miércoles, 20 de junio de 2018

Ruta en coche por la Costa Amalfitana

Ruta en coche por la Costa Amalfitana
Vista aérea de la Costa Amalfitana (Italia) (Freeartist / Getty Images/iStockphoto)


Recorremos los 50 kilómetros de la sinuosa y fotogénica Strada Statale 163, comiendo la mejor pizza, ascendiendo al ‘sendero de los dioses y descubriendo entrañables pueblecitos



No son muchos kilómetros, es verdad, pero qué intensos son. Y como todo lo intenso, hay que paladearlo despacio, suavemente, para que se te vaya metiendo en el recuerdo con delicadeza. Y es que se trata de una ruta imprescindible: pueblecitos idílicos, las pizzas más sabrosas, pescado fresco y vistas brutales.
Para llegar, solo hay que volar a Nápoles -ojo: existen vuelos desde Nápoles por 59€ ida y vuelta- y, desde allí, dirigirse a Sorrento, a unos 45 kilómetros, el punto de partida.
Como sabes, la Costa Amalfitana se encuentra en la región de Campania (Italia), al sur de la ciudad de Nápoles. Para ser exactos, está localizada al sur de la península de Sorrento, cuyo recorrido comienza en el mismo Sorrento y acaba en Positano, aunque lo ideal es terminar en la punta oeste de la península, en Vietri sul Mare.

Paseo rápido por Nápoles


Galleria Umberto I de Nápoles
Galleria Umberto I de Nápoles (eddygaleotti / Getty Images)
Como hemos comentado, si tu idea es aterrizar en Nápoles – que es lo habitual - y no dispones de mucho tiempo para explorar la ciudad, nuestra sugerencia sería hacer una ruta rápida entre claustros, capillas secretas y estridentes pizzaioli (fabricantes de pizza) por lo siguientes puntos : 1. Vía Tribunale; 2. Duomo (La Catedral); 3. Vía Toledo (calle comercial); 4. Plaza del Plebiscito; 5. Castel Nuovo; 6. Castel dell´Ovo; 7. Museo Arqueológico Nacional.

De camino a Sorrento : Pompeya


Más tarde, y si tienes un hueco, hay que tener muy en cuenta que la ciudad romana de Pompeya está solamente a 40 minutos de Nápoles. Fue devorada por el volcán Vesubio en el año 79. Mucho tiempo después, en el 1763 fueron descubiertas las ruinas bajo capas de lava solidificada. Hoy se puede contemplar cómo era la vida cotidiana en una próspera ciudad romana. No hay que perderse la visita del Foro, las Termas, la Casa de los Vetti, la Villa de los Misterios y el Lupanar (antiguo prostíbulo).
Una de las calles principales de las ruinas de Pompeya, Nápoles, Italia
Una de las calles principales de las ruinas de Pompeya, Nápoles, Italia (Flory / Getty Images/iStockphoto)

Vico Equense, dónde nació la pizza margherita


Antes de llegar a Sorrento, a unos 30 kilómetros de Pompeya, está Vico Equense, considerada como una de las cunas de la pizza margherita (al estilo original, queso mozzarella y tomates cultivados en esas tierras). Vale la pena detenerse y catar una, las hacen a medida, incluso por metro. Son una pasada. Una sugerencia es el restaurante Pizza a metro da Gigino –ojo, suele haber cola-, de hecho forma parte de la biblia mundial de las pizzerías, la guía Where to eat Pizza (traducido por “dónde comer pizza”) del crítico Daniel Young, quien ha reunido a más de 1.000 expertos que han elegido 1.705 establecimientos de 48 países en los que encontrar la mejor pizza.

Sorrento, tierra del Limoncello


A poca distancia de Vico Equense, hacia el sur, se encuentra la población de Sorrento. Técnicamente aun no forma parte de la Costa Amalfitana, pero es muy importante en esta ruta porque es el punto de partida perfecto. Es un lugar entrañable. Tiene su gracia. Merece la pena dar un garbeo por su centro antiguo (s. XVI y XVII), puesto que todo gira en torno de su Piazza Torquato Tasso. También hay que señalar que es internacionalmente conocida por sus limones, que tienen denominación de origen y que son los culpables de la fabricación del mejor limoncello del mundo.
Una de las calles del casco antiguo de Sorrento
Una de las calles del casco antiguo de Sorrento (Madzia71 / Getty Images/iStockphoto)

La Estatal SS163 hasta Vietri sul Mare


A orillas del mar Tirreno, se inicia la auténtica ruta de la Costa Amalfitana. Es la SS163, también conocida como la Nastro Azzurro (Cinta azul), encargada por Fernando II de Borbón, rey de las Dos Sicilias, y terminada en 1853. No en balde, todos los municipios que la bordean fueron declarados en 1997 patrimonio de la humanidad por la Unesco.
Son unos 50 kilómetros aproximadamente. Es estrecha, sinuosa, con curvas algo tortuosas y traicioneras. Algunos de sus tramos cuentan con semáforos que van dando prioridad a uno y otro sentido. Hay que ser habilidoso al volante, para qué negarlo, y no es solo por como serpentea esta carretera, sino por los impresionantes paisajes que invaden (y despistan) a la vista: desde pueblecitos diminutos literalmente suspendidos en los acantilados o por unos parajes mediterráneos llenos de colorido con huertos y viñedos, campos de naranjos, pinares, orquídeas salvajes.
Uno de los puentes más conocidos de la Costa Amalfitana
Uno de los puentes más conocidos de la Costa Amalfitana (35007 / Getty Images)

Playas y miradores hasta Positano


La primera parte de la ruta es de una belleza salvaje. En Sant’Agata sui due Golfi hay unas vistas espectaculares a la bahía de Nápoles y Salerno (de ahí su nombre: Santa Agatha en dos golfos). El mejor mirador es el Deserto, un convento carmelita a un kilómetro y medio del centro. Por cierto, muy aconsejable la playita de guijarrosen Marina del Cantone, que es un punto muy frecuentado por submarinistas. Ah, y se come muy buena pasta, sobre todo el espagueti al vongole o cualquier pasta con frutti di mare.

Parada obligada en Positano


Positano, en la Costa Amalfita
Positano, en la Costa Amalfita (DigiStu / Getty Images)

Una vez en Positano, es obligado detenerse un buen rato y dejarse llevar por su encanto: probablemente el pueblecito más apreciado de esta ruta. El novelista Steinbeck se quedo hipnotizado y la definió así: “Es un lugar de sueño que no parece de verdad cuando estás allí, pero su profunda realidad te atrapa con toda la nostalgia del mundo cuando te has ido”. Calles en pendientes imposibles, casitas de terracota de colores rosados, una maravilla. La conocida foto. Lo dicho: imprescindible.

El sendero de los dioses


El sendero Degli Dei se trata sin duda del paseo más conocido de la Costa Amalfitana, que conecta a lo largo de 12 kilómetros de empinados caminos Positano y Praiano. Aviso: no aconsejable para quienes tengan vértigo: El mar parece el cielo visto desde arriba. Espeluznante.
Y llegamos por fin a Praiano, un pueblecito entrañable de pescadores convertido en un discreto lugar de veraneo, cuyas casas encaladas salpican las verdes laderas del monte Sant’Angelo, hacia el Capo Sottile. Son famosos sus atardeceres, por lo que si vas en un plan romántico, es recomendable dedicarle unas horas, especialmente desde la playa Marina Praiano.
Anochecer en Praiano (Italia)
Anochecer en Praiano (Italia) (benkrut / Getty Images/iStockphoto)

El curioso fiordo de Furore


A escasa distancia de Praiano, está este fascinante fenómeno geológico, excepcionalísimo fiordo en Italia. Es una grieta descomunal que fisura las montañas de Lattari. No es muy visitado.
Cala di Furore es una manga de mar que penetra en la tierra algunos centenares de metros creando una playa alucinante (de unos 25 metros) sobre la que, literalmente, se cuelgan las cuatro o cinco casas del pueblo. Un lugar único que, debido a lo recóndito de su situación, en pleno verano no hace mucho calor, incluso refresca. Si cierras los ojos, se respira paz y el murmullo del mar es un gustazo.
Cala di Furore, en la Costa Amalfitana
Cala di Furore, en la Costa Amalfitana (StevanZZ / Getty Images/iStockphoto)

La catedral de Amalfi


El nombre de esta ruta proviene de esta bella localidad. Fue la primera de las cuatro Repúblicas Marítimas, y durante mucho tiempo mantuvo el monopolio del comercio en el mar Mediterráneo. Es como una piña de casitas blancas que se agarran a la montaña y que están surcadas por callejuelas y pequeñas escaleras que recorren el pueblo de arriba a abajo. En lo alto, destaca majestuosa la cúpula dorada de la catedral de San Andrés Apóstol o simplemente catedral de Amalfi.
Es una catedral católica del siglo IX en la Piazza del Duomo. ¡Ah!, y un par de sugerencias a tener en cuenta en Amalfi: una, el Museo del Papel que ofrece una visita guiada muy interesante a través de la cual se explica cómo se producía el papel en el siglo XIII, y dos, a menos de un kilómetro de Amalfi, se encuentra Atrani, una de los sitios más bellos que se pueden visitar al viajar a Italia (y no exageramos).
Catedral de Amalfi (Italia)
Catedral de Amalfi (Italia) (sestovic / Getty Images/iStockphoto)

Excursión a la gruta de la Esmeralda


Pegado a Amalfi, en la misma carretera, hay un aparcamiento y un ascensor que bajan hasta la Grotta dello Smeraldo. La excursión consiste en coger un bote a motor que penetra en la cueva, aunque también se puede ir por un pasaje de piedra. El silencio del interior es sobrecogedor. Es como uno de esos cenotes mexicanos idílicos. La luz hace que las aguas adquieran tonalidades diversas de un color esmeralda precioso, que brilla sobre las aguas completamente transparentes, rodeadas por estalactitas que le dan una apariencia como irreal a este lugar. El paseo dura aproximadamente media hora y el precio no supera los 10€.

Ravello, el refugio del glamour de Greta Garbo


Después de Amalfi viene Ravello. Es extraordinario. Es el único pueblo de todos los que hemos nombrado que no se encuentra a los pies del mar Tirreno y se aleja un poco de la costa para situarse entre colinas, jardines, parques, villas y palacios. Si se puede y se quiere, hay que ascender hasta lo alto del pueblo porque las vistas son espectaculares.
Incluso las mismísimas Virginia Woolf o Greta Garbo utilizaron Villa Cimbrone, en Ravello como refugio cuando estuvieron en esta región de Italia. Las vistas más llamativas se contemplan al sur de la catedral, en la torre del siglo XVI que señala la entrada a la Villa Ruffolo, residencia de nobles y reyes.
Villa Rufolo, Ravello (Italia)
Villa Rufolo, Ravello (Italia) (Janoka82 / Getty Images/iStockphoto)

Paréntesis en aguas azul turquesa y villa romana


Una vez pasado Ravello, te encuentras a un par de kilómetros con dos pueblecitos muy recomendables y que no son tan conocidos por los viajeros que viajan a esta costa, lo que hace que no esté tan masificado. Son Maiori y Minori. Hay que descubrir sus playas. Sus aguas son de un intensísimo azul turquesa y merecen mucho la pena, antes de finalizar la ruta, poner el freno y bajar a pegarse un chapuzón. Por cierto, Maiori de hecho tiene los vestigios romanos más importantes de la zona en Villa Roma Antiquarium, una muy bien conservada villa patricia del siglo I.

Y hasta el final de la ruta: Vietri sul Mare


Y ya no queda mucho hasta el final de esta aventura. La siguiente parada es Cetara. Hay que subrayar que se come de maravilla (y ya es decir teniendo en cuenta donde estamos). Cada noche, la flota de barquitos con potentes faroles sale en busca de anchoas. Hay que probarlas. Se recomienda un restaurante: Al Convento.
Al final de esta carretera costera, alcanzamos Vietri sul Mare, conocida por ser “la ciudad de la cerámica”, en ese sentido es como un museo al aire libre. Por cierto, hay dos visitas que hay que apuntar: la Cerámica Artistica Solimene, fábrica enorme con venta al público, y el Museo della Cerámica, en Raito, que ocupa una preciosa villa rodeada de un parque. Y enhorabuena: ya hemos conseguido alcanzar el final de la ruta.

Este artículo es fruto de la colaboración entre La Vanguardia.com y Travelzoo, portal especializado en ofertas de viajes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.