lunes, 1 de diciembre de 2014

¿El dinero compra la felicidad?


Es una pregunta eterna: ¿puede el dinero comprar la felicidad?
En los últimos años, nuevos estudios nos han dado una mayor comprensión de la relación entre lo que ganamos y cómo nos sentimos. Los economistas han estudiado el vínculo entre los ingresos y la felicidad en los países, mientras los psicólogos han indagado por qué el dinero nos mueve de cierta forma.
Los resultados tal vez parezcan obvios a primera vista: sí, las personas con ingresos más altos son, en general, más felices que los que luchan para sobrevivir.
No obstante, al analizar los hallazgos detenidamente, resultan más sorprendentes y mucho más útiles.
En pocas palabras, las últimas investigaciones indican que la riqueza por sí sola no ofrece ninguna garantía de una buena vida. Mucho más importante que un ingreso alto es cómo se gasta. Por ejemplo, regalar dinero genera mucha más felicidad en las personas que derrocharlo en sí mismos. Y cuando lo gastan, las personas son mucho más felices cuando lo usan para experiencias como viajes que para adquirir bienes materiales.
A continuación, lo que dicen las últimas investigaciones sobre cómo la gente puede emplear su dinero de forma más inteligente y maximizar su felicidad.

Las experiencias valen más de lo que uno piensa
Numerosos estudios en los últimos 10 años han demostrado que las experiencias de la vida nos dan un placer más duradero que las cosas materiales y, sin embargo la gente prioriza los bienes tangibles.
Ryan Howell, profesor adjunto de psicología en la Universidad Estatal de San Francisco, se dispuso a resolver este enigma. En un estudio publicado este año, halló que la gente piensa que las compras materiales ofrecen un mejor valor porque las experiencias son efímeras y los bienes duran más. Por lo tanto, si bien de vez en cuando gastan en grandes vacaciones o entradas para conciertos, cuando son más cuidadosos con el dinero se quedan con los bienes materiales. Sin embargo, Howell halló que cuando la gente recordaba las compras que había hecho, se daba cuenta de que las experiencias proporcionaban más felicidad y un valor más duradero.
Thomas Gilovich, profesor de psicología de la Universidad de Cornell, ha llegado a conclusiones similares. “Las personas a menudo hacen un cálculo racional: tengo una cantidad limitada de dinero y puedo ir allí o puedo tener esto”, explica. “Si voy allí, será genial, pero acabará enseguida. Si compro esta cosa, al menos siempre la tendré. Objetivamente eso es verdad, pero no psicológicamente. Nosotros nos adaptamos a nuestros bienes materiales”.
Este proceso de “adaptación hedónica” es lo que dificulta tanto la compra de felicidad mediante cosas materiales. Las experiencias, en cambio, suelen satisfacer nuestras necesidades subyacentes, señala Gilovich.
Muchas veces, las experiencias se comparten con otras personas, lo que nos da un mayor sentido de conexión, y forman una parte más amplia de nuestro sentido de identidad. Algo crucial es que no solemos comparar nuestras experiencias con las de otras persoSnas, como sí lo hacemos con las cosas materiales, agrega. Además, la gente obtiene más placer a la espera de experiencias que de compras materiales, que parecen causar impaciencia.

No se adapte a lo que compra
Una de las principales razones por la que tener más cosas no siempre nos vuelve más felices es que nos adaptamos a ellas.
“Los seres humanos son excepcionalmente buenos al acostumbrarse a cambios en sus vidas, especialmente a cambios positivos”, dice Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología de la Universidad de California en Riverside. “Si sus ingresos aumentan, les da un estímulo, pero luego sus aspiraciones también aumentan (...) Tratar de prevenir eso o frenarlo es un gran desafío”.
Un método que puede funcionar, afirma, es mantener un sentido de apreciación y gratitud por lo que uno tiene, ya que el proceso de adaptación proviene de dar por sentado lo que uno posee. La variedad, la novedad o la sorpresa también pueden ayudar a disfrutar más las posesiones. “Cuando las cosas no cambian, ahí es cuando uno se adapta a ellas”, asevera. Intente compartir sus objetos con otras personas y abra sus puertas a nuevas experiencias, recomienda.

Trate de regalarlo
La paradoja del dinero es que, si bien ganar más tiende a mejorar su bienestar, nos hace más felices regalarlo que gastarlo nosotros mismos.
Ese fue el hallazgo de una serie de estudios realizados por Elizabeth Dunn, profesora adjunta de psicología de la Universidad de Columbia Británica y autora del libro Happy Money (algo así como Dinero feliz).
Empezó dando dinero a estudiantes en el campus, diciéndoles a unos que lo gastaran ellos mismos y a otros que compraran cosas para otra persona. Estos últimos fueron mucho más felices.
Dunn ha repetido el experimento en otros países y también amplió el estudio para evaluar si la gente seguía siendo más feliz regalando su propio dinero. Descubrió que en países tan diversos como Canadá, Sudáfrica y Uganda, obsequiar dinero consistentemente producía más felicidad, incluso cuando las personas eran relativamente pobres.
Lo que afecta la felicidad no es tanto la cantidad de dinero que se da, sino el impacto que uno percibe de la donación, agrega Dunn. Si ve que su dinero marca la diferencia en la vida de alguien más, lo hará feliz incluso si la cantidad que dio es baja.

Asegúrese de comprar tiempo
También es importante considerar la forma en que sus compras afectarán cómo pasa su tiempo. “Use el dinero para comprar un mejor tiempo”, dice Dunn. “No compre un auto ligeramente más elegante para tener asientos con calefacción durante un viaje de dos horas al trabajo. Compre un lugar cerca del trabajo, así puede usar la última hora de sol para patear un balón en el parque con sus hijos”. Otra forma de comprar tiempo es tercerizar tareas que no le gustan, agrega.

El dinero trae felicidad sólo hasta cierto punto
Los investigadores dividen la felicidad en dos componentes. El primero es “evaluativo” y Lyubomirsky lo define como el “sentimiento de que su vida es buena, está satisfecho con su vida, está progresando hacia sus metas” El otro es “afectivo”, que mide con qué la frecuencia uno siente emociones positivas como la alegría, el cariño y la tranquilidad, comparado con emociones negativas, dice la especialista.
Daniel Kahneman y Angus Deaton de la Universidad de Princeton descubrieron que cuando analizaron mediciones afectivas, la felicidad no aumentaba después de que una familia alcanzaba un ingreso anual de aproximadamente US$75.000. No obstante, notaron un consistente aumento de satisfacción general con su vida.
La conclusión es que cuando uno no tiene mucho dinero, una pequeña suma adicional puede hacer una gran diferencia, debido a que hay más necesidades esenciales que cubrir. Pero a medida que uno acumula riqueza, se vuelve más difícil seguir “comprando” más felicidad.

No se descontrole
Finalmente, los investigadores concuerdan en que gastar más de lo que uno puede pagar conduce a la miseria. Ocuparse de sus necesidades básicas y alcanzar un nivel de seguridad financiera es importante.
Gilovich dice que, si bien sus investigaciones muestran que las experiencias de vida generan más felicidad que los bienes materiales, la gente debería, obviamente, comprar primero las cosas esenciales.
En tanto, algunos estudios han demostrado que la deuda tiene un efecto perjudicial sobre la felicidad, mientras que los ahorros y la seguridad financiera suelen aumentarla. “Desde el punto de vista de la felicidad, es más importante reducir la deuda que acumular ahorros”, afirma Dunn.
Así que antes de gastar todo su dinero en unas vacaciones soñadas, asegúrese de cubrir sus necesidades básicas, pagar sus deudas y tener suficiente para protegerse de los problemas de la vida.

domingo, 30 de noviembre de 2014 11:31 EDT
http://lat.wsj.com/articles/SB12103449752359043832504580289372593619414?tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB12103449752359043832504580289372593619414.html

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