jueves, 25 de diciembre de 2014

14 consejos de dos psicólogas para esquivar preguntas y pasar unas Navidades tranquilas

Fotograma de ¡Socorro, ya es Navidad!



Técnicas psicológicas para cambiar de tema en una conversación



Mucha gente teme encontrarse con su familia en Navidades por miedo a preguntas incómodas, como “¿cuándo me vais a dar un nieto?” o “¿y tú qué, ya tienes novio (o novia)?”. ¿Qué podemos hacer para afrontar estas preguntas y, sobre todo, cambiar de tema sin que nadie se moleste y sin que la Nochebuena acabe, un año más, en drama? Hemos hablado con la psicóloga Amaya Terrón y con la investigadora del Instituto Universitario de la Familia, Ana Berastegui Pedro-Viejo, que nos dan quince claves para salir airosos de este brete.
1. Sé comprensivo con tu familia. Tus tíos no te hacen preguntas “para fastidiar, sino con buena intención. No quieren hacerte daño y si lo hacen, es sin querer”, explica Berastegui. También hay que recordar que estos conflictos vienen no tanto de padres y hermanos como “de la familia extensa, que tiene unos códigos diferentes”. Es decir, tu tía lejana o tu cuñado no saben qué temas nos resultan más o menos incómodos porque es muy posible que no sean los mismos que en su círculo íntimo. Otro consejo: antes de enfadarte, mira alrededor: tu familia está pasando una velada agadable y divertida, ¿merece la pena generar un conflicto?
2. Rebaja las expectativas. En ocasiones sólo vemos a algunos de estos parientes en Navidades. Y esto puede llevar a que “se multipliquen las expectativas”, apunta Berastegui. Por un lado “queremos que vaya todo muy bien”, pero por otro, “tenemos menos herramientas para lograrlo”. Berastegui nos aconseja recordar que estas fiestas no son necesariamente un momento de felicidad, “sino de reencuentro”. El objetivo es pasar un día con la familia y para eso hay que “aceptar los posibles conflictos que pueda haber” y que por lo general son menores.
3. No te sientas obligado a contestar. Si contestamos, “la otra persona puede interpretar que tiene permiso para meterse en este asunto”, explica Terrón. “La gente que te aprecia aceptará el cambio de tema a pesar de que pueda sentirse incómoda”, añade Berastegui. Lo importante es no reaccionar “como si te estuvieran agrediendo”.
4. Huir no es la respuesta. Siempre hay que dar una contestación: no vale levantarse y esconderse en el baño. Huir puede servir a corto plazo, pero la Navidad vuelve cada año. “Si no ponemos limites lo más probable es que estas situaciones se repitan”, dice Terrón: “Huiremos todas las Navidades de nuestra vida”. Sin embargo, responder cambiando de tema “envía un mensaje que nos puede proteger para la siguiente vez y que puede ayudar a mantener un clima agradable”, explica Berastegui.
5. Ser directo es compatible con ser discreto. Se puede hablar de forma directa sin resultar agresivo, explica Terrón. Además, “si somos directos, hay menos posibilidades de ser malinterpretados y es más fácil que los demás nos entiendan y respeten”. Eso sí, “hay que cuidar las formas”, en especial la comunicación no verbal. Sonreír, por ejemplo, es fundamental.
6. Sé asertivo. La asertividad, explica Terrón, es una conducta o actitud “que no pisa los derechos de los demás, pero protege los propios”. El esqueleto del discurso asertivo es el siguiente: primero, describir la situación y decir, por ejemplo “esta pregunta me incomoda” (y no: “Eres un cotilla”); segundo, expresar cómo nos sentimos, y tercero, solicitar un cambio de actitud.
7. Sal con otra pregunta. Esto puede servir para desviar el foco de atención y ponerlo sobre quien interroga, como apunta Terrón. Se puede hacer preguntando por la propia pregunta (“¿por qué te interesa este tema?”) o devolviéndosela (“¿qué respondisteis cuando os plantearon este asunto?”).
8. Desvía la atención a otro tema que no tenga nada que ver. Como recuerda el dicho: “¿Dónde vas? Manzanas traigo”.
9. Alaba el tema de conversación, pero pon límites. “Este tema es muy interesante, te contestaré cuando tenga una respuesta a la altura”, nos pone como ejemplo Terrón.
10. También se puede aplazar la respuesta. “Quizá no sea la pregunta más apropiada ahora mismo, te la respondo en otro momento”.
11. El humor es una herramienta fundamental. “Es un modo amable de ser asertivo sin que resulte agresivo, ya que le quita peso al conflicto”, explica Berastegui. Pero hay que usarlo con moderación y cuidando el contexto: “No hay que caer en las bromas de mal gusto y tampoco es adecuado pasarse todo el día haciéndose el gracioso”.
12. Comenta la pregunta. “Qué curioso, eso nos lo pregunta todo el mundo”. Si se deja ahí, explica Terrón, es muy posible que la otra persona entienda que no tenemos ganas de responder.
13. Pasa de lo particular a lo general. Por ejemplo, si tu tío te pregunta cuándo vas a tener hijos, siempre puedes contestarle con algo similar a: “Hoy en día la gente cada vez tiene hijos más tarde. Y la crisis no ayuda”.
14. Y todo esto, sin miedo. Ya sabes de antemano quién te va a preguntar qué el 25 de diciembre. “Cuando estemos cerca de esta persona no hay que mostrar miedo, ni inseguridad ni nerviosismo -afirma Terrón-. Si nuestra actitud es defensiva, nos acabarán atacando, y aunque no sea en realidad un ataque, nosotros lo interpretaremos así. El resultado será el mismo: tensión”.

http://verne.elpais.com/verne/2014/12/19/articulo/1418996904_767785.html

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