domingo, 19 de julio de 2015

La crisis griega pone a prueba la perdurabilidad de la eurozona


Desde la creación del euro, muchos han vaticinado su hundimiento. En la última semana, eso estuvo más cerca que nunca de cumplirse, o de que al menos uno de sus miembros abandonara el club.
Algunos señalan que el acuerdo de Grecia con el resto de la eurozona el lunes por la mañana tras toda una noche de negociaciones apunta al fin de la moneda única de todas formas: el hecho de que en la agenda estuviera contemplada la salida de Grecia demuestra que unirse al euro ya no es algo irreversible. Lo cual hace inevitable que, tarde o temprano, alguno de sus miembros se vaya.
Pero este análisis en cierta medida histérico pasa por alto el hecho de que, hasta la fecha, el euro ha sobrevivido incluso a esta sacudida extrema. Grecia no ha optado por marcharse. En lugar de eso, los mandatarios de la eurozona demostraron nuevamente una notable voluntad política de mantener unida a la unión monetaria.
Esto quedó patente por ambas partes: por parte de Atenas, que cedió a las exigencias a las que se había resistido durante seis meses; y por parte de la eurozona, que ha apuntado que está dispuesta a ofrecer un nuevo paquete de ayudas --incluido un compromiso explícito a un alivio de la deuda sustancial en el futuro-- a un país y un gobierno cuyos comportamientos pasados no dan motivos para creer que se puede confiar en que cumplan sus promesas.
Cierto es que el acuerdo aún puede fracasar, lo que obligaría a Grecia a salir del euro.
Pero eso no significaría que el euro ha vuelto a ser un régimen de tasas de cambio fijas. Ninguna unión monetaria --ni tampoco ninguna unión política-- es realmente irreversible. Y si no, recuerden que el pasado año Reino Unido casi perdió a Escocia.
Lo que la crisis ha dejado patente, sin embargo, es que el costo de salir del euro es muy distinto al costo de abandonar un vínculo con una moneda. Sin una moneda que devaluar, una salida del euro lleva inevitablemente al colapso del sistema bancario y la destrucción de la economía nacional. Y eso no es algo que ningún líder democrático pueda contemplar, como ha admitido el primer ministro heleno, Alexis Tsipras.
De hecho, cuando se tranquilicen las cosas, estará claro que lo que se ha ofrecido a Tsipras es muy generoso, y por eso lo ha aceptado.
Es cierto que el Fondo Monetario Internacional ha declarado que las deudas de Grecia son ya completamente insostenibles --debido totalmente al daño hecho en los últimos seis meses-- y que no participará en un nuevo programa a menos que se realice un gran recorte de la deuda del país.
Pero la eurozona era plenamente consciente de que esa era la postura del FMI antes del acuerdo del lunes. Y lo que es más, fue Alemania quien insistió en que el FMI formara parte de cualquier programa futuro, pese a las objeciones de Grecia. La continua participación del FMI da la señal más clara posible de que la eurozona aliviará el peso de la deuda de Grecia.
Para desbloquear este alivio de la deuda, Tsipras ha tenido que aceptar términos de rendición humillantes. Pero se lo ha ganado a pulso: primero, porque hizo promesas totalmente incompatibles --mantener a Grecia en la eurozona al tiempo que se ponía fin a la austeridad-- que no podía creer que mantendría; y segundo, por la manera en que se ha comportado en los últimos seis meses, mostrando poco respeto por las normas de la eurozona ni por los mandatos democráticos de otros gobiernos.
Al igual que el italiano Matteo Renzi, el francés François Hollande y otros antes que él, Tsipras ha tenido que aprender las reglas del juego europeo: no se puede lograr influir en otros líderes simplemente porque se han ganado unas elecciones --todos lo han hecho--, sino que la influencia se logra al ganarse su respeto demostrando que se tiene capacidad para tomar decisiones difíciles en casa.
No obstante, algunos argumentan que la tragedia griega demuestra que las normas son demasiado brutales, que la actual estructura de la eurozona deja demasiado poder en manos de los países acreedores y obliga a los deudores a absorber todo el peso de los ajustes a las sacudidas.
Esto ha abocado a gran parte del sur de Europa a un bache permanente, convirtiendo a la eurozona en territorio fértil para los partidos extremistas y populistas, según sus detractores.
Lo que se necesita ahora con urgencia son pasos atrevidos hacia una mayor integración política y fiscal, incluidos mecanismos para unas transferencias fiscales mucho mayores entre los estados. Sin esto, señala un experimentado político italiano, la eurozona se destruirá en 10 años.
¿Pero es eso cierto? La eurozona ya cuenta con mecanismos para compartir el peso de las sacudidas entre los estados miembros, como un banco central común, una unión bancaria (aunque incompleta) y un gran fondo de rescate.
Es cierto que las uniones monetarias con mayor éxito cuentan con grandes presupuestos federales, pero eso tampoco sirve de garantía contra los ciclos de auge y caída: recuerden lo que pasó con el cinturón industrial de Estados Unidos o las viejas zonas industriales del norte de Inglaterra.
Se puede discutir que la viabilidad de la unión monetaria depende más de la flexibilidad y dinamismo de la recuperación: la facilidad con la que Estados Unidos puede desviar recursos a las áreas donde pueden utilizarse de manera más productiva es lo que mejor explica su éxito, no las transferencias fiscales.
En este análisis, el futuro del euro depende menos de lo que le pase a Grecia y más de las lecciones que extraigan de esta experiencia los votantes del sur de Europa. Si ponen sus esperanzas en una unión de transferencias fiscales de la que no tienen ganas los políticos en el norte de Europa, el euro podría acabar fracasando.
Pero si llegan a la conclusión de que la forma de evitar el hundimiento del sistema bancario es seguir adelante con las reformas ambiciosas --en educación, infraestructuras, administraciones públicas y mercados laborales y de productos-- diseñadas para transformar el potencial productivo de la economía, entonces la eurozona podría aún sobrevivir, e incluso prosperar.

Por  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.