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Vista de varios transeúntes frente a una tienda de Microsoft. (Getty)
En cada vez más empresas, el uso de herramientas de inteligencia artificial ha dejado de ser algo opcional para convertirse en un requisito obligatorio. Para algunos, el nuevo dogma es claro: o la usas, o te vas
Hace unos días, Brian Armstrong, el fundador de Coinbase, una de las mayores firmas tecnológicas financieras del mundo, abrió la caja de Pandora con una decisión: despedir de un plumazo a un grupo de ingenieros en plantilla que se habían negado a probar las herramientas de IA de la empresa. "Digamos que me volví rebelde", dijo con sorna cuando le preguntaron. La decisión ha explotado como una carga de profundidad dentro y fuera de la industria tecnológica. Su onda expansiva ha alimentado una tendencia empresarial creciente en la que usar la IA en el trabajo ya no es una opción, sino un requisito obligatorio.
Armstrong relataba en el pódcast Cheeky Pint esta semana cómo envió un mensaje en el canal principal de Slack de la empresa explicando que los empleados tenían hasta el final de la semana para toquetear las herramientas Cursor y GitHub Copilot (dos de los asistentes de programación con IA más usados del mercado). Quien no lo hiciera, tendría que reunirse con él el sábado. La reunión se celebró, y allí quedaron expuestos los malos de la clase, los no obedientes. Algunos tenían excusas razonables, como que acaban de volver de vacaciones, pero otros no. Estos últimos vieron la puerta en cuestión de pocos días.
Coinbase es una de las plataformas de compraventa de criptomonedas más grande del mundo y en los últimos meses se ha fijado el ambicioso objetivo de que para finales de año todo el código en sus algoritmos esté escrito con ayuda de asistentes de IA. De hecho, quieren aplicar esta tecnología no solo en los departamentos técnicos, sino también está explorando cómo aplicarla a los procesos creativos y de diseño. El mismo Armstrong dice estar poniendo a prueba sus límites en la toma de decisiones empresariales: "Incluso como CEO, la utilizo mucho".
Lo ocurrido en Coinbase no es un caso aislado. El rifirrafe interno de Armstrong con aquellos que no están tan puestos en la tecnología de moda pone de manifiesto la creciente presión en muchas compañías para que los empleados adopten estos avances en su trabajo casi como un requisito laboral. Desde los titanes tech como Google y Microsoft, hasta plataformas educativas como Duolingo o de e-commerce como Shopify, los directivos están enviando correos internos y hasta amenazas directas a sus empleados: si no adoptas la IA, te estás quedando atrás. Y si te quedas atrás, no puedes seguir nuestro ritmo.
Jorge Alonso (nombre ficticio, ya que ha preferido no revelar su identidad), ha vivido esta dinámica en sus pieles. Este ingeniero lleva casi diez años trabajando en una conocida empresa de SaaS (Software as a Service) con alrededor de 4.000 ingenieros en plantilla y un día se despertó con un mensaje de su jefe en Slack. Le había citado junto al resto del equipo por la mañana para comentarles nuevas instrucciones que venían "de arriba". Cuando acudió a la oficina les dijo a él y a sus compañeros que en un plazo de 6 meses tenían que empezar a usar Cursor (un modelo de IA destinado a la programación) y trasladar todo el flujo de trabajo a la plataforma. “No nos comunicaron explícitamente que si no lo hacíamos en ese tiempo nos fueran a despedir, pero básicamente nos dijeron que lo hiciéramos si no queríamos encontrarnos sorpresas", relata a El Confidencial.
"No sé si esto es un movimiento de marketing o si pretenden que se incremente la productividad en la empresa. Lo cierto es que hay un sentimiento de incertidumbre que se respira en todos los departamentos. En compañías grandes como la mía, este tipo de órdenes se hacen desde arriba hasta abajo. Por lo tanto, empieza en el despacho del CEO, que probablemente haya visto que algunas empresas lo están haciendo y que otro CEO presume de ello, les entra la paranoia y ellos también quieren ser parte".
En Google, el cambio se ha dado de forma menos brusca, pero igual de evidente. En junio, la vicepresidenta de ingeniería, Megan Kacholia, envió un correo a los programadores para recordarles que debían integrar herramientas de IA en su día a día. Incluso se actualizó la descripción de algunos puestos para incluir esta exigencia de forma explícita. En una reunión general, Sundar Pichai fue aún más directo: "Si Google quiere liderar la carrera de la IA, sus empleados deben usarla de manera habitual". Durante la presentación de resultados del primer trimestre de 2025 de Alphabet, Pichai ya había afirmado que más del 30% del código de Google se generaba mediante IA. "Algunos están muy entusiasmados. Pero otros lo hacen a regañadientes porque no quieren quedarse fuera", comentaba una fuente interna a Business Insider.
Microsoft ha ido un paso más allá al vincular el uso de IA con las métricas de desempeño. Julia Liuson, presidenta de la división responsable de GitHub Copilot, envió un correo a los responsables de departamento instruyéndoles para que evalúen a los empleados en función de cuánto y cómo emplean modelos de IA en su día a día. "Es ahora una parte fundamental de nuestra forma de trabajar. Al igual que la colaboración, el pensamiento basado en datos y la comunicación eficaz, usar la IA ya no es opcional; es necesario para todos los roles y todos los niveles", escribió.
“El problema en realidad no es usar la IA, sino que nos están pidiendo que usemos la IA para todo, incluso para tareas donde claramente entorpece los procesos o te quita más tiempo. Es gracioso porque los jefes nos preguntan todo el rato si estamos usándola y al final acabamos mintiendo para que se sientan bien”, señala Alonso. Según él, herramientas como Cursor marcan la diferencia cuando estás trabajando en un proyecto pequeño o relativamente nuevo, pero que cuando la aplicas a algo relativamente complejo (como puede ser el código base y antiguo, denominado legacy code en inglés), tienes más papeletas para que lo estropee todo: "No conoce ni el contexto ni la lógica de cada flujo de trabajo. Y tampoco puedes subir un código que pesa cientos de gigabytes a la plataforma".
La presión se extiende más allá de las big tech. En Box, una empresa de servicios en la nube, su director ejecutivo, Aaron Levie, asegura que "probablemente estamos en la última generación de trabajadores que podrá entrar a una empresa sin experiencia en IA". Y espera que la empresa consiga así eliminar las tareas que saturan las rutinas con tal de ahorrar tiempo y dinero. "Lo que hemos descubierto es que la IA está ayudando a acelerar la producción y la resolución de problemas", afirmaba. De igual manera, el cofundador y CEO de Zapier, una plataforma de automatización de flujos de trabajo, llegó a decir en X que ya se espera que los aspirantes lleguen con habilidades de IA. "Estamos estableciendo un nuevo estándar. El 100% de los nuevos empleados deben dominarla".
Esta corriente de poner la IA por delante de todo no está siendo bien recibida por todos los trabajadores. A las personas les preocupa que la IA termine reemplazándoles, reduzca la calidad de los productos y servicios o genere errores. Yegor Denisov-Blanch, investigador de Stanford, lleva años analizando este fenómeno y explica a este diario que, aunque no lo hayan declarado en público , muchas más empresas se están subiendo a esta tendencia a un ritmo alarmante. "Trabajo con bastantes de ellas para hacer un seguimiento de su rendimiento y lo sé de primera mano", asegura.
Sin embargo, se muestra escéptico sobre los beneficios de medidas tan radicales: "La gente se está dando cuenta de que la IA no va a reemplazar a nadie a corto plazo, cosa que muchos desarrolladores senior llevan diciendo desde hace mucho tiempo. La llegada de GPT-5, donde se ha visto que el nivel de innovación se ha frenado, lo ha dejado más claro que nunca. Se dice que OpenAI no está preentrenando sus modelos, así que no veremos grandes resultados por su parte en el futuro cercano. Y GPT-5 es lo mejor que han podido lograr, por lo tanto, se está estancando".
Ayer, la Universidad de Stanford publicaba los datos de otro estudio revelador: el análisis señalaba una disminución del 13% del empleo de trabajadores junior en los puestos más expuestos a la IA generativa.
Además, los casos no siempre terminan bien. Duolingo, por ejemplo, generó cierta indignación entre su personal cuando su fundador, Luis von Ahn, comunicó que la compañía dejaría de contratar a humanos para tareas que pudieran automatizarse, que la IA sería parte de las evaluaciones de desempeño y que los fichajes se restringirían a lo que no pudiera resolverse con algoritmos. "Duolingo no es la primera empresa en hacer esto y dudo que sea la última", afirmó.
Gracias a la IA, según la versión de la empresa, consiguieron crear 148 nuevos cursos en 12 meses. Pero a medida que se automatizaban tareas que antes hacían humanos, comenzaron a surgir los primeros problemas. Algunos usuarios detectaron errores gramaticales en ejercicios, voces sintéticas con pronunciaciones incorrectas o explicaciones fuera de contexto. La reacción de usuarios y empleados fue tan grande que semanas después su CEO tuvo que rectificar: "La IA no va a reemplazar lo que hacen nuestros empleados (de hecho, seguimos contratando al mismo ritmo que antes); la veo como una herramienta para acelerar lo que hacemos".
Otro caso catastrófico es el de Klarna, la fintech sueca que popularizó el modelo de compra ahora, paga después y llegó a ser la startup más valorada de Europa. También se convirtió en símbolo de las promesas excesivas de la automatización. Entre 2022 y 2024 recortó un 38% de su plantilla y presumió de que su asistente de IA podía asumir el trabajo de más de 800 empleados. Presentó resultados financieros con un avatar de su consejero delegado, construyeron un sistema de atención al cliente y alimentó la idea de que ya no necesitaba contratar a nadie. Pero la realidad fue distinta: los clientes también se quejaban de respuestas imprecisas, sin comprensión del contexto. Este año, Sebastian Siemiatkowski, su CEO, tuvo que dar marcha atrás y rectificar, además de admitir que se habían precipitado y que el servicio automático no era capaz de igualar el trabajo humano, ya que sus respuestas eran limitadas. "Hemos aprendido que una implementación exitosa depende de una cuidadosa", afirmó Clare Nordstrom, portavoz de Klarna.
Más allá de ejemplos concretos, lo que se perfila es un cambio profundo en la cultura laboral. Según una encuesta de KPMG, el 87% de los líderes empresariales cree que la IA obligará a redefinir métricas de rendimiento y competencias en los próximos años. "Nuestros clientes ya no preguntan si la IA transformará su negocio, sino con qué rapidez se puede implementar", señalaba Todd Lohr, director de ecosistemas de KPMG. El despliegue de agentes de IA en las organizaciones se ha triplicado desde el cuarto trimestre del año pasado, según el informe. Pero esa expectativa choca con una paradoja: dos tercios de los directivos esperan que sus empleados se formen en IA, mientras que solo un tercio de las compañías ofrece programas de capacitación, de acuerdo con un estudio de The Adecco Group. Es decir, la presión crece más rápido que los planes de formación.
El caso de Coinbase, con despidos incluidos, muestra la cara más dura de esa transición. Pero, con la velocidad a la que se mueven las grandes tecnológicas y el peso que los directivos otorgan a la IA en la productividad, lo más probable es que episodios similares empiecen a repetirse. Para algunos trabajadores, el dominio de estas herramientas es una oportunidad de mejorar su perfil y ganar tiempo. Para otros, se trata de una carga imperativa con poca lógica ni recorrido. El desenlace de esta transformación aún está por verse. La pregunta es si las empresas impondrán la IA como una obligación que genere resistencia, o si sabrán integrarla como una herramienta que ofrezca oportunidades reales de productividad.