viernes, 12 de julio de 2013

El efecto mariposa de China

 
 
 
¿Cuán preocupante es la ralentización de China? La crisis crediticia interbancaria intensificó los temores sobre la creciente carga de deuda y sobre la seguridad de la banca china. La disminución del comercio, de la producción industrial y del gasto de los consumidores ha logrado que hasta los analistas más optimistas reconozcan que China ha cambiado de manera permanente a un crecimiento de menor velocidad.
 
La noticia negativa más reciente ha sido el dato de comercio de junio, que ha visto cómo las importaciones descendían 0,7% con respecto al año anterior, muy por debajo de las expectativas de los economistas de un incremento del 5,5%. Esto es una nueva señal de que las fábricas en China están atravesando dificultades.
 
El dato del Producto Interior Bruto del segundo trimestre, que se conocerá el lunes, probablemente muestre la segunda ralentización consecutiva del crecimiento, al 7,5%. Los analistas han pasado de prever décadas de crecimiento de entre 8% y 9% a preocuparse por lo contrario. Barclays prevé que China probablemente crezca 3% trimestral en algún momento de los próximos cinco años.
 
Son, definitivamente, malas noticias para los proveedores de materias primas como Brasil e Indonesia. También es probable que esto afecte a economías cercanas a la china, como Corea o Taiwán. Sin embargo, desde la perspectiva de Estados Unidos, podría decirse que la ralentización de China es algo positivo.
 
La exposición de Estados Unidos a la demanda de China es limitada. Goldman Sachs calcula que las compañías en el S&P 500 logran directamente un 5% de los ingresos en los mercados emergentes y sólo un 1% en China. Eso podría subestimar la cifra ligeramente, dado que las compañías desglosan los ingresos en categorías que engloban a regiones enteras, como Asia-Pacífico, que pueden incluir en el mismo saco a China, a Japón y a otros países. Y aunque China no supone el mayor porcentaje de ingresos, ha sido una importante fuente de crecimiento de ingresos.
 
Aún así, las acciones en Estados Unidos han tenido un buen desempeño en general en los dos últimos años, mientras que China ha ido relantizándose, señal de que la influencia de China en las compañías estadounidenses es tenue, al menos en comparación con el impacto de los estímulos de la Fed.
 
Mientras tanto, la ralentización de China significa una menor demanda mundial y un mayor margen para que la Fed mantenga el grifo monetario abierto. Los costes de importar de China, el mayor proveedor de Estados Unidos de bienes extranjeros, han caído un 1% en el año finalizado en mayo.
 
Y, al ser el mayor importador del mundo de petróleo, mineral de hierro y cobre, la creciente China tiene capacidad para inflar los costes de los insumos de todos los demás. Ahora que los nuevos líderes de China buscan poner fin al boom de la construcción, ocurre lo contrario, y muchas materias primas, especialmente los metales, están muy por debajo de sus máximos.
Eso es positivo para los consumidores y las compañías estadounidenses que dependen de las materias primas. Podría dañar a los gigantes petroleros estadounidenses, que han sido motores del crecimiento de Estados Unidos.  
 
Ciertamente, las compañías estadounidenses pueden verse afectadas por la ralentización de China. Yum! Brands, Wynn Resorts Ltd y Broadcom Corp cuentan con China para lograr más de un 50% de sus ingresos. La industria agrícola podría ver cómo cambian muchas fortunas en el caso de que flaqueen las importaciones de maíz o soja de China, algo que aún no ha sucedido. Y lo que es malo para los socios comerciales de China puede acabar trasladándose a Estados Unidos.
 
Lo más importante de la ralentización de China es que es una parte necesaria del objetivo de Pekín de reequilibrar la economía, alejándola de las inversiones imprudentes y acercándola hacia un crecimiento sostenible basado en el consumo.
 
Para las compañías estadounidenses que venden a China, un consumo más sólido, aunque sea en una economía con menor crecimiento, sería la mejor solución posible, incluso aunque tarde un tiempo, y bastante esfuerzo, en llegar a ese punto.
 
 
Por ALEX FRANGOS  July 11, 2013, 1:30 p.m. ET

"Cuando rompemos una relación de pareja deberíamos ir todos al psicólogo"

 
 
 
 
 
La coach cree que dar sin esperar nada a cambio nunca funciona .
 
La psicóloga Silvia Congost publica el manual 'Cuando amar demasiado es depender', para aprender a superar la dependencia emocional.
 
Luchar por alguien, necesitar al otro, amar demasiado. Son expresiones que están en nuestra vida cotidiana y que, ya sea por influencia de la literatura romántica, los clichés con los que crecemos o las escenas tórridas de cine y series de televisión, hacemos nuestras y las adquirimos como válidas. El problema surge cuando amar nos hace daño y nos produce sufrimiento hasta el punto que perdemos las riendas de nuestra vida y pasamos a depender emocionalmente de terceras personas. El diagnóstico tiene nombre: dependencia emocional, y en nuestra sociedad está más extendido de lo que creemos. Silvia Congost es psicóloga especializada en el tratamiento de la dependencia emocional y acaba de publicar el manual Cuando amar demasiado es depender (Oniro), donde da a conocer algunas de las claves que se pueden aplicar para librarse de esta situación.
 
Congost reconoce en el libro que ella fue prisionera de una relación dependiente, por lo que acabó especializándose y recogiendo información sobre una adicción que puede tener los mismos efectos devastadores para nuestra salud que otro tipo de dependencias tóxicas más tipificadas. Para la psicóloga, la base de todo está en entender la diferencia entre el amor y dependencia: “amar es elegir al otro, y esto quiere decir ser libre y tener el poder. Dependencia es necesitar, y esto implica ser esclavo en esta relación, tener miedo a perder al otro y vivir en una decadencia absoluta”.


-El amor es una elección y, aún así, es una de las principales causas de sufrimiento de la humanidad. ¿No sabemos escoger bien?
-Es cierto que hay muchas relaciones de pareja que no funcionan porque elegimos mal. Escogemos sin conciencia, sin tener claro qué es lo que buscamos y cuáles son las características que nos gustaría encontrar en la otra persona para que encajen con las nuestras. Por otro lado, muchos de los casos en los que se acaba sufriendo, se deben a que nos eligen a nosotros. Si partimos de una autoestima baja y tenemos miedo a no encontrar a nadie que quiera estar con nosotros, cuando alguien nos escoge nos aferramos a él o a ella con todas las fuerzas. El resultado suele ser que te adaptas a esa persona y dejas de ser tú mismo.

-Interpreto entonces que el sufrimiento no tendría que tener lugar en las relaciones de pareja…
-Nunca. La palabra sufrimiento y la palabra amor jamás tendrían que ir juntas, lo que pasa es que no lo tenemos entendido así. Creemos que una relación de pareja es una lucha, que hay que sufrir, que hay momentos en los que, para que funcione, lo tienes que pasar mal ¡No tiene nada que ver con todo esto!

-Sufrir por amor tiene cierto punto heroico en nuestra sociedad…
-La lucha en una relación no tendría que tener cabida jamás. Una relación de pareja tiene que ser fácil, debe fluir.

-Usted habla de dos elecciones a la hora de iniciar una relación…
-Sí, una es la inicial, cuando escogemos a la persona que nos gusta y nos enamoramos. Una vez hemos superado esta fase,  y si la persona encaja con esta idea inicial que tenemos de pareja, es cuando escogemos para comprometernos de verdad. Es ahí cuando empiezas a querer a esa persona y la eliges de forma definitiva. Si esa persona no ha encajado contigo tienes dos opciones: dejarla, que sería la correcta, o continuar, que es cuando nos enganchamos y nos exponemos al sufrimiento.

-El peligro de la fase del enamoramiento es que estás tan cegado que difícilmente descubres los defectos del otro…
-Puede ser que veamos cosas, pero solemos pensar que eso ya lo cambiará o que no tiene tanta importancia. Es ahí donde, por desgracia, pasamos por alto todas estas características que deberíamos tener en cuenta.

-¿Es posible cambiar a alguien durante una relación?
-Uno no cambia si no quiere. Si el cambio que esperamos es en la otra persona, obviamente ese cambio no lo podemos controlar porque dependerá de ella. No podemos dar por supuesto que el otro hará esta transformación. Esperar que otro cambie es absurdo.

-Aún así, lo seguimos esperando…
-Casi siempre. Muchas veces nos quedamos con una persona, sea de la manera que sea,  y empezamos a trabajar para que cambie aquello que vemos que no acaba de encajar y se acabe ajustando así al molde que nosotros buscamos. Esto no pasa nunca, y lo único que implica es un desgaste, una destrucción personal que nos lleva cada vez por un camino peor.

-¿La dependencia emocional es ahora mismo la dependencia que más se da en nuestra sociedad?
-No sé si es la más frecuente, pero es con la que más se sufre, con diferencia. Se sufre muchísimo más que con otras adicciones, como puede ser la adicción a ciertas sustancias. Está comprobado que el sufrimiento emocional engancha y es más elevado. Hay una parte obsesiva muy importante que te hace creer que no puedes continuar sin aquella persona. Esto nos hunde muchísimo.

-¿Querer al otro debería ser un autoaprendizaje o alguien nos debería enseñar a amar?
-Todos, más o menos, sabemos amar a los demás. Lo que sí que nos tendrían que enseñar es a pensar en el amor, en qué tendría que ser una relación de pareja sana, o en qué se entiende por una relación tóxica. Por una parte, saber qué buscamos y, por otra, conocer donde están nuestros límites para que no se diluyan cada vez más.

-No lo retrasemos. ¿Qué debemos entender por una relación tóxica?
-Una relación que nos hace sufrir, en la que estamos más tiempo pasándolo mal, que no construyendo algo firme y mirando hacia un futuro conjunto.

-¿Qué síntomas evidencian que nuestra relación puede acabar convirtiéndose en algo tóxico?
-Cuando tenemos dudas sobre si aquella es la persona adecuada o no, y no tomamos ninguna decisión, cuando vemos que entramos en una dinámica basada en las quejas sobre tu relación o tu pareja. A nivel físico empezamos a generar síntomas como la ansiedad, o algunos más depresivos como la pérdida de la ilusión, que nos hacen dejar de ser nosotros mismos y nos degradan cada vez más. Lo que pasa es que muchas veces no relacionamos estos síntomas con la relación de pareja. Como para nosotros dejar a esa persona no es una opción, creemos que nos pasa todo esto por otros motivos. Acabamos acudiendo al médico y nos medican, cuando esto no se soluciona así.

-¿Acude a su consulta mucha gente que antes se ha medicado para solucionar este problema?
-El 90% de las personas acuden con recetas de ansiolíticos o antidepresivos, cuando de toda esta gente sólo lo necesitarían un 5% o un 10%. Ni el propio médico los deriva a un psicólogo, sólo se fijan en los síntomas y les receta en consonancia. Ahí lo único que estás haciendo es poner un parche al problema para que no moleste, pero no lo estás tratando y el problema crece más.

-¿Cuándo tenemos que empezar a asumir que hay que pedir ayuda psicológica ante un problema con nuestra pareja?
-Soy de las que pienso que cuando se rompe una relación de pareja todos tendríamos que ir a un psicólogo para ver qué es lo que ha fallado y qué aprendizaje debemos hacer para no volver a repetir algunos errores. Si hablamos de antes de que la relación termine, es a partir del momento en el que empezamos a encontrarnos mal. Si echamos la vista a atrás nos daremos cuenta de que los problemas se van repitiendo y estamos encallados. Cuando tenemos un problema en nuestra relación deberíamos poder discutirlo y hablarlo, hasta el punto de que ya no debería surgir nunca más. Si esto persiste, hay algo que está fallando y necesitas ayuda de una tercera persona.

-¿Si supiéramos estar solos con nosotros mismos, habrían muchas menos parejas de las que hay en este momento?
-Quizás habrían menos parejas, pienso que sí, pero las que quedarían serían más sanas y satisfactorias. Sin tener miedo a quedarnos solos dejaríamos ir las relaciones que no funcionan con mucha más facilidad de lo que lo hacemos y no nos destruiríamos de esta manera.

-¿El miedo a la soledad es la principal causa a la hora de evitar dejar a alguien?
-Es una de ellas, sobre todo de cara a la otra persona porque solemos pensar, “¿y si cambia cuando no esté conmigo?”.No ha cambiado en 15 años pero tenemos este miedo irracional. También el miedo a dejar a alguien y pensar que no encontrarás a nadie como él. No encontrar a nadie como esas personas, con todo lo que estás sufriendo, debería ser un motivo de celebración. Nos enganchamos a estas características que nos gustan y perder esta relación pasa a ser algo dramático.

-Hay gente que sabe romper bien con sus relaciones tóxicas y otras que las pueden arrastrar toda la vida. ¿Qué les diferencia?
-La diferencia está en la autoestima de la persona. Aquellos que tienen una autoestima fuerte y confían en sus capacidades no tendrán inconveniente en pensar que ellos solos podrán salir de todo aquello que les suceda, y no tendrán problemas en dejar una relación que no funciona. Si confías en ti no temes quedarte solo porque crees que ya tienes lo necesario para salir de esa relación. Cuando tenemos una autoestima baja y nos sentimos poco valorados es cuando nos aferramos a una relación que no queremos perder por miedo a no poder continuar solos.

-¿Cómo se puede trabajar esta autoestima baja para que cambie?
-Con muy pocas sesiones de puede hacer un cambio importante para fortalecer tu autoestima. Todos partimos del mismo punto, no nacemos con una autoestima buena o mala, son los factores ambientales los que hacen que se construya de una manera o de otra: la falta de reconocimiento, el cariño que recibimos de nuestros padres, experiencias duras que hemos pasado…Para trabajar todo esto lo primero que hay que hacer es tomar conciencia de por qué tenemos la autoestima como la tenemos, y a partir de aquí se trata de aprender unas herramientas necesarias que nos permitirán tomar conciencia del potencial que tenemos y demostrarnos a nosotros mismos que no pasa nada por estar solos.

-¿Dar sin esperar nada a cambio funciona en una relación de pareja?
-Nunca. Es una creencia irracional que circula, y es falsa. Una relación de pareja tiene que ser un dar y recibir a partes iguales. El que da y no recibe, acaba sufriendo. Aquello que te dicen a veces de si amas a alguien tienes que demostrarlo ciegamente y hacer lo que sea por el otro, no es así.

-Usted vivió una mala experiencia personal con una relación y lo explica en su libro. ¿Cuál fue el punto de inflexión que le llevó a hacer este cambio de mentalidad?
-Estaba cada vez más desgastada, no entendía qué me pasaba y tenía la sensación de estar volviéndome loca ya que veía que no estaba bien con esa persona. Hacía intentos para dejar la relación, pero no podía y siempre volvía. Llegó un punto que no pude más, y por cuestiones del destino acudí a un seminario que organizó el colegio de psicólogos en el que estaba Walter Riso, y por primera vez oí hablar de dependencia emocional. Allí se me abrió el cielo y entendí qué es lo que me pasaba. Aprendí a pensar y a razonar, y decidí utilizar las mismas herramientas que pueden ser útiles para salir de cualquier adicción. Descubrí que había exactamente las mismas fases y las fui trabajando una a una.  Al ver que muchos de mis clientes estaban pasando por una situación similar, acabé definiendo un proceso de terapia con todos estos pasos y con el que, con menos de diez sesiones, se pueden obtener resultados inmediatos con gente que lleva años arrastrando relaciones tóxicas.

-Socialmente el amor es una adicción bien vista…
-Es cierto. También es verdad que romper con una relación de pareja muchas veces se ve como algo muy gordo, que asocias con una sensación de fracaso. Nos cuesta romper con nuestras relaciones por esta presión social existente y por el miedo al qué dirán. ¿Qué quiere decir amar demasiado? O amas o no amas, pero si amas demasiado es que estás sobrepasando unos límites.

-¿Decir que amas a alguien en exceso o que lo necesitas para tu vida hay que dejarlo para la literatura romántica?
-Son frases muy tóxicas. Hay muchas parejas que se dicen constantemente que se necesitan y esto ha hecho mucho daño. Parece que estás haciendo una demostración de amor extraordinaria, cuando en realidad la interpretación es que si necesitas a alguien estás enfermo.

-¿Haber pasado por una dependencia emocional fuerte te puede marcar para el resto de tu vida?
-Si se hace el proceso de reconstrucción bien hecho nos producirá un aprendizaje que luego utilizaremos en beneficio propio. Una persona que lo ha superado bien y ha aprendido, no vuelve a repetir una relación de este tipo porque aprende cuáles son sus valores y tiene mucho más claro lo que quiere. Esto hace que elija con muchísimas más posibilidades de éxito.

-¿Tener claro lo que no quieres, aunque no sepas lo que es, es positivo?
-Sí. De entrada, nos ayudará a descartar. Aún así, pienso que sí que deberíamos tener cuatro o cinco características básicas de lo que queremos. Tener claro qué es lo que no estamos dispuestos a tolerar quiere decir que tenemos claro cuáles son nuestros límites y esto es muy importante.

-Después de una dependencia y del aprendizaje posterior, ¿qué hay que hacer con esa persona que nos ha causado daño?
-Contacto cero es una de las premisas más importantes. Ver a esa persona nos hace volver a entrar en una dinámica de ilusiones y esperanzas que son muy destructivas.


Albert Domènech |11/07/2013 - 00:04h | Última actualización: 11/07/2013 - 09:32h
Leer más:
http://www.lavanguardia.com/vida/20130711/54376678501/rompemos-relacion-deberiamos-ir-todos-psicologo.html#ixzz2Yinai2Qh

jueves, 11 de julio de 2013

¿Se encamina Egipto hacia una guerra santa?

 
 
El simple hecho de plantear la pregunta disgustará a algunos.

 
Lejos de los puntos álgidos del conflicto, la vida de millones de egipcios continúa de forma normal. Y es que los problemas fundamentales de Egipto son más económicos que políticos.
 
Pero en una semana en la que el brazo político de los Hermanos Musulmanes pidió "un levantamiento del gran pueblo de Egipto en contra los que tratan de robar su revolución con tanques", cuando decenas de personas murieron en enfrentamientos entre el Ejército y los islamistas y cuando el gran jeque de al-Azhar advirtió la posibilidad de una guerra civil, la incómoda pregunta flota en el aire.
¿Enfrenta ahora Egipto el riesgo de una nueva "guerra santa" peleada por los islamistas en contra de las autoridades?
 
 

Minoría extremista

Hay muchas razones para ser optimistas sobre que la nación más poblada del mundo árabe debería ser capaz de evitar caer en una escalada de violencia fanática, de inspiración religiosa, luego del derrocamiento del presidente Mohamed Morsi la semana pasada.
Habiendo vivido allí dos veces, durante varios años, he experimentado de primera mano lo bondadosos, generosos y sobre todo tolerantes que pueden ser los egipcios.
Hay también extremistas pero son una minoría. Sus puntos de vista, sin importar lo ruidosos que parezcan, no representan al grueso de la población.
Egipto también ha sobrevivido a peores crisis: el asesinato de su presidente por una célula yihadista en 1981 y una insurgencia islamista en la que murieron más de 700 personas a finales de 1990, que culminó en la masacre de 58 turistas extranjeros en Luxor en 1997.
Sin embargo, dada la desafortunada confluencia de los acontecimientos y las tendencias que han surgido en Egipto esta semana, sería poco prudente ignorar las semillas de una potencial guerra santa que ahora se están sembrado.
Echemos un vistazo a los ingredientes:
 

"Martirio", consignas y retórica

"Vamos a llevar a cabo explosiones, vamos a tomar las armas y nada más que la muerte nos va a disuadir de restituir al presidente Morsi en el Palacio", señaló el periódico al-Hayat, citando las consignas de un hombre barbudo proclamadas en una manifestación a favor de los Hermanos Musulmanes.
Un pequeño número de jóvenes están empezando a verse entre la multitud portando las mantas blancas que simbolizan su disposición al "martirio", un espectáculo teatral de hasta qué punto algunos dicen estar dispuestos a llegar para reponer en el poder a un presidente islamista electo.
Desde la remoción de Morsi, algunos foros de internet se han llenado de llamadas airadas de venganza contra el ejército de Egipto, al que califican de "enemigo del Islam" y señalan a policías y soldados como blanco de ataque, al igual que sucedió en el sur de Egipto durante la insurgencia en la década de 1990.
Por ahora, estas declaraciones son en su mayoría retóricas y aspiracionales -a pesar de que las fuerzas de seguridad han sido atacadas a menudo en el Sinaí.
La amenaza a la región central de Egipto sólo se hace real cuando esta retórica inspira a la gente a traducirla en acciones violentas.
 

Armas al alcance

La seguridad en Egipto se ha deteriorado drásticamente desde el derrocamiento del mandatario de facto Hosni Mubarak en 2011, pero en comparación con Siria, Libia, Irak y Yemen aún hay relativamente pocas armas de fuego en manos privadas.
Sin embargo, la región central de Egipto se encuentra entre dos zonas repletas de armas ilegales: Libia y la península del Sinaí.
El derrocamiento del régimen del coronel Muamar Gaddafi en la vecina Libia abrió las puertas a sus arsenales, liberando un torrente de armas de fuego, muchas de las cuales han terminado en grupos yihadistas que operan a través del Sahara y en el este de Libia.
Un informe de Naciones Unidas publicado en abril concluyó que "las armas utilizadas durante la guerra civil de Libia contra Muamar Gaddafi están siendo canalizadas a un ritmo alarmante a otros países de la región".
Explicó que el armamento iba desde pequeñas armas hasta explosivos de alto poder, minas y sistemas de defensa aérea portátiles.
Según el reporte, este flujo de armas a Egipto era una amenaza para su seguridad interna, porque muchas estaban llegando a los insurgentes contrarios al gobierno en el Sinaí.
 

Enfrentamientos religiosos

Casi el 10% de la población de Egipto está formada por cristianos coptos.
En su mayoría viven en armonía en ese país de mayoría musulmana, pero algunos extremistas islamistas quieren verlos expulsados, tal y como ha sucedido con la población cristiana en Irak.
Se han registrado ataques aislados pero mortales a los cristianos y a sus iglesias en Egipto, y el año pasado –durante la presidencia de Morsi- muchos coptos egipcios dudaron del compromiso del gobierno para proteger a su comunidad.
Ahora que ha sido removido, hay una contra-suspicacia en algunos partidarios de la Hermandad Musulmana de que los cristianos de alguna manera tuvieron algo que ver en su salida.
Si Egipto llegase a ser presa de la violencia yihadista, entonces sus cristianos coptos serían un blanco fácil.
 

Frustración política

Hay una sensación casi unánime entre los analistas de Oriente Medio que, por incompetente que hubiera sido el mandato de Morsi, su expulsión después de sólo un año de gobierno envía un mensaje muy peligroso a los islamistas.
Se corre el riesgo de dejarlos con la conclusión de que el proceso democrático que ha promocionado Occidente durante tanto tiempo es una vía cerrada para ellos, lo que empujaría a algunos a recurrir a las balas en lugar de los votos.
El editor Abdel Bari Atwan escribió en diario al-Quds al-Arabi: "El golpe militar sin duda servirá a los grupos extremistas dentro de la corriente islámica -específicamente dentro de la Hermandad Musulmana- y confirmará el argumento de al-Qaeda y otros grupos, que rechazan la democracia y la consideran una invención occidental".
 

Problemas económicos

Por último, pero no menos importante, Egipto se enfrenta a una crisis económica en cámara lenta.
Desde la sublevación de 2011 en contra de Mubarak, los latentes problemas económicos y fiscales del país han entrado en una caída libre.
El turismo se ha desplomado, el desempleo y la delincuencia se han disparado, la confianza se ha evaporado y el gobierno se está quedando sin dinero.
La incapacidad de Morsi para solucionar estos problemas fue un factor importante para su impopularidad, pero esos problemas seguirán ahí para quien se convierta en su sucesor electo.
Una combinación de una economía en crisis, las nulas perspectivas de empleo y la profunda frustración política pueden conducir a una peligrosa sensación de desesperación. Un terreno fértil, pues, para aquellos que buscan reclutar con objetivos nefastos.

 
Frank Gardner  BBC   Última actualización: Miércoles, 10 de julio de 2013

La vida secreta de Osama Bin Laden en Pakistán

 
 
Usaba un sombrero de vaquero, salía muy poco de casa y llevaba una vida extremadamente austera. Así de simples eran las medidas de seguridad que permitieron a Osama Bin Laden pasar desapercibido en Pakistán por diez años.
 
Un informe especial comisionado por el gobierno de ese país, que fue divulgado este martes por la televisora al-Jazeera, contiene profusos detalles de los últimos años de la vida de Bin Laden antes de que muriera a manos de fuerzas estadounidenses en un operativo en mayo de 2011.
 
El documento -que, según el corresponsal de la BBC Richard Galpin ha estado en manos del gobierno por seis meses pero mantenido en la sombra- acusa a Washington de haber cometido un "acto de guerra" al haber tomado el complejo en que residía en la localidad de Abbottabad, pero también califica al gobierno de incompetente y negligente por no haberse percatado de la presencia de Bin Laden.
Con información de unos 200 testigos, incluidas sus viudas, la comisión especial reconstruyó la cotidianidad del que fuera el hombre más buscado del mundo.
Se cree que Bin Laden llegó a Pakistán en la primavera o verano de 2002 y que se quedó sucesivamente en el sur de Waziristán, Bajaur, Peshawar, Swat y Haripur antes de establecerse en su último destino en 2005.
 
 
 

Exceso de velocidad y partos

Los testimonios describen a un hombre que mantenía un perfil bajo e imponía disciplina.
Para empezar, sólo su familia directa y sus dos guardaespaldas sabían quién era. Las esposas y siete hijos de sus colaboradores vivían separados del resto del grupo.
 
Entretanto, los hijos y nietos de Bin Laden tenían que permanecer con él todo el tiempo y llevaban vidas "extremadamente regimentadas y aisladas". Bin Laden supervisaba personalmente la educación religiosa y el juego de sus nietos, que incluía competencias simples de cultivo de vegetales en el jardín.
Uno de los episodios más llamativos constituye también una de las pocas ocasiones en que se aventuraron fuera de casa.
Según el testimonio de Maryam, esposa de Ibrahim, uno de los guardaespaldas, el automóvil en el que viajaban camino de un bazar cercano fue detenido por exceso de velocidad.
Sin embargo, Ibrahim "rápidamente arregló el asunto" y la policía los dejó ir, con Bin Laden dentro.
Durante los años que vivieron en localidad de Haripur, la tercera esposa de Bin Laden, Amal, dio luz en dos ocasiones.
Lo hizo en el hospital, pero nunca habló con los doctores: la joven de 29 años y de nacionalidad yemení, no sabía urdu, lo que hacía imposible hacerla pasar por local. Las conversaciones las manejaba el entorno de Bin Laden, mientras ella se fingía sordomuda.
Como medida de seguridad, también acordaron no usar teléfonos en la localidad. Los asistentes del líder de al Qaeda recorrían distancias de decenas de kilómetros antes de intentar un contacto por esta vía.
 
 
 

Tres trajes y unas pocas manzanas

Maryam también le dijo a los investigadores que Bin Laden y los suyos se ajustaban a un estilo "extremadamente frugal".
Se cree que sólo tenía tres vestidos tradicionales de verano, tres de invierno, una chaqueta y un suéter negro. El sombrero de vaquero lo llevaba para evitar ser detectado desde el aire.
Su última residencia, en Abbottabad, fue construida en un terreno adquirido por sus colaboradores bajo identidades falsas. Los hombres dijeron haber abandonado su tierra por causa de una disputa familiar, lo que explicaba la altura inusual de las paredes y el aislamiento de los ocupantes.
Los guardaespaldas se ocuparon de contratar cuatro compañías diferentes de electricidad y gas, de manera que ninguna cuenta saliera tan elevada que despertara sospechas sobre el número de personas que vivía en la casa.
Y el terremoto de 2005 le dio la excusa que necesitaba para añadir una planta al edificio, bajo el pretexto de efectuar reparaciones.
Durante los últimos años, Bin Laden no habría abandonado la edificación prácticamente nunca.
Se cree que sufría de varios problemas de salud, incluidos renales y cardíacos, pero nunca fue visto por un doctor.
De acuerdo con el informe, en ocasiones se quejaba de cansancio. Entonces comía chocolate o una manzana.
 
 
 

Invisible

Aún con todas estas precauciones, la comisión dice no entender cómo se volvió "invisible" sin salir, por seis años, del mismo lugar, que además estaba ubicado al lado de una importante academia militar paquistaní.
"Cómo un vecindario entero, oficiales locales, la policía y efectivos de seguridad e inteligencia no notaron el tamaño, la forma extraña, el alambre de púas, la falta de automóviles y visitantes por un período de seis años desafía el entendimiento", señala el informe.
El documento no habla abiertamente de complicidades, aunque tampoco descarta la posibilidad.
Para el profesor del Instituto Superior de Estudios de Seguridad en España, Lorenzo Castro, el informe muestra una compleja mezcla de elementos.
"Quizás, por una parte, los paquistaníes no querían complicar sus problemas con los grupos radicales. También puede haber contado un cierto sentido de hospitalidad, pero es claro que no había una voluntad muy contundente de cooperar", le dijo a BBC Mundo.
Castro recordó que Pakistán es una nación grande y compleja, con zonas tribales y áreas donde la autoridad del Estado es débil.
Más allá del Estado, el profesor considera que una cierta indiferencia de los paquistaníes habría contribuido a que tampoco sus vecinos sospecharan del complejo de Abbottabad.
"No es que no estaban del lado de Bin Laden, sino que no están del otro lado. Sencillamente, para ellos Bin Laden no era un problema", opinó.
 
 
Algunas peculiaridades
 
  • Bin Laden supervisaba directamente la educación religiosa de sus hijos y nietos, así como sus juegos, que incluían competencias de siembra de vegetales en el jardín.

  • Se cree que sólo tenía tres vestidos tradicionales de verano y tres de invierno, además de una chaqueta y suéter negro. Usaba un sombrero de vaquero para evitar ser detectado desde el aire.

  • Se piensa que sufría de problemas renales y cardiacos, pero nunca fue visto por un médico. Cuando sentía agotamiento comía chocolate o una manzana.

  • En una ocasión el auto en que se trasladaba a un bazar fue detenido por exceso de velocidad. Pero no fue detectado.

  • Para ocultar el hecho de que una de sus esposas no hablaba el idioma local, fingieron que era sordomuda

  • Redacción  BBC Mundo   Última actualización: Martes, 9 de julio de 2013

    Guía útil para el divorcio: lo que deben saber los hombres para vivir mejor

     
     
    El periodo inmediatamente posterior al divorcio es el menos indicado para tomar decisiones vitales.
     
     
    Más de 100.000 matrimonios se divorcian cada año en España. Un creciente fenómeno hasta poco antes del inicio de la crisis económica, cuando las rupturas matrimoniales se estancaron e, incluso, descendieron ligeramente, como reflejan los datos del INE.
     
     A pesar de ello, en 2011 se superaron los 103.600 divorcios. El perfil mayoritario de estas parejas es el de personas con edades comprendidas entre los 40 y los 50 años y con hijos. Unas edades en las que se multiplican las dificultades para reiniciar una nueva vida, tanto en el plano sentimental como en el económico. El escritor Nicholas Lezard las ha vivido en primera persona, y ha querido compartir sus métodos y estrategias para superar este bache vital en el libro Bitter Experience Has Taught Me (Faber and Faber).
     
    Cómo si fuese una guía básica masculina sobre qué hacer “cuando te dicen que te vayas de casa después de 20 años de matrimonio”, Lezard ofrece una serie de consejos a partir de su experiencia personal. Unas enseñanzas que se pueden resumirse en una idea central: “Debemos estar dispuestos a evolucionar porque la vida es un cambio continuo”.
     
     
    Los juicios innecesarios solo prolongan la agonía
     
    Las batallas legales no suelen ser buenas para nadie, “a excepción de los abogados”, apunta el escritor. En su caso, se gastó una elevada cantidad económica en contratar a los mejores abogados, lo que solo le valió para prolongar su agonía y mantener duros enfrentamientos con su expareja. El periodo inmediatamente posterior al divorcio no es propicio para tomar decisiones racionales y reflexivas, ya que surgen las ansias de venganza y pesa más la idea de “hacer daño al otro que obtener un reparto de bienes lo más equitativo posible”.
    Para Lezard, lo más rápido, beneficioso y sano es tratar de negociar y encontrar un acuerdo entre ambas partes. De este modo, “ahorrará tiempo, dinero y evitará que la separación sea más traumática de lo que ya lo es de por sí”.
     
     
    Potencia tu vida social (pero no vivas con la primera pareja que encuentres)
     
    “Mentalízate que, al menos durante la fase de duelo, tu vida va a ser muy triste, tendrás remordimientos y estarás desmotivado”, asegura el autor de Bitter Experience Has Taught Me. Y es que no es lo mismo “que nos echen de casa a que nos vayamos nosotros”, añade, pues es inevitable sentirse agraviados y heridos por muy alta que se tenga la autoestima. Es por ello que recuperar la vida social, que normalmente se descuida durante el matrimonio, o conocer a nueva gente ayuda a recuperarse del golpe y devuelve parte de la dignidad perdida.
    Tras superar la ‘fase de duelo’ se suele caer en el “error” de volcarse de lleno en la primera relación sentimental que se entable. Unas ansias por volver a recuperar la vida en pareja que pueden llevar a tomar decisiones precipitadas, como puede ser irse a vivir juntos. Para Lazard, se trata de una cuestión que debe madurarse mucho si no se quiere fracasar y deshacer todo el trabajo previo realizado en lo que a autoestima se refiere.
     
     
    Ahora sí, tus hijos son lo más importante de tu vida
     
    En un contexto en el que éxito laboral escala posiciones en la pirámide de necesidades, es posible que no se dedique todo el tiempo que se debiera a la educación de los hijos y a los momentos de ocio con ellos. Sin embargo, el ‘shock’ provocado tras el divorcio ayuda a relativizar el afán materialista en favor del tiempo que se pasa con los hijos. Las cosas se aprecian más cuando no se pierden o no se pueden disfrutar tanto como antes. La mejor manera de demostrarles cariño no es otra que intentar mantener una relación cordial con su madre, al menos en su presencia. El autor de la denominada guía para el divorciado también insiste en la necesidad de transmitirles a los niños que uno está bien para cuidar tanto su bienestar como el del padre.
     
     
    Aprender a ser conformista y a valorar las pequeñas cosas
     
    Aceptar que ya no se podrá vivir en una casa con las mismas dimensiones que las del hogar familiar, así como mucho menos acogedora, es un paso inevitable tras el divorcio. Para el escritor es fundamental valorar que, por lo menos, se tienen al lado a los familiares y amigos, además de un techo donde vivir. Aunque admite que no es fácil empezar de cero, hay que afrontar esta nueva etapa vital con optimismo e intentando ser positivos pues, de lo contrario, nunca se logrará superar esta traumática situación. Dar una sensación de pena a las personas del entorno será lo más contraproducente que se puede hacer.
     
     
    Ganarás en prudencia y no intentarás cambiar a los demás
     
    Nadie es perfecto, pero uno solo suele darse cuenta de ello tras una ruptura matrimonial, lamenta Lezard. En base a ello, es necesario resignarse a intentar cambiar a las personas que nos rodean: “La vida es demasiado corta para ello y, francamente, nunca lograrás tus objetivos y te sentirás un insatisfecho crónico”.
     
     
    Tus gustos volverán a ser parecidos a los de tu juventud
     
    Una buena parte de las aficiones compartidas con la pareja suelen abandonarse tras la separación. Su lugar suele ser ocupado por las aficiones y gustos previos al matrimonio y que, por diferentes razones, se dejaron de practicar. Como si se intentase volver a un estadio vital que se quedó atrás, resurge el interés por acudir a conciertos, hacer deportes ya olvidados o viajar a aquellos lugares que no le gustaban a la pareja o a los que no se podía ir con niños pequeños. No se trata de una actitud perniciosa o infantil pues, como asegura el autor, “ayuda a superar el trauma”.

     
      10/07/2013   (06:00)

    miércoles, 10 de julio de 2013

    En Bélgica, muchos ven la eutanasia como un fin digno al sufrimiento

     
     
     
    PUTTE, Bélgica—En este pequeño pueblo, en plena zona rural de la Región Flamenca, eran un dúo poco común pero aparentemente feliz; dos gemelos idénticos y sordos de 43 años. Los lugareños recuerdan ver a Marc y Eddy Verbessem por el pueblo con frecuencia, conversando animadamente entre ellos en lenguaje de señas, conduciendo un pequeño auto azul y comprando regularmente dos copias de una popular revista de chismes.
    Nadie preveía que decidieran morir a propósito.
    Según su médico, los gemelos habían desarrollado un desorden genético que los estaba volviendo ciegos, y hace varios años comenzaron a presionarlo para que terminara con sus vidas. Incluso en Bélgica, con su ley de eutanasia promulgada hace una década, el pedido fue chocante, ya que los hermanos eran relativamente jóvenes y no padecían una enfermedad terminal. No obstante, su médico afirma que a medida que su enfermedad empeoraba y amenazaba su independencia, le entregaban sobres que contenían un pedido directo de eutanasia, junto con una lista de síntomas que les estaban haciendo la vida insoportable.
     
    La agobiante experiencia de los mellizos no era conocida públicamente en ese momento, pero su pedido —y su ejecución el pasado diciembre— pone de manifiesto una batalla emocional por expandir la ley de eutanasia de Bélgica y repercute en el debate sobre el fin de la vida en otros países.
    El 14 de diciembre, Marc y Eddy, después de una larga batalla médica y legal, se reunieron con sus doctores y su familia en un hospital de Bruselas, cuenta su médico. Disfrutaron de una última taza de café y se acostaron en camas contiguas, donde un sacerdote dijo una oración. Luego saludaron a su familia y señalaron hacia arriba como si estuvieran diciendo: "Nos vemos del otro lado". Recibieron sus inyecciones y murieron.
    Bélgica adoptó la eutanasia en 2002, un año después de su vecina Holanda, con la meta de ayudar a pacientes incurables a evitar "un sufrimiento físico o mental insoportable". El procedimiento se ha vuelto ampliamente aceptado. En 2011, el último año con cifras disponibles, 1.133 belgas recibieron la aprobación para sus solicitudes de eutanasia, un aumento de alrededor de cinco veces frente al primer año completo después de que se aprobara la ley. La eutanasia representa cerca de 1% de todas las muertes en Bélgica.
    El parlamento belga ahora considera expandir la eutanasia de una forma que muchos países podrían encontrar espeluznante. Una propuesta incluye que adolescentes gravemente enfermos puedan pedir la eutanasia, si sus padres están de acuerdo. Otro proyecto de ley permitiría que pacientes con síntomas precoces de Alzheimer firmen una declaración solicitando que su vida sea terminada cuando un médico concluya que ya no interactúan con el mundo exterior, aunque parezcan contentos y tengan buena apariencia en ese momento. Actualmente, los pacientes deben estar lúcidos para pedir la eutanasia.
    El caso de los gemelos, junto con estas propuestas, está teniendo peso en el debate sobre el fin de la vida en países como Estados Unidos, donde quienes se oponen al suicidio asistido advierten que el país podría terminar como Bélgica. Los detractores señalan que el caso de Marc y Eddy demuestra que las leyes de este tipo invariablemente expanden su alcance.
     
    "Es una profunda visión del mundo si uno acepta que la vida no es necesariamente algo bueno y la muerte algo malo", dice John Brehany, director ejecutivo de la Asociación Médica Católica de EE.UU. "Mucha gente en el mundo no es feliz, y si la muerte es una opción más que les damos, entonces el mundo será un lugar muy distinto".
    Sin embargo, muchos europeos consideran que la eutanasia es un acto de compasión, una manera que tienen las personas de controlar su destino e incluso una cuestión de derechos humanos. "Esta ley debería servir como un ejemplo para países que no han podido ponerse de acuerdo sobre un marco apropiado para este tema delicado", sostiene David Dufour, el médico de los gemelos.
    En EE.UU., los estados de Oregón, Washington, Montana y Vermont permiten el suicidio asistido, mientras otros lo consideran. El suicidio asistido es distinto a la eutanasia porque el paciente mismo, no el médico, administra la dosis letal. Eso es crucial para muchos estadounidenses, y las encuestas sugieren que los votantes en EE.UU. están más abiertos al suicidio asistido que a la eutanasia, aunque sus críticos afirman que una cosa puede llevar a la otra.
    El debate sobre el fin de la vida se globalizó y la eutanasia define uno de sus extremos. En 2008, Luxemburgo se sumó a Bélgica y Holanda al permitir la eutanasia. En Francia, un panel médico recientemente aprobó la práctica, lo que despeja el camino para posibles leyes. Suiza permite el suicidio asistido.
    El tema también se ha infiltrado en la cultura general de todo el mundo. Hace poco, la BBC encargó una serie titulada Way to Go, "una comedia negra sobre tres hombres comunes que se ven obligados por circunstancias extraordinarias a establecer una empresa de suicidio asistido".
    En Bélgica, la posición de la eutanasia es ilustrada por Gerda Windgasse, de 72 años, una alegre secretaria jubilada que planea poner fin a su vida en los próximos años. Tiene Alzheimer aún leve, y cuando crea que se ha deteriorado lo suficiente, planea reunir a su familia y recibir una inyección letal.
     
    "Mi vida fue buena, pero no quiero vivir dos años más si mi mente ya no me acompaña", explica Windgasse. "Cuando no reconozca a mi esposo o mis hijos o nietos, no quiero eso".
    "Cuando encontré un médico que me podía ayudar con la eutanasia, se me cayeron las lágrimas, estaba tan feliz", recuerda. Saber que puede acabar con su vida antes de perder su dignidad, dice, "me hace sentir libre, como si pudiera volar".
    Su médico, Peter De Deyn, neuropsiquiatra de la Universidad de Amberes, rechaza la idea, predominante especialmente en EE.UU., de que los pacientes pueden ser forzados a elegir la eutanasia por parte de médicos o familiares. Sostiene que la eutanasia sólo se lleva a cabo en quienes lo desean desesperadamente.
    "Es algo que están esperando", afirma. "Eso puede sonar paradójico, pero es la única forma de irse de forma digna, con control de su vida y muerte", añadió De Deyn.
    En junio, Christian de Duve, un premio Nobel de medicina belga, recibió la eutanasia en su casa a los 95 años luego de varios problemas de salud. Esos casos prominentes pueden estimular un gran interés en la eutanasia.
    Ahora el senado belga debate si expandir la ley. Una de las propuestas más polémicas sería permitir que menores sumamente enfermos soliciten la eutanasia, si un psiquiatra establece que tienen una "capacidad de discernir" y si sus padres están de acuerdo. La iglesia católica, entre otros, se opone firmemente.
    Quienes apoyan el suicidio asistido afirman que la historia refuta este tipo de argumentos. El estado de Oregon en EE.UU., sostienen, nunca tomó medidas para expandir su ley, a pesar de permitir el suicidio asistido desde 1977.
    Pero el caso de los mellizos Verbessem es citado en EE.UU. por detractores de la eutanasia como evidencia de adónde pueden llevar estas leyes. El sufrimiento de los mellizos era esencialmente psicológico —temor a perder su independencia— y su enfermedad, aunque incurable, no era fatal. Sin dudas, sostienen algunos críticos, se podría haber encontrado una forma de aliviar su aislamiento y mejorar sus vidas.
    Otros lo ven distinto. Para 2010, la visión de los hermanos se había deteriorado al punto de no poder conducir ni llenar formularios, y sufrían de otros síntomas no divulgados. Dependían cada vez más de sus padres, cuya salud se debilitaba.
    Los padres prefirieron no hacer comentarios, al igual que el hermano de los mellizos, pero Nora de Weerdt, quien trabaja en una panadería donde los mellizos compraban pan y sándwiches, los describió como inseparables. Finalmente recibieron ayuda de una persona que vivía con ellos, afirmó Peter Gysbrechts, entonces alcalde del pueblo, pero valoraban la independencia. "Es difícil imaginarse estar en esa situación", dijo. "Es una decisión difícil, e imposible de juzgar".
     

    martes, 9 de julio de 2013

    MONGOLIA, EL PAÍS QUE MÁS CRECIÓ EN 2011, ASPIRA A CONVERTIRSE EN EL PRÓXIMO QATAR

     
     
    Este es el nuevo paraíso de los recursos minerales
     

    Imagine vivir en un país tan grande como Libia o Irán, pero donde sólo hubiera tres millones de habitantes. Imagine que bajo sus pies y el de sus vecinos se escondiera un tesoro con un valor calculado inicialmente en un billón de euros. Y ahora coja un mapa y encuentre esa tierra prometida en las profundidades de Asia, enclavada entre Rusia y China. Se trata, en efecto, de Mongolia, considerada por los expertos como el próximo Qatar debido a sus ingentes recursos minerales, la mayoría aún por explotar.
     
    Es difícil encontrar otro rincón en el mundo en semejante estado de ebullición: una sociedad de raíces nómadas cuyo PIB ocupó el primer puesto mundial de crecimiento en 2011, con una expansión del 17,5%, y que el año pasado se conformó con un 12,3%; un país que durante 20 años ha crecido al 9% anual, pero donde el 30% de la población sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza, la misma cifra que en 1990; un Gobierno que al caer la Unión Soviética abrazó la democracia y el Estado de derecho, pero que en 2011 ocupó el puesto 120 en el índice de corrupción que cada año elabora Transparencia Internacional, cayendo al mismo nivel que Irán y Bangladesh; una capital, Ulán Bator, en la que proliferan las tiendas de lujo y las grúas de construcción, pero donde la mitad de la población vive en yurtas en los suburbios, sin luz ni agua corriente en un país donde la temperatura desciende durante meses a 30 grados bajo cero.
     
    "Debemos darle cuatro años más; la gente tiene la sensación de que este Gobierno tiene muchos proyectos en marcha y no sería bueno elegir ahora a otro presidente", opina Ogi, empresaria de 34 años, mientras se tambalea al volante de su todoterreno por las destartaladas calles de Ulán Bator. "En Mongolia se están creando muchas oportunidades. Mire, por ejemplo, no conozco ningún restaurante español aquí en la ciudad. ¿Por qué no se anima y abre uno? A los mongoles nos encanta probar cosas nuevas", arenga sin ningún rastro de broma.
     
    Ya sea por la sensación de que su faena aún está incompleta o porque realmente aprueban su ejercicio de gobierno, hace semanas los mongoles reeligieron a Tsakhia Elbegdorj, del Partido Democrático, como presidente del país para una segunda legislatura con un 50% de los votos. Elbegdorj es un periodista formado en la última etapa de dominación soviética (Mongolia fue durante décadas una especie de protectorado de la URSS). El hoy mandatario, que ya fue primer ministro durante ocho años, es respetado por los suyos por haber contribuido a expulsar a las fuerzas de Moscú en 1990.
     
     
    Incalculables reservas de oro, cobre y carbón
     
    Con los años, Elbegdorj se ha ganado fama de luchador contra la corrupción endémica del país y de recibir con flores y alfombra roja cualquier inversión extranjera. Una inversión que, de momento, se centra casi exclusivamente en el sector de la minería, el petróleo de Mongolia. El valor global de sus reservas de carbón, cobre y oro, entre otros minerales, es incalculable. Desde que se comenzaron a explotar esos recursos, el crecimiento del PIB se ha disparado a cifras de dos dígitos. El 10% de la población (unas 300.000 personas) vive directa o indirectamente de ese sector, en trabajos generalmente mal remunerados y altamente peligrosos. De hecho, la minería es la causa de que muchas familias hayan decidido abandonar el nomadismo que durante siglos practicaron sus ancestros y se hayan asentado en los suburbios de Ulán Bator y de otras capitales de provincias. Una apuesta arriesgada, pues si bien la minería da "trabajo y pagos asegurados cada día", como cuenta un minero a El Confidencial, casi la mitad de esos nómadas que llegan a la ciudad son incapaces de encontrar un empleo, lo que los aboca al alcoholismo y la delincuencia callejera.
     
    "Gran parte de nuestro crecimiento económico procede de la minería. Ahora la economía mongola es de un solo color, pero a nosotros nos gustaría que fuera una economía multicolor. Mi mensaje a los inversores extranjeros es: no vean a Mongolia como un país centrado en un único sector como la minería. Hay muchas oportunidades: tenemos tres millones de personas y 50 millones de cabezas de ganado", insistía el presidente Elbegdorj justo antes de las elecciones en un encuentro con un reducido grupo de periodistas extranjeros, en el que estuvo presente El Confidencial.
     
    "Mucha gente se pregunta: ¿cómo puede ser que la economía crezca tan rápido y yo no sienta ese cambio? Debemos solventar ese problema en los próximos años impulsando sectores como las infraestructuras y el desarrollo humano", prosiguió. Para conseguirlo, el Gobierno mongol ha puesto en práctica medidas fiscales muy favorables al capital extranjero.
     
     
    Un puñado de ricos en coches de alta gama
     
    Elbegdorj es consciente de que los mongoles exigen mejoras en su calidad de vida, no sólo grandes hitos macroeconómicos. Mientras la oligarquía local se enriquece, las infraestructuras a lo ancho del país presentan un aspecto decrépito, desde el nulo saneamiento público hasta la urbanización incontrolada. Apenas hay calles y carretas asfaltadas más allá del centro de Ulán Bator y de las arterias que conectan el país con China y Rusia, y entre estas no hay una que sobrepase los 500 metros sin un socavón. Eso sin olvidar la inflación, que el año pasado se disparó al 11% por culpa del crecimiento desbocado, lo que está machacando a la incipiente clase media. Por otro lado, el 30% de pobres oficiales, sumados a las sufridas clases trabajadoras, ven con gesto torcido cómo pierden el tren del desarrollo en favor de un puñado de ricos, tanto mongoles como extranjeros, que se pasean en coches de alta gama por el centro de la capital.
     
    Sin embargo, a pesar de todos los problemas, parece que la lucha por una mayor distribución de la riqueza y un salto en el nivel de vida general está comenzando a dar sus frutos. En este último trimestre, la inflación cayó al 9,6%, y en la lista de Transparencia Internacional de 2012 Mongolia ascendió al puesto 84, muy cerca de China (78), un vecino al que odia (es habitual el caso de chinos apaleados en la capital) pero al que necesita. China es de largo el mayor comprador de materias primas mongolas. Es el destino de nada menos que el 85% de las exportaciones. Precisamente fue la desaceleración económica de Pekín el año pasado la que arrastró al PIB de Mongolia a ese discreto 12,3%. Varias son las voces dentro del país que advierten de la necesidad urgente de diversificar sus socios comerciales.
     
     
    Oyu Tolgoi, el milagro turquesa
     
    Más allá de las turbulencias de su vecino chino, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que Mongolia crecerá a una media del 13,83% entre 2013-2017, confirmándose como una de las cinco economías que más van a crecer esta década, un hito cuya raíz hay que buscarla en las inmensidades del desierto del Gobi, al sur del país. Es allí donde se alzan las minas de Oyu Tolgoi (Colina Turquesa), una megaexplotación de cobre, oro y carbón. Descubiertas en 2001, se trata de la mayor inversión financiera en la historia del país. Un proyecto compartido entre el Gobierno de Mongolia (34%) e Invanhoe Mines de Canadá (66%), empresa cuyo 49% pertenece de la todopoderosa minera anglo-australiana Rio Tinto.
     
    Desde 2009, Oyu Tolgoi ha recibido una inversión de 5.300 millones de euros, y según las previsiones debía iniciar sus operaciones comerciales a finales de este mes de junio, cuando se pusieran en el mercado los primeros concentrados de cobre. La producción de este mineral alcanzará 450.000 toneladas anuales y se extraerán 330.000 onzas de oro una vez el complejo minero esté a pleno rendimiento en 2020. Será entonces cuando Oyu Tolgoi contabilice nada menos que el 30% del PIB de Mongolia y se consolide como una de las cinco mayores minas del mundo, con una vida útil de al menos 50 años.
     
    En ese punto, los mongoles podrán valorar si se ha cumplido el vaticinio para esta década que en privado expresó su reelecto presidente: "Espero que, por entonces, hayamos podido superar los problemas básicos de nuestra sociedad y que los mongoles puedan entrar en un estadio superior de calidad de vida".


    David Brunat (Ulán Bator) 08/07/2013   (06:00)

    lunes, 8 de julio de 2013

    Hecho en Bangladesh: desde Armani hasta Zara

     
     
    El país de la mano de obra textil barata no sólo produce para tiendas de descuento sino también para marcas de diseñador.
     

    La mano de obra barata en fábricas textiles no siempre equivale a ropa de descuento.
    La disponibilidad de trabajadores de bajo costo ha hecho que marcas de consumo masivo, como H&M, Gap, Wal-Mart y Zara, se vuelquen a la industria de ropa de US$20.000 millones de Bangladesh.
     
    Pero las marcas de diseñador, incluyendo Giorgio Armani, Ralph Lauren y Hugo Boss, también han tercerizado parte de su producción a Bangladesh, donde la seguridad de los trabajadores se ha convertido en un grave problema tras varios accidentes mortales. De hecho, las casas de diseño a menudo usan las mismas fábricas que los minoristas de ropa de descuento.
    El año pasado, Giorgio Armani recibió una entrega de casi una tonelada en camisetas y ropa interior proveniente de una planta textil en Chittagong, Bangladesh, según los registros. La casa de diseño italiana indicó que produce "un número relativamente pequeño de artículos" en Bangladesh. "La suposición de que todas las condiciones de manufactura allí son inadecuadas no refleja justamente la realidad de la situación y perjudica a ese país", apuntó Armani.
     
     
    La prenda más básica de la moda, la camiseta, subraya la incongruencia entre los precios altos y bajos.
    En la tiendas en Londres, una camiseta hecha en Bangladesh de la marca de jeans de diseño G-Star Raw cuesta 60 libras esterlinas (US$93,25), 15 veces las 4 libras que Asda, una filial de Wal-Mart, cobra por una de sus camisetas básicas para caballero, vendidas bajo la marca George. Bangladesh produjo camisetas que valen 35 libras en Replay, una cadena italiana que se especializa en ropa informal. Camisetas sencillas de color gris con la marca Tommy Hilfiger cuestan US$39,99 en Amazon.com.
     
    La amplia variedad en los precios de la ropa hecha en Bangladesh pone en evidencia la gran brecha que existe entre el precio minorista y el costo de producción de la prenda, así como lo pequeña que es la tajada que va a la fábrica que la produce.
     
    Aunque existen pequeñas diferencias de una camiseta a otra, el mayor factor en el precio es la marca, dicen los expertos.
    "Marcas como Tommy Hilfiger, Calvin Klein y Giorgio Armani tienen un precio base más alto porque la marca tiene una reputación", explica Ralston Fernández, vicedirector sénior de operaciones de ZXY Apparel Buying Solutions, una firma en Bangladesh que coloca pedidos para minoristas en fábricas locales.
     
     
    Los precios minoristas incluyen otros costos, como la publicidad, el alquiler del local y los salarios de los vendedores.
    En una camiseta, al menos la mitad del costo de producción viene de la materia prima, afirma Bakhtiar Uddin Ahmed, gerente general de Fakir Apparels, una fábrica de camisetas con clientes como H&M, Primark, Puma y G-Star Raw. Fakir Apparels compra un kilo de algodón de Bangladesh por US$3,80, suficiente para cuatro camisetas.
    Algunas marcas de alta costura optan por el algodón Pima de fibra larga, cultivado en Estados Unidos, ya que puede resistir más lavados. Un kilo de algodón Pima cuesta unos US$5,50, indica Fernández.
     
    Agregar poliéster o viscosa puede reducir el costo. Pero algunas de las camisetas más baratas hechas en Bangladesh son 100% algodón, como las prendas de Tesco y Wal-Mart que se venden por 4 libras, mientras que la camiseta Replay de 35 libras es una mezcla de algodón y viscosa.
    Después del algodón viene la mano de obra. Ante la presión para mejorar las condiciones laborales tras el colapso hace dos meses de una fábrica que acabó con la vida de más de 1.100 personas, el gobierno de Bangladesh se ha comprometido a elevar el salario mínimo, actualmente en US$38 al mes, un cuarto del de China. Duplicarlo añadiría entre 10 y 12 centavos al costo de producir una camiseta básica, según Abby Janal, directora gerente de ZXY Apparel.
     
    Al mismo tiempo, las camisetas de alto costo son más propensas a tener detalles extra, lo que incrementa el costo en unos cuantos centavos. El bolsillo en la camiseta G-Star Raw de 60 libras probablemente requiere dos o tres trabajadores más en la línea de producción, calcula Mohammad Zulficar Ali, director ejecutivo en la oficina de Bangladesh de la firma de compras globales Synergies Worldwide.
    Las diferencias de calidad también se ven en el proceso de impresión. Ali describe el diseño de una camiseta Primark de 6 libras como "una impresión muy barata de goma", que podría añadir entre 10 y 12 centavos por prenda.
     
    Ali, que no suministró ninguna de esas camisetas, estima que la producción de la camiseta Primark costó US$1,60; la de Hilfiger, US$5, y la camiseta con bolsillo de G-Star Raw, US$6 o un poco más. Primark y G-Star declinaron comentar sobre sus costos de producción. Hilfiger no respondió a solicitudes de comentarios.
     
     
    En Bangladesh, las marcas de alta calidad a menudo terminan pagando un poco más por sus pedidos que los minoristas de consumo masivo ya que sus pedidos son menores. Las fábricas prefieren pedidos grandes, porque hace que sus horarios de producción sean más predecibles.
    Para las costureras que hacen las camisetas, los sueldos dependen de su habilidad, y no de la marca de la prenda. Una buena operadora de máquina de coser podría ganar US$100 al mes, calcula Fernández.
     
     
    Por CHRISTINA PASSARIELLO, en Londres, TRIPTI LAHIRI, en Nueva Delhi, y SEAN MCLAIN, en Daca, Bangladesh    -    July 6, 2013, 12:03 a.m. ET
     
     

    domingo, 7 de julio de 2013

    Dacia Maraini, la escritora que no calla

     

     

    "La debilidad de la cultura italiana es no haber tejido una red contra la Mafia"

    "Un escritor debe escribir sobre el mal"

     
    A los 11 años, la muerte y Dacia Maraini ya eran parientes. Lo cuenta ella en las primeras páginas de Bagheria, un libro que recoge su llegada a Sicilia en 1947 procedente de Japón, donde su familia había estado recluida en un campo de concentración por la negativa de su padre, un brillante antropólogo, a firmar su adhesión a la república fascista de Saló: “Dos años de campo de concentración y de guerra. Una travesía por el océano minado. En la cubierta todos los días hacíamos ejercicios para tirarnos ordenadamente al mar, con salvavidas en la cintura, para el caso de que el barco se topase con una mina”. De aquel viaje, recuerda la gran escritora italiana, aún conserva una pequeña fotografía en la que se ve un trozo de la cubierta azotada por el viento y a una niña con un vestido de flores. “Aquella niña era yo, llevaba el pelo corto, casi blanco de tan rubio que era, zapatillas de tenis rojas, e iba cogida de la mano de un oficial americano”. Han pasado 66 años desde entonces, y Dacia Maraini (Fiesole, 1936) sigue navegando, ya por propia voluntad, entre aguas minadas.
     
    “Siempre he peleado. Mi escritura viene de una indignación clara contra las injusticias. No solo hacia las mujeres, también hacia la situación de las cárceles, de los manicomios, de los sin techo… No se trata de un proyecto político, pero creo que un escritor debe dedicarse a escribir sobre el mal, no a hacer una exaltación del bien. No hay necesidad. Tiene que hablar de los problemas de su país, de las cosas que le ofenden, que le disgustan. Mi escritura viene de ahí, de las ganas de cambiar esa realidad y de la indignación frente a la injusticia”. Dacia Maraini lo ha hecho escribiendo mucho y de todo. Novelas, poesía, obras de teatro, guiones de cine, ensayos, artículos periodísticos. Su obra ha sido traducida a 20 idiomas y, según ella misma subraya, el éxito más rotundo le llegó en 1990 con La larga vida de Marianna Ucrìa: “Ahora he estado en Egipto porque se ha traducido al árabe por primera vez. Me ha emocionado. Se puede decir que es mi libro más afortunado”.
     
    Dacia Maraini viaja ahora a España para presentar la reedición de ese libro y las traducciones de Bagheria (Minúscula) y Amor robado (Galaxia Gutenberg), ocho relatos sobre mujeres que, como ella, luchan hasta el final, sin rendirse. También aprovechará el viaje para hablar de su gran amigo Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), con quien escribió el guion cinematográfico de Las mil y una noches. Cada vez que se dirige a algún lugar, sabe que le preguntarán también por su vida con el escritor Alberto Moravia (Roma, 1907-1990) y, sobre todo, por aquel viaje que llevó a su familia a Japón, primero, y al horror del campo de concentración, después. En 1938, cuando Dacia solo tenía dos años, sus padres, el antropólogo Fosco Maraini y la pintora Topazia Alliata, decidieron marcharse a Japón para escapar de la Italia de Mussolini. En 1943, tras negarse a firmar la adhesión a la república fascista de Saló, Fosco Maraini y su familia fueron conducidos al campo de concentración de Nagoya.
     
    En alguna ocasión, Dacia Maraini ha dicho que se ha pasado la vida intentando huir de su infancia, pero ahí está siempre, expuesta en las solapas de sus libros o entre las primeras preguntas de los periodistas. La escritora sonríe, prepara dos tazas de té frío y se sienta en un sofá de su casa de Roma, grande y luminosa, llena de libros. “No, no tengo problemas para hablar de mi infancia. Todas las infancias son importantes. En mi caso, el campo de concentración significó la experiencia de la muerte. Todos los días vivía la muerte como algo muy cercano. A la noche, me asombraba de estar todavía viva. Eso, durante dos años, se convierte en una experiencia terrible. En primer lugar estaba el hambre. No nos daban de comer. Estábamos en el esqueleto. En segundo lugar, el miedo. El miedo a que cayeran bombas. Los guardianes, que eran muy sádicos, nos decían cada día que, si ganaban la guerra, nos matarían. Mi padre, que entonces no tenía ni 30 años, salía de noche por la ventana, escondiéndose de los guardianes, para ir a buscar entre la basura cualquier cosa para darnos de comer. El día que lo descubrieron, vertieron el pozo negro sobre la basura para que ni siquiera pudiéramos alimentarnos con los restos de la comida”.
     
    Las primeras páginas de Bagheria –que toma el nombre de una localidad vecina a Palermo— son también la frontera entre las dos infancias de Dacia Maraini. Un viaje en barco por un océano minado separa el horror del campo de concentración japonés y la belleza, todavía sin mancillar, de Sicilia. “Era maravillosa. Una tierra limpia sobre un mar limpio. No había casas. La pobreza de después de la guerra era una pobreza digna. Yo llevaba los zapatos remendados cien veces, el abrigo del abuelo…, pero hambre no había. No comíamos carne, pero sí un poco de verdura, unas patatas. Aquel momento de mi infancia fue muy bonito porque Sicilia era bellísima. Luego la destrozaron. En solo 15 años –entre principios de los cincuenta y 1965– destruyeron Palermo. Detrás estaba la mano de la Mafia…”. Casi por casualidad, como si fuese fruto de su condición –la de no mirar para otro lado, la de transitar siempre por océanos minados–, la conversación con Darcia Maraini termina desembocando en aguas procelosas. Y allí donde otros intelectuales suelen frenar y dar un prudente rodeo, la gran dama de las letras italianas se sumerge sin miedo.
     
    Así que, ya puestos, hablemos de la Mafia. “En aquellos tiempos, la Mafia se sentía, pero no se hablaba de ella. Estaba totalmente prohibido. Ahora al menos se habla, y es mejor, porque si tienes que combatir algo, al menos hay que nombrarlo. Fíjese, el conocimiento de la Mafia como organización militarizada –sus sargentos, sus capitales, sus soldados– comienza en los años setenta a través del primer arrepentido, que se llama Leonardo Vitali. Nadie le creyó y lo internaron en un manicomio. Estuvo allí 10 años y cuando salió lo asesinaron. Luego llegó Tommaso Buscetta, que era más inteligente y a él sí le creyeron. Contó cosas interesantes. Dijo que hasta los años setenta la Mafia tenía unas reglas: no se toca a las mujeres, los niños, no se trafica con la prostitución… Luego se metió en el tráfico de droga, ganó muchísimo dinero y, digámoslo así, perdió el freno. Empezó a entrar en las instituciones, a comprar votos, se convirtió en una potencia económica, salió de Sicilia –ahora hay más mafia en Milán– y ya es un fenómeno internacional”.
     
    Al siguiente torrente de preguntas, Maraini responde rápida y al corazón. ¿Por qué Italia no se libera de la Mafia? “Porque el poder está implicado. Tiene viejas relaciones con muchos políticos. Toda la Democracia Cristina, los socialistas han estado a veces de acuerdo con la Mafia, y también Silvio Berlusconi, claramente”. Y el mundo de la cultura, ¿ha hecho su trabajo? “Solo a veces. Al menos podemos decir que no ha estado coludido por la Mafia. Pero tal vez no haya tomado posición abiertamente. Sobre todo no lo ha hecho de forma organizada. Y yo creo que esta es la debilidad de la cultura italiana, no haber tejido una red, una colaboración. Cada uno hace las cosas solo. Y naturalmente a quien se ha opuesto a la Mafia en solitario lo han asesinado. Periodistas, escritores, intelectuales… También Roberto Saviano está solo… No se puede enfrentar a la Mafia, una organización militar, solidísima, desde la soledad”.
     
    Dacia Maraini está satisfecha con su trabajo –su obra literaria, su lucha desde siempre por los derechos de las mujeres–, pero profundamente preocupada por la situación de Italia. Empezando por la cultura. “Es nuestro petróleo, y lo estamos desperdiciando. Pompeya se cae a pedazos, el Coliseo, las iglesias… Todo esto quiere decir que hay una estupidez enorme, un equívoco en la clase dirigente que no entiende que nosotros somos la cultura, nuestra historia, la pintura, los museos… No hay un país en el mundo que tenga tanto. Ni que lo desprecie de esta manera”. Y, fiel a su condición, se niega a culpar al aire: “La culpa es de la superficialidad y de la mentira. Desde el berlusconismo se ha arraigado una cultura de mercado que solo quiere construir al buen comprador. En vez de al buen ciudadano necesitan al buen comprador. Y el buen comprador no debe elegir sino ser elegido, no debe decidir, no debe tener ideas. Y, sobre todo, no debe tener memoria.
     
    De hecho, la cultura del mercado tiende a cancelar la memoria. Por eso creo que los intelectuales son ahora más importantes que nunca. Tienen que activar la memoria. El conocimiento ayuda a entender las cosas. Quien no lee los periódicos y solo ve las televisiones berlusconianas termina creyéndose, por ejemplo, que Berlusconi es una víctima de los jueces comunistas. ¿¡Pero cómo alguien puede creer algo así…!?”.
     
    Por si con el repaso a la Mafia y a Berlusconi no bastara, Maraini también pone el foco en la responsabilidad de la Iglesia en la falta de derechos civiles en Italia, sobre todo en aquellos que tienen que ver con la mujer: “No estoy contra la fe o contra el cristianismo, porque pienso que la palabra de Cristo supuso una gran revolución, pero la Iglesia de Roma ha hecho mucho daño. Han impuesto un pensamiento profundamente misógino. Han borrado a las mujeres de la historia de la Iglesia. Las han convertido en siervas, y punto. En la elección del Papa, el enorme mundo de las mujeres de la Iglesia no ha podido decir ni una palabra. La contrarreforma fue el primer gran desastre de este país, y luego ha continuado por el mismo camino… También España es misógina. No tienen al Papa en casa, pero también allí el catolicismo es muy fuerte. Es una pena, porque Cristo no era misógino, pero su Iglesia sí. Ha visto a la mujer como el demonio, como el peligro… Espero que este Papa consiga cambiar las cosas”.
     
    El sol va cayendo sobre Roma, la radio dice que a Berlusconi lo acaban de condenar a siete años por abuso de poder e inducción a la prostitución de menores y Maraini –cuyos ojos azules no han perdido la vitalidad de aquella niña que cruza el océano camino de Bagheria— recuerda a aquel hombre tímido con el que viajó una veintena de veces a África, escribió el guion de Las mil y una noches y construyó una casa frente al mar de Sabaudia. “Con Pasolini se estaba bien incluso en silencio. Era un hombre cultísimo, pero no creía en la razón. Creía en los sentidos, en el instinto. No creía en la historia. Creía en la catástrofe. Había algo de profético en sus poesías. Para mí, antes que un hombre de cine o un pintor, Pasolini es ante todo un poeta, un gran poeta. Construimos una casa. Pero eso fue en el 73 y él murió en el 75”.
     
    Su asesinato sigue siendo un misterio. La verdad oficial, como tantas otras veces, resultó ser mentira. Y la verdad a secas sigue sin conocerse. “Después de 30 años”, se lamenta Dacia Maraini, “el hombre que se autoinculpó –un menor de edad entonces– ha reconocido que no fue él solo, que lo chantajearon, que lo obligaron a confesar. Y que todavía tiene miedo a decir la verdad completa”.