registrado en los informes de GIA y Gubelin.

Es extremadamente inusual que un diamante en bruto de grandes dimensiones se mantenga como una sola piedra. Incluso el famoso Cullinan de 3.106,75 quilates de dividió en nueve piedras principales (incluido el Cullinan I de 530,2 quilates incrustado en el cetro real británico) y en muchos más pequeños, como apuntan desde la casa de subastas.

Es la primera vez que la piedra sale al mercado después de dos décadas. Se aceptan pagos en criptomoneda.

Un diamante único

Su existencia es un prodigio de la artesanía. Una piedra de estas características, un carbonado negro natural, es uno de los materiales más duros que existen. Eso explicaría el tiempo transcurrido desde que su actual propietario se hiciera con la piedra, hace dos décadas, y su certificación por el GIA como diamante facetado en 2004. El proceso de corte ha durado, posiblemente, años, según Chris O'Farrell, experto en diamantes de DC, en Hatton Garden (Londres).

También es resultado de una visión inusual en el tratamiento de una gema, porque que la piedra tenga 55 facetas y un peso de 555,55 quilates no es mera casualidad y añade al diamante un significado simbólico en las culturas de Medio Oriente, donde el número cinco (hamsa en árabe) tiene un significado especial.

'The Enigma' tiene un diseño absolutamente diferente a cualquiera de los cortes de diamantes tradicionales, que hoy en día tienden a tener 57 o 58 facetas. Fue concebido como una abstracción de una mano, una suerte de amuleto ¬–al estilo de los conocidos como "mano de Fátima", usado en Oriente Medio como un signo de fuerza, suerte y protección contra el mal–, "una decisión valiente cuando es tan difícil predecir exactamente como caerá la estructura interna de un gran diamante", apunta Nikita Binani, directora de ventas de joyería especial de Sotheby's.

Un detalle más: se aceptan pagos en criptomoneda.



https://www.eleconomista.es/status/noticias/11593854/01/22/El-enigma-del-diamante-negro-que-subasta-Sothebys-es-de-origen-extraterrestre.html 

Año Nuevo chino: qué significa el año del tigre y cómo se celebra

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 Es el día más importante del calendario chino: más de mil millones de personas celebrarán junto a sus familiares, verán desfiles y rezarán pidiendo buena fortuna en el próximo año.

Es el Año Nuevo chino, que este 2022 inicia el 1 de febrero.

¿Qué sucede durante el Año Nuevo chino?

El Año Nuevo chino (también conocido como Año Nuevo lunar) comienza con la salida de la segunda luna nueva después del solsticio de invierno (21 de diciembre).

Esto puede ocurrir en cualquier fecha entre el 21 de enero y el 20 de febrero.

También conocido como el Festival de la Primavera, las comunidades chinas de todo el mundo celebran el Año Nuevo.

Las festividades despiden al año viejo y están destinadas a traer suerte y prosperidad en el nuevo.

Hay banquetes familiares y espectáculos al aire libre con petardos, fuegos artificiales y, a menudo, dragones danzantes. Las principales celebraciones se llevan a cabo en la víspera de Año Nuevo y el día de Año Nuevo.

Millones de personas viajarán por China, a veces miles de kilómetros, para celebrar con sus familias.

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El rojo es el color de la buena suerte en China.

La gente decora sus casas con rojo para la buena suerte y los niños reciben dinero en sobres de color rojo brillante.

Las celebraciones duran dos semanas y finalizan el 15 de febrero de este año con el festival de los faroles, que marca la luna llena.

Desde la década de 1990, la gente en China tiene una semana libre para el Año Nuevo. Según el Ministerio de Comercio del país, la gente hoy en día gasta más de 820.000 millones de yuanes (cerca de US$130.000 millones) en compras y comidas durante este período.

Año del Tigre

Cada año está asociado con uno de los 12 animales del zodíaco chino.

Este es el Año del Tigre. Se dice que los niños nacidos en este año serán valientes, competitivos y fuertes.

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Se dice que los niños nacidos en este año serán valientes, competitivos y fuertes.

En cantonés, el idioma principal del sur de China y Hong Kong, el saludo de Año Nuevo es "Gong Hei Fat Choy" (恭喜發財), que significa "te deseo prosperidad". En mandarín, la gente dice "Xin Nian Kuai Le" (新年快乐), que significa, sencillamente, "Feliz Año Nuevo".

¿Cuáles son los orígenes del Año Nuevo chino?

Se cree que el Año Nuevo chino se remonta al siglo XIV a. C., cuando gobernaba la dinastía Shang.

Sus orígenes están impregnados de leyenda. Una historia dice que un monstruo llamado Nian ("Año") atacaba a las poblaciones de las aldeas al comienzo de cada año.

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Las celebraciones suelen ser eventos de colores intensos y brillantes, donde predomina el rojo.

Nian tenía miedo de los ruidos fuertes, las luces brillantes y el color rojo. La gente utilizó estas cosas para ahuyentar a la bestia.

Dado que el dragón es un símbolo chino de poder y buena fortuna, en muchas regiones del país se realizan bailes de dragones, durante los cuales un títere de dragón largo y colorido desfila por las calles, como el evento culminante de las festividades.

El Año Nuevo también es el momento en que las personas limpian sus hogares a fondo para deshacerse de la mala suerte que haya quedado del año anterior.

¿Qué otros países celebran en este momento?

En todo el este de Asia, los países también celebrarán un nuevo año de acuerdo con el mismo calendario lunar.

En Vietnam, ese día se llama Tết Nguyên Đán, o Tết, que significa Festival de la Primera Mañana del Primer Día.

La gente limpia sus casas y las decora con flores frescas, como flores de durazno y kumquats. El rosa de la flor de durazno representa energía y el kumquat representa prosperidad.

En Corea del Norte y Corea del Sur se celebra el Seollal, que dura tres días. Las familias coreanas sirven comida a los antepasados ​​en un ritual llamado Charye, para obtener sus bendiciones para el próximo año.

En Corea del Sur, la carne enlatada se ha convertido en un regalo favorito de Año Nuevo, y la gente paga hasta US$75 por cestas de este regalo.

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En Mongolia, la gente ofrece sus plegarias en altares o santuarios hechos con pilas de piedras.

En Mongolia, el festival se llama Tsagaan sar. Algunos allí lo llaman el festival de la Luna Blanca. La gente ofrece sus plegarias en altares o santuarios hechos con pilas de piedras.

También intercambian botellas de rapé, que se cree que unen a las personas.

¿Cómo se celebra el Año Nuevo chino en todo el mundo?

Nueva York celebra una ceremonia de petardos, en la que harán explotar unos 600.000 en el parque Sara D. Roosevelt. Después habrá bailes de leones y desfiles por las calles de Chinatown.

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Buenos Aires y otras ciudades de América Latina también celebran la llegada del Año Nuevo chino.

Singapur organiza un desfile callejero llamado Chingay, que presenta carrozas, disfraces coloridos, actuaciones en vivo y fuegos artificiales.

Manchester es el hogar de una de las comunidades chinas más grandes y antiguas de Reino Unido y, en Año Nuevo, su dragón de 53 metros de largo desfila por las calles hacia el barrio chino de la ciudad.

En América Latina, ciudades como Buenos Aires, La Habana o Ciudad de México, entre muchas otras cuentan también con sus propias actividades y celebraciones para marca el inicio del Año Nuevo chino.


  • Wanyuan Song & Jeremy Howell
  • BBC News
  • 31/01/2022
  • https://www.bbc.com/mundo/noticias-60182758