martes, 3 de marzo de 2015

Brasil se vuelve a ajustar el cinturón y teme perder su grado de inversión

La presidenta Dilma Rousseff conversa con el ministro de Hacienda, Joaquim Levy. (AP Photo/Eraldo Peres) Published Credit: Associated Press Associated Press

El gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, temeroso de que la deuda del país pierda su grado de inversión, está reforzando las medidas de austeridad, las mismas que, de paso, están irritando a sus partidarios y exacerbando una desaceleración económica ya de por sí dolorosa.
La semana pasada, el gobierno anunció un límite al gasto y la inversión fiscal, así como alzas de impuestos para las empresas como parte de un esfuerzo para apuntalar las finanzas del país.
Las nuevas medidas limitarán el gasto federal a 75.000 millones de reales (US$26.300 millones) entre el 1 de enero y el 30 de abril, frente a 85.000 millones de reales en el mismo periodo del año pasado. Esas reducciones complementan un número de recortes de programas y aumentos de impuestos que han golpeado a consumidores y empresas desde principios del año pasado.
Los incrementos han elevado los precios de servicios básicos como la electricidad, pasajes del transporte público y de la gasolina, empujando la inflación anualizada a 7,1%, muy por encima de la tasa oficial de 4,5%.
Las medidas se anunciaron días después de que Moody’s MCO -0.17% Investors Service redujera a estatus de basura la deuda de la petrolera estatal Petróleo BrasileiroSA, PETR4.BR -1.78% que está envuelta en un masivo escándalo de corrupción. Los problemas financieros están alimentando temores de que el gobierno podría tener que apuntalar el gigante petrolero, lo que deterioraría las cuentas públicas y elevaría el riesgo de que la deuda soberana de Brasil pierda su grado de inversión.
Tras décadas de hiperinflación y turbulencias económicas, en los últimos años Brasil gozó del auge de las materias primas y obtuvo el estatus de grado de inversión en 2008.
Sin embargo, el gasto público masivo en beneficio de los pobres y fortalecer la economía tras la crisis global ha elevado los niveles de deuda. La deuda bruta de Brasil es de alrededor de 64,4% del Producto Interno Bruto, un nivel considerado demasiado alto para muchos economistas.
En momentos en que la economía coquetea con la recesión, las calificadoras de riesgo están haciendo sonar las alarmas. Regresar al nivel de chatarra sería no solo un golpe psicológico, sino que elevaría también los costos de endeudamiento de Brasil y ahuyentaría a los inversionistas internacionales, dice Pablo Spyer, analista de Mirae Asset Securities, de São Paulo.
“Los inversionistas estadounidenses están leyendo las noticias todos los días. Están preocupados. Han perdido dinero. Muchos inversionistas individuales compraron acciones de Petrobras”, dijo Spyer. “Si Brasil pierde el grado de inversión, el dinero se esfumará”.
El gobierno anunció el viernes un superávit primario mayor del anticipado para enero de 21.100 millones reales, 0,61% del PIB. Esos ahorros son en gran parte la obra del nuevo ministro de Hacienda, Joaquim Levy, quien ha encabezado la campaña de austeridad. De todos modos, sigue lejos de la marca de 1,2% que se ha impuesto como meta de este año, lo que sugiere nuevos ajustes de cinturón.
“La política económica está siendo ajustada para que la economía pueda volver a crecer, pero no una expansión dependiente del apoyo gubernamental”, dijo Levy a un grupo de reporteros.
Muchos analistas han alabado la nueva disciplina fiscal de Brasil como esencial para su prosperidad a largo plazo. De todos modos, un alza de los impuestos y un descenso del gasto gubernamental significan menos dinero en la economía para alentar el crecimiento y la creación de empleo en el corto plazo. La tasa de desempleo de Brasil subió a 5,3% en enero, frente a 4,3% en diciembre. Los datos oficiales previstos para fin de mes seguramente mostraran que el PIB del país se contrajo en 2014.
Economistas sondeados esta semana por el banco central predijeron un crecimiento negativo de 0,5% en 2015. Si esas previsiones se hacen realidad, marcarían la primera vez que Brasil registra dos años consecutivos de contracción de su PIB desde la Gran Depresión.
La austeridad también le está pasando factura a Rousseff, que ganó la reelección en unos reñidos comicios a fines del año pasado, en parte antagonizando a su oponente conservador como un despiadado impulsor del libre mercado y los recortes de costos. Ahora que ha adoptado algunas de las políticas ortodoxas que evitó durante la campaña, su popularidad se ha desplomado. Solo 23% de los brasileños en una encuesta a principios de febrero calificaron su desempeño como “excelente o bueno”, frente a 24% en diciembre, según una encuestadora Datafolha. Aquellos que la calificaron de “mala o terrible” subieron de 24% a 44%.
Huelgas laborales sacuden todo el país. Camioneros han bloqueado carreteras importantes para protestar el alza de los precios del combustible. Los trabajadores del sector público en Brasília han hecho paros por retrasos en el pago de sus sueldos causados por presupuestos gubernamentales apretados. Y un alza en los impuestos sobre automóviles ha contribuido a un bajón en las ventas y provocado manifestaciones de trabajadores del sector automotor para protestar despidos.
Líderes sindicales, aliados tradicionales del Partido de los Trabajadores de Rousseff, advierten sobre más roces a futuro. “Las medidas están siendo anunciadas sin ningún debate con los trabajadores”, dijo Miguel Torres, presidente de Força Sindical, uno de los sindicatos más poderosos de Brasil. “El gobierno es como el doctor que te abre el cráneo para curar un dolor de cabeza”.
Los líderes empresariales también se están quejando de que una carga impositiva ya de por sí onerosa, sigue haciéndose más pesada.
“Es absurdo que el gobierno vuelva a utilizar aumentos de impuestos para apuntalar sus finanzas en momentos en que la producción ha caído y también el empleo”, dijo Paulo Skaf, presidente de la Federación de Industrias del Estado de São Paulo, uno de los principales grupos del sector.
Toda esta medicina amarga está siendo administrada, dice el gobierno, para mejorar las bases de la economía, para que Brasil pueda restaurar el crecimiento con una baja inflación en el futuro cercano.
“Los ajustes fiscales son siempre difíciles de hacer”, dijo Carlos Kawall, ex secretario del Tesoro y economista jefe de Banco Safra, con sede en São Paulo. Pero el ajuste “es necesario”, manifestó.

lunes, 2 de marzo de 2015 11:13 EDT
http://lat.wsj.com/articles/SB12753603328003034814904580492220886749784?tesla=y

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