sábado, 1 de abril de 2023

Un ‘interruptor’ cerebral desconocido frena el envejecimiento



Una proteína que se encuentra en el cerebro podría ralentizar la velocidad del envejecimiento. (Midjourney)


Investigadores descubren como manipular una proteína del cerebro para que pare los procesos inflamatorios causantes de las enfermedades relacionadas con la edad




Un equipo de científicos asegura haber descubierto una proteína en el cerebro que puede funcionar como un interruptor que frena el envejecimiento. Los investigadores han encontrado también una manera de manipular esa proteína y han conseguido revertir con éxito los procesos inflamatorios causantes de enfermedades relacionadas con la edad en sus tests con animales.

Una de las técnicas más prometedoras para revertir el envejecimiento es reducir los procesos inflamatorios que se producen en nuestro cuerpo según vamos acumulando años. Con el paso del tiempo, nuestro organismo va perdiendo su capacidad de regeneración y se producen fallos en la transmisión de la información genética que provocan que las células dejen de dividirse, queden inactivas y se conviertan en senescentes.

Estas células, conocidas como ‘células zombie’, se quedan vagando en nuestro cuerpo sin que el sistema inmunitario las pueda eliminar y provocan procesos inflamatorios en nuestro organismo relacionados con enfermedades como el alzheimer, la diabetes o algunas formas de cáncer.

Uno de estos procesos inflamatorios sucede en el hipotálamo ventromedial (HVM) —una región cerebral muy importante para el aprendizaje y la memoria— y los investigadores piensan que juega un papel clave en el envejecimiento de todo el organismo.


En qué consiste ese ‘interruptor’

El equipo, dirigido por el profesor Lige Leng, del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Xiamen, en China, ha descubierto que hay una proteína llamada menina que frena la inflamación del HVM y, por tanto, los procesos de envejecimiento que se asocian con él.

"Especulamos que el declive de la expresión de la menina en el hipotálamo con la edad puede ser uno de los factores impulsores del envejecimiento y esa menina puede ser la proteína clave que conecta los factores genéticos, inflamatorios y metabólicos propios de la edad", explica Leng.


placeholderIlustración de la estrctura de las meninas.
Ilustración de la estrctura de las meninas.


Los investigadores han comprobado que unos niveles elevados de menina, protegen a los ratones contra la pérdida de grosor de la piel, la disminución de la masa ósea y los fallos de memoria. Mientras que cuando esos niveles de este neurotransmisor están bajos el envejecimiento se acelera.

"La señalización de la menina en el hipotálamo ventromedial disminuyó en ratones envejecidos, lo que contribuye a los fenotipos sistémicos de envejecimiento y a los déficits cognitivos. Los efectos de la menina en el envejecimiento están mediados por cambios neuroinflamatorios y la señalización de la vía metabólica, acompañados por la deficiencia de serina en el VMH, mientras que la restauración de la menina en el VMH revirtió los fenotipos relacionados con el envejecimiento", apunta Leng.

El mismo equipo de científicos demostró en una investigación previa que la menina del cerebro de los ratones también inhibe los procesos inflamatorios relacionados con comportamientos depresivos. Y que lo hace fomentando la producción de D-serina, un neurotransmisor que frena el declive cognitivo y que se encuentra de manera natural en el pescado, los huevos, la soja y los frutos secos.


Hay que demostrar su efectividad en humanos

Los tratamientos que funcionan en animales no siempre consiguen hacerlo en humanos, así que los investigadores tienen todavía que descubrir cómo aplicarlo de forma segura, aunque son conscientes de que todavía queda mucho para eso. Entre otras cosas, dicen, hay que descubrir el papel exacto de la menina en el envejecimiento, entender mejor el proceso que conduce a su declive o hasta qué punto se puede ralentizar el envejecimiento del organismo y durante cuánto tiempo. También hay que estudiar si la administración de D-serina puede desencadenar otros cambios imprevisibles.

El descubrimiento de los investigadores chinos es un avance más en una tecnología que no va tanto de encontrar la fuente de la eterna juventud o de vivir 200 años, como de ofrecernos una vejez con menos achaques y enfermedades. En los últimos años, se ha producido un boom en la investigación de terapias antienvejecimiento. Detrás de las compañías privadas que lo lideran, como Calico y Altos Labs, hay gigantes tecnológicos como Alphabet (dueños de Google) y multimillonarios como Jeff Bezos.

Estas empresas han fichado a los científicos internacionales más prestigiosos en este campo, como el biólogo español Juan Carlos Izpisúa Belmonte, a los que han atraído con sueldos millonarios y la promesa de medios suficientes para llevar a cabo sus investigaciones. Su objetivo, declaran, es combatir las enfermedades relacionadas con la edad como las cardiopatías, el cáncer o el alzhéimer. El desarrollo de este tipo de tratamientos se lleva con discreción en los laboratorios, sin que todavía se haya comunicado ningún avance reseñable.