martes, 15 de julio de 2014

Japón ya no es tecnología



EL PAÍS HA PERDIDO EL CARRO DE LA DIGITALIZACIÓN


"‎Esclavo de su orgullo el noble hidalgo, por ocultar su decadencia amarga, sufre el dolor de su existencia larga, acariciando el lomo de su galgo". 


El hidalgo pobre es una figura recurrente en la literatura española desde tiempos de Cervantes. Sirvió, en siglos posteriores, para establecer una semblanza entre el ocaso de la España imperial y el de su nobleza, empeñada en mantener su estatus público pese a la miseria que vivían puertas adentro.
Algo semejante sucede en el panorama tecnológico japonés. Después de décadas de esplendor, algunas de las firmas más importantes durante las décadas de los 80 y los 90 ven hoy tambalearse sus cimientos. El cambio de paradigma, de una tecnología mecánica a otra digital, les ha pillado a los tradicionales ingenieros nipones con el paso cambiado. Sus grandes fábricas son inocuas en la era del software y, en consucuencia, las cifras de negocio no cuadran. Es un sufrimiento silencioso, vergonzante, que llevan como una penitencia a la espera de ese golpe de timón que les devuelva a aguas tranquilas.


Nintendo


Es, quizá, la crisis más conocida. El diagnóstico de Nintendo es muy sencillo: su segmento de mercado, el de los jugadores ocasionales, ha sido fagocitado por las tabletas y los smartphones. Títulos como Candy Crush o Angry Birds, sencillos y adictivos, se han trasladado al formato app por dos motivos. El principal, el precio. Mientras que una app sale por menos de diez euros en el peor de los casos, los juegos de Nintendo oscilan entre los 40 y los 60 euros para Wii U y entre 30 y 45 euros los de la consola portátil. El usuario hace tiempo que trazó una raya en la arena: paga por títulos complejos de gran desarrollo técnico, pero no por juegos de diversión pura.

Se suma también que tablets y móviles son las navajas suizas del siglo XXI. Nadie puede pasar sin ellos, de modo que comprar una consola para usar juegos del mismo corte parece un sinsentido. Así, Nintendo no ha hecho más que recortar las previsiones de venta de sus dispositivos y rebajarlos de precio. De Wii U esperaban vender 38 millones de unidades en el año del lanzamiento, pero se han quedado en la mitad. Se ha introducido en un círculo vicioso, ya que los third parties, los estudios de desarrollo externos a la compañía, ven frágiles las consolas de Nintendo y tienden a no incluirlas en sus previsiones de lanzamiento. Los jugadores, por fin, pierden interés en estas máquinas ya que su catálogo es menos competitivo que los de Sony o Microsoft.


Sola ante el peligro

El otro de los problemas de Nintendo es común al resto de desarrolladores: el descenso de la rentabilidad. El precio final de los videojuegos está cabeceando contra el techo, mientras que los gastos de generación se han disparado con la alta resolución. Los juegos cada vez requieren inversiones más ambiciosas para un retorno dudoso. A diferencia de tiempos pasados, esta carga la sobrelleva sola Nintendo, obligada a nutrir de juegos de calidad a sus consolas sin apenas ayuda externa.

La situación de la compañía japonesa es crítica. Afronta su tercer año en números rojos, con una caída del 27% del beneficio con respecto a 2012 y un acusado descenso de ventas. Desde 2010, Nintendo ha visto esfumarse casi mil millones de euros de la caja, al tiempo que sus consolas poco a poco palidecen frente a la competencia. En el mismo tramo, como puede comprobarse en el gráfico adjunto, sus acciones en Tokio han perdido el 56% de su valor. Se esperan decisiones tajantes en los próximos meses si no se retoma la senda del éxito, como empezar a desarrollar para máquinas de otras compañías, una giro en su modus operandi impensable a principios de la década.


Sharp


Nunca en sus 102 años de historia Sharp Corporation había contemplado un panorama tan amenazador. La empresa que introdujo el televisor en los hogares japoneses, la pionera en la tecnología LCD, se ha dejado más de 7.000 millones de euros en los últimos ejercicios. "Nuestra pérdida de cuota de mercado es de tal magnitud que no podemos caer más bajo", explicaba el ex presidente de la compañía Mikio Katayama. Así, mientras que su acción cotizaba a 18,8 dólares en febrero de 2008, hoy lo hace a apenas 3.

La mayor depresión coincidió con el año que, en teoría, debía ser el más feliz, con su centenario en 2012, cuando la empresa con sede en Osaka registró unas pérdidas anuales de 4.700 millones de dólares, agravando las peores previsiones y haciendo vanos los planes de recuperación. El problema es que, aunque Sharp sigue siendo el principal fabricante de pantallas LCD para pequeños dispositivos, a partir de las ocho pulgadas en adelante las empresas surcoreanas, con Samsung a la cabeza, le han birlado el negocio.

Sharp, que se ha visto obligada a vender plantas de producción y a un recorte de más de 5.000 trabajadores, también ha perdido independencia en los últimos tiempos, al permitir que rivales como Samsung o Foxconn entrasen en su accionariado. No obstante, el ejercicio pasado registró un avance mínimo (82 millones) que le sirven, al menos para cerrar en negro. Si nada lo evita, en poco tiempo veremos a Sharp abandonar definitivamente la tecnología de consumo para centrarse en el único de sus negocios que le es rentable: los paneles solares.


Sony


Diversos analistas aluden a un dispositivo para explicar cómo Sony se ha desinflado: el walkman. El walkman coincidió con los años de mayor pujanza de la compañía y es el perfecto ejemplo de su filosofía: tecnología mecánica diseñada y ensamblada al milímetro. O, lo que es lo mismo, un sector con barreras de entrada que se vinieron abajo con la irrupción del software. El beneficio de la industria se ha desplazado súbitamente de la fabricación a los ingresos por propiedad intelectual, de modo que Apple obtiene en torno al 50% de ganancias por cada iPhone vendido, al tiempo que las fábricas chinas que los montan apenas consiguen un 4%. Para Sony, que es principalmente un fabricante, este escenario es el infierno.

A principios del presente siglo, cuando las compañías tomaban posiciones para afrontar un cambio en el paradigma industrial, Sony se empecinó en ofrecer productos de alta calidad, como los televisores Trinitron o el Minidisc, que no eran más que sublimaciones de un modelo en crisis. Para cuando los ejecutivos de la firma descubrieron que cualquier podía hacer una televisión con un LCD y un microchip el impacto en las cuentas era considerable.


La electrónica pierde dinero

Hoy Sony solo tiene dos negocios relacionados con la tecnología que pitan: su videoconsola PlayStation y la gama de teléfonos Xperia que, pese a que tardará en rentabilizar la inversión que se hizo para introducirla, ha tenido una buena acogida en el mercado. Tristemente sus ventas no sirven para mantener a flota a la división de Electrónica, conformada por productos tecnológicos de todo pelaje, que se mueve en números rojos desde 2008 con una pérdida acumulada de 8.500 millones de dólares.
Si Sony se mantiene viva es por el entretenimiento y, atención, la venta de seguros. Como lo leen: la división financiera supuso el año pasado el 64% del beneficio total del grupo. Los seguros de Sony, de vida, de coche y de salud, son muy populares en Japón y le han reportado a 9.000 millones limpios en la última década que sirven, al menos, para paliar la sangría de los aparatos. Por otra parte, la explotación de los sellos musicales y cinematográficos, además de derivados como el merchadising oficial, aportan otros 7.000 millones para tapar agujeros.

¿Tiene futuro Sony en la tecnología?
El consejo de administración, presidido por Kazou Hirai, insiste en que no hay otro camino de salida. "La tecnología es el futuro, y está en el ADN de Sony. Si yo estoy en este puesto es con una única misión: devolver a la empresa el lugar que merece", comentaba Hirai el pasado mes de febrero.  Los analistas se mueven en otra dirección. Sus opiniones, en líneas generales, se dividen entre los que piden una venta de sus divisiones para que puedan competir en un mercado cada día más ágil y los que consideran que Sony debería reagruparse en torno al entretenimiento, haciendo dinero con el cine y la música, tratando, como mucho, de integrarlos con su negocio de videojuegos.

http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2014-07-14/japon-ya-no-es-tecnologia_137434/

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