martes, 23 de julio de 2013

¿Trabajar hasta los 92 años en un McDonald’s puede hacerte feliz?

 
 
 
En la actualidad, un gran número de adolescentes y veinteañeros se ganan la vida en diversas cadenas de restaurantes de comida rápida, aunque tengan la mente puesta en otro sitio: en un empleo mejor, acorde con sus estudios y formación, mejor pagado y que les permita realizarse con plenitud.
 
A ellos probablemente les parecerá chocante la historia de Sara Dappen que, a sus 92 años, sigue empleada en un establecimiento de McDonald’s y se declara muy orgullosa de seguir trabajando allí.
 
“Pensé que iba a ser más interesante que seguir paseando por la calle arriba y abajo, y así no me quedo sentada en una silla”, explicaba Dappen al programa de la televisión americana KCCI 8 News, que lleva cinco años trabajando en el establecimiento de Story City, en el estado de Iowa. Parece ser que es la empleada más anciana (que no veterana) de todos los McDonald’s, pero su contrapartida británica le pisa los talones por muy poco. Se trata de Bill Dudley de 88 años, que se encuentra empleado en Mold (Gales), dedicado principalmente a atender a los clientes.
 
Tanto Dudley como Dappen han vivido los mismos acontecimientos históricos, aunque a diferentes lados del Atlántico. Entre ellos, los años de crisis económica tras el crack del 29, una Guerra Mundial, varias décadas de prosperidad y otra importante crisis financiera. Dappen nació en 1920, cuando la década de los roaring twenties acababa de dar comienzo; se graduó en 1938 en el instituto Story City High y en la universidad de Iowa en 1942, poco después de que Estados Unidos entrase en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque a Pearl Harbor. La manager del departamento de Dappen anunció a los medios de comunicación que le parecía una locura que “vaya a durar para cumplir los 110 años trabajando en McDonald’s”.
 
 
Trabajando para vivir eternamente
 
En realidad, ambos trabajadores no tienen las mismas exigencias que sus compañeros más jóvenes: su empleo consiste básicamente en echar una mano a la hora de recibir a los clientes –Dappen afirma que lo que más le gusta es charlar con ellos– y limpiar las mesas. El dinero que reciben a cambio les permite completar lo recibido por sus pensiones. Aunque también es cierto que el capital simbólico que representan es incalculable, y no únicamente para su entorno más inmediato.
 
Sus propios compañeros manifestaron a la cadena americana que Dappen les servía de inspiración.
Jubilarse aumenta el riesgo de enfermarHabrá quien, con cierto cinismo, vea en esta historia un relato de explotación laboral, cuando en realidad puede enseñarnos a poner en perspectiva nuestra propia vida y a recordar que la edad no es un hándicap tan importante a la hora de seguir siendo útiles para la sociedad. No sólo eso, sino también las propiedades terapéuticas del trabajo. Se oyen con cierta frecuencia las archiconocidas historias de esos recién jubilados que han pasado su vida enganchados al trabajo y que, cuando se retiran, parecen no saber muy bien qué hacer con sus vidas.
 
Se trata de una problemática situación que diversos estudios científicos han abordado. Según una investigación realizada por el Institute of Economic Affairs británico publicada este mes de mayo y realizada a partir de una muestra de 9.000 personas, retirarse aumenta en un 40% el riesgo de sufrir depresión.
 
Además, también favorecía en un 60% la posibilidad de sufrir otro tipo de enfermedades, así como las posibilidades de necesitar tratamiento médico. Como indicaba el encargado principal de la investigación, Gabriel Sahlgren, jubilarse es algo que cambia la vida personal de manera tan significativa que puede llegar a ser más estresante que seguir trabajando. Parece ser que Sara Dappen ha hecho caso a tales investigaciones y ha decidido que la manera más sencilla de vivir eternamente es seguir trabajando hasta el final. 

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