martes, 22 de marzo de 2011

¿Y si cerramos las nucleares? No es posible

Foto from tecnun.es

El terremoto y posterior tsunami que ha sufrido Japón no deja sólo importantes secuelas a nivel humano, sino que también tiene un tremendo coste para la débil recuperación económica mundial que comenzaba a gestarse, y también para la energía, en especial para la siempre controvertida nuclear. El accidente sufrido por la central atómica de Fukushima se une a las amenazas que ya registraba el mercado energético, en especial en lo referido al petróleo, afectado por los conflictos que se están viviendo en el norte de África y Oriente Medio.
A pesar de que aún es pronto para conocer el alcance real de lo ocurrido en el país del sol naciente, la rápida reacción de los diferentes lobbys energéticos hace que haya que plantearse una serie de cuestiones sobre lo que puede ocurrir a partir de ahora, tanto en Japón como a nivel global.
1. ¿Se puede reducir el impacto de la energía nuclear en la vida diaria?
La energía nuclear, al ser una de las más baratas de producir a medio plazo, tiene una gran importancia en muchos países. Para reducir la dependencia energética sobre las centrales nucleares, habría que renovar de manera drástica tanto las viviendas como el sector económico terciario, tal y como ha venido haciendo Alemania en los últimos años, según declaraciones de Bernard Laponche, un experto en energía, a Les Echos.
Dicho analista considera que es necesario eliminar de nuestras vidas la calefacción eléctrica, un elemento que tiene un fuerte pico de consumo de electricidad estacional, que tendría que ser sustituido por calefacciones cuyo consumo provenga de las energías renovables o del gas. Asimismo, sería imprescindible imponer un programa de bajo consumo para las nuevas construcciones.
El Instituto para el Medio Ambiente de Estocolmo, que también trabaja con la Unión Europea, subraya la necesidad de establecer un límite de 15 kilovatios/hora de consumo de electricidad por metro cuadrado en el sector de la construcción, una cifra muy inferior, por ejemplo, a los 50 que establece Francia, uno de los mayores consumidores de energía nuclear. Asimismo, el Instituto también pide que se revisen al alza las normas de eficiencia en el sector de los electrodomésticos, de la electrónica y de la producción de calor.
2. ¿Cuáles son las alternativas a la energía nuclear?
A finales del año 2005, una asociación formada por más de un centenar de expertos en energía, NegaWatts, trabajó en un escenario de reducciones drásticas de las emisiones de gases de efecto invernadero, que establece el cierre casi inmediato de las plantas de carbón y petróleo, además del cierre progresivo de las centrales nucleares existentes en el año 2035.
Para lograr esto, es imprescindible desarrollar de manera masiva las energías renovables, en especial la eólica, la solar y la biomasa. Para el año 2050, el objetivo tendría que ser que el 80 por ciento de la energía provenga de las renovables, mientras que el resto tendría que producirse mediante gas, que compensaría la intermitencia de la generación de electricidad procedente de las renovables. Sin embargo, este escenario tiene algunas complicaciones.
Aunque técnicamente ya sería posible, los costes son aún demasiado elevados. "Sería necesario un Plan Marshall de la electricidad", asegura Fabien Roques, de IHC-Cera, en Francia. Asimismo, sería imprescindible reducir el consumo energético mundial hasta casi la mitad. Por ello, expertos internacionales consideran que es necesario un periodo de transición, con una duración de al menos un siglo, antes de retirar las nucleares.
3. ¿Cuál sería el impacto en los precios de retirar la energía nuclear?
En la actualidad, tanto los precios de la electricidad, el gas y la gasolina están subiendo, por lo que hay que valorar si la población está dispuesta a abandonar la energía nuclear sabiendo el impacto que puede tener en el bolsillo, pues es evidente que si se deja de utilizar una de las energías más baratas, el precio se disparará. Especialmente si su producción la sustituyen las renovables, cuyo coste todavía es mucho más elevado no solo en razón de la productividad del sistema, sino también por los elevados costes de instalación y las subvenciones que se han establecido para favorecer la expansión de este tipo de producción.
4. ¿Qué efectos tendría sobre el empleo el abandono de la energía nuclear?
El puesto de trabajo de mucha gente está vinculado directa o indirectamente con la energía nuclear. En un principio, puede pensarse que con el abandono de la energía nuclear podría perderse un número muy alto de puestos de trabajo. Sin embargo, el nuevo escenario deja abierta la puerta a la recolocación de estos trabajadores: por un lado, una gran parte podría reubicarse en los puestos de trabajo generados por las energías renovables; y por otro, aparece una nueva actividad que podría dar trabajo a miles de personas durante bastantes años: el desmantelamiento de las centrales nucleares. A pesar de todo, es difícil prever si los nuevos puestos podrían compensar los que se pierden.
5. ¿Cuál es el mejor método para deshacerse de una central nuclear?
La principal opción consiste en enterrar o encapsular la planta atómica. Es la posibilidad que se está barajando ahora mismo en Fukushima, en el caso de que no sean capaces de refrigerar los reactores. En el caso de Chernóbil, en el que se utilizó el mismo método, centenares de trabajadores enterraron la central con arena, acero y hormigón.
Sin embargo, ese sistema presentó una serie de fallos que permitió que la radiación siguiera liberándose. Por ello, en la actualidad los ingenieros trabajan en un segundo sarcófago, un cubo de 257 metros de largo, 150 de ancho y 108 de altura, que cubriría por completo el anterior.
El coste se eleva hasta los 360 millones de euros. El problema de esta medida es el coste para los trabajadores, que por la actividad que llevarían a cabo terminarían recibiendo radiación en niveles demasiado elevados. Independientemente de esto, todo lo relacionado con el seguimiento posterior de los controles radiológicos supone un esfuerzo económico sostenido durante años.
6. ¿Si se abandona la energía nuclear, qué pasaría con los residuos radiactivos?
Cada año, en el mundo se generan millones de metros cúbicos de residuos radiactivos procedentes de las centrales nucleares. Si en la actualidad ya hay problemas para gestionar dichos residuos -el Ejecutivo español lo sabe muy bien, como manifiesta la polémica que se vive con el cementerio nuclear proyectado, cuya ubicación estaba prevista en un principio en el municipio de Zarra, aunque finalmente se aplazó la decisión-, si se cerrasen varias plantas de golpe, la cantidad de residuos generados podría dispararse, un aspecto que las autoridades aún no tiene claro cómo solucionar.
7. ¿Cuáles son los riesgos para la salud de una sobreexposición a la radiación?
Exponerse a la radiación por encima de los límites recomendados tiene efectos muy nocivos para la salud, e incluso puede provocar la muerte. En concreto, la radiación aumenta exponencialmente el riesgo de contraer diversos tipos de cáncer. En Chernóbil, gran parte del contingente de trabajadores desplazado a la central para hacer frente al desastre, los conocidos como liquidadores, pereció, mientras que otros muchos contrajeron enfermedades de por vida. La población infantil es mucho más vulnerable a estas exposiciones y el efecto radiológico sobre el cuerpo humano se prolonga por muchos años.
8. ¿Con estos riesgos para la salud, por qué Japón posee tantas centrales nucleares a pesar de tratarse de una zona de elevada actividad sísmica?
El país del sol naciente posee en total 54 centrales nucleares, concentradas en 18 emplazamientos. Estas plantas generaron el 29% de la energía que consumió el Estado nipón el último ejercicio. El país tiene en total 127 millones de habitantes, es la tercera economía del mundo, y bajo su superficie no guarda ni gas, ni petróleo, ni carbón.
Por si fuera poco, se suman las dificultades que tiene para el aprovisionamiento energético exterior, algo lógico tratándose de un archipiélago. Ante la necesidad de dotar de energía a personas y empresas, las autoridades apostaron por las plantas nucleares como fuente de aprovisionamiento energético.
9. ¿Qué consecuencias va a tener la catástrofe nuclear japonesa en la economía del país?
La economía interna será la que más sufra por la catástrofe. La destrucción lastra la economía de un país con un marcado acento exportador, debido a que el parque industrial se ha visto muy afectado por lo ocurrido.
Las finanzas niponas entrarán de lleno en una situación terrible, pero se verá aliviado por la enorme capacidad de ahorro del país, que hace que casi el 80% de la deuda pública esté en manos de los propios ciudadanos japoneses, según Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research. El aspecto más positivo para Japón es que la tasa de desempleo se reducirá hasta niveles muy bajos, pues habrá trabajos para todos, al menos mientras dure la reconstrucción.
10. ¿Y para las compañías aseguradoras?
Desde el primer momento, las empresas de seguros, y sobre todo las reaseguradoras -las compañías encargadas de asegurar a las propias aseguradoras- sufrieron importantes caídas en el mercado bursátil.
Es evidente que estas empresas tendrán grandes dificultades para cuadrar sus balances, al menos en lo que se refiere a la primera mitad del año. Según el propio De la Dehesa, los japoneses tienen una gran cantidad de seguros para todo, por lo que las compañías internacionales van a tener que hacer grandes desembolsos. Esto tiene una doble lectura: por un lado, las aseguradoras quedan en algunos casos en una situación muy complicada pero, por otro, permitirán dar un fuerte impulso inicial a las labores de reconstrucción del país.
Por Javier Calvo from eleconomista.es 21/03/2011

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