lunes, 30 de abril de 2018

¿Chateas con amigos en la oficina? Cómo usar tu PC en el trabajo de forma segura

Foto: No mezcles trabajo y asuntos personales: si tus jefes te espían puede salirte caro. (Startup Stock Photos)


Cualquier uso de los ordenadores de tu lugar de trabajo más allá del laboral entraña un peligro. Evita poner en riesgo tu privacidad usando el equipo corporativo con pies de plomo


Quizás solo sea para responder un mensaje rápidamente a través de WhatsApp Web o, simplemente, para confirmar por correo electrónico la reserva del hotel de las próximas vacaciones. Por unos u otros motivos, lo cierto es que el ordenador que usamos la mayor parte del día, el del trabajo, es un aliado indispensable para resolver esos asuntos personales.

Sin embargo, hay otra cara de la moneda: si no tomas precauciones al navegar, estarías no solo poniendo en riesgo la seguridad de la empresa para la que trabajas y sus clientes, sino además corriendo el riesgo de que tus propios supervisores sean los que terminen espiando lo que haces con el ordenador corporativo.

Cada archivo que abres en el PC de tu empresa, cada tecla que pulsas y cada web que visitas pueden ser vistas por tus jefes. Si tu actividad personal con el ordenador de la empresa no es ilegal y tampoco tan frecuente como para afectar a tu productividad, difícilmente puede ser motivo de despido, pero sí puede ponerte en un aprieto.

¿Cuáles son las normas?

En España, las reglas son claras: tu empresa no puede monitorizar tu actividad sin comunicártelo previamente. Es más, necesita la autorización del empleado para poder revisar el contenido del equipo o vigilar sus comunicaciones. El problema (o uno de ellos) es que, probablemente, el empleado haya dado su visto bueno sin siquiera saberlo: al igual que firmamos los términos y condiciones de Facebook y otros servicios sin haber leído ni media línea, es probable que firmemos en el trabajo un documento con la nueva normativa de privacidad y confidencialidad y que en él se incluya nuestra aprobación.

Hay una excepción: el propio correo de la empresa. Para leer el contenido de los mensajes enviados a través de él, la compañía no necesita autorización. Así, la solución obvia es utilizar nuestra propia cuenta de email en caso de que decidamos mandar un mensaje ajeno a lo laboral desde el equipo corporativo.

Además de leer bien todo lo que firmamos (tanto fuera como dentro del trabajo), el primer paso para no meter la pata al usar el ordenador del trabajo para cuestiones personales es revisar el manual interno que las empresas acostumbran a tener para determinar las normas de uso de los ordenadores.


Tu empresa necesita tu autorización para monitorizar la actividad de tu PC. (Startup Stock Photos)


Desde luego, a las empresas no les faltan opciones a las que recurrir para espiar lo que hacen sus empleados. Hubstaff, Xora, Mspy o TimeWork son solo algunas de las muchas soluciones existentes para vigilar el uso que se les da a los equipos corporativos o incluso el número de horas que se cumplen ante el ordenador. Y aunque legalmente sea necesaria la autorización del empleado para utilizar cualquiera de estos programas, su simple existencia es motivo suficiente para andar con pies de plomo. No en vano, no sabemos si ya hemos aceptado la monitorización sin reparar en ello o si, simplemente, nuestra empresa ha omitido ese necesario visto bueno.

¿Cómo evitar meter la pata?

Solo hay una forma de asegurarse al cien por cien no estar metiendo la pata con el ordenador de nuestro puesto de trabajo: no utilizarlo bajo ningún concepto para cuestiones personales. Pero no basta con eso: si recurres a tu propio portátil o a tu teléfono móvil para abordar esos asuntillos durante la jornada laboral, lo más recomendable es hacerlo evitando conectarte a la red wifi de la compañía.

La razón es doble. Por una parte, conectarnos al wifi de la empresa nos vuelve a situar como posibles objetivos de vigilancia. Por otro lado, hacer clic en el enlace menos indicado o descargar a través de la red corporativa un archivo infectado convertiría nuestros dispositivos en la posible puerta de entrada a la empresa para los ciberdelincuentes.

No utilices el ordenador del trabajo bajo ningún concepto para cuestiones personales

Aunque le pueda doler a nuestra tarifa de datos, lo ideal es usar solo dispositivos personales y hacerlo con el 4G o 3G activado. Además, el propio móvil puede hacer las veces de módem para nuestro portátil personal. Por ejemplo, en Android basta con entrar en "Ajustes" y activar la opción "Módem USB" con el móvil conectado al ordenador para compartir la conexión a internet y navegar desde el PC. En caso de tener un iPhone, el procedimiento es igual de sencillo: solo hay que activar la herramienta "Compartir Internet", a la que se llega desde la opción "Datos Móviles" del menú "Ajustes".

No obstante, puede que no te quede más remedio o que decidas liarte la manta a la cabeza y usar el ordenador de tu empresa para esos pocos asuntos personales que quieres resolver desde la oficina. En ese caso, también hay formas de evitar meter la pata hasta el fondo, aunque corramos un mayor riesgo.

Entre otras cosas, lo ideal es que eliminemos automáticamente cualquier archivo que descarguemos en el equipo corporativo. Así, un 'pendrive' en el bolsillo puede ser una solución: guarda en él todo lo que hayas necesitado descargar en el ordenador y, acto seguido, elimínalo. Esto no evitará que tus superiores sepan que no estabas trabajando en caso de que monitoricen tu actividad, pero al menos sí impedirá que accedan al documento en cuestión.


Tu móvil, conectado por vía USB, puede hacer las veces de módem. (Pexels)

Pero esto no es lo más útil de llevar un 'pendrive' al trabajo (que, eso sí, convendría que cuidases y analizases con un antivirus para evitar infectar el ordenador de la oficina): en él podrías llevar también un navegador para ejecutarlo desde el propio dispositivo de almacenamiento, sin tener que instalarlo. Tanto Google Chrome como Mozilla Firefox y Opera cuentan con versiones portables de estos navegadores que se ejecutan desde el USB: al igual que en el caso anterior, no impedirá que tus jefes sepan que coqueteas con el ocio en horario laboral, pero al menos si evitarás dejar datos personales en forma de 'cookies' o credenciales almacenados en el ordenador.

También es importante evitar que la información de índole personal que enviemos a través del ordenador de la oficina pueda caer en manos de nuestros jefes (o de cibercriminales que consigan acceder a la red corporativa). Lo ideal es no introducir datos especialmente sensibles, como la tarjeta de crédito, y no recurrir a muchos servicios distintos, para no poner demasiadas veces nuestras credenciales. En cualquier caso, cifrar el contenido de nuestros correos personales es la mejor opción. Mailvelope o la opción de cifrado que ofrece Thunderbird a través de su complemento Enigmail son dos buenas opciones para ocultar el contenido de nuestros correos.

Por último, hay una herramienta antiespionaje que poco tiene que ver con el 'software'. No en vano, no siempre que los jefes vigilan a sus empleados lo hacen a través de programas instalados en los ordenadores corporativos: un simple vistazo por encima del hombro es más que suficiente para ver qué hace un trabajador.

En cualquier caso, cifrar el contenido de nuestros correos personales es la mejor opción. Mailvelope o la opción de cifrado que ofrece Thunderbird

Para evitar este tipo de intrusiones, existen filtros de privacidad, una suerte de protectores de pantalla que hacen las veces de persiana vertical. Con uno de ellos instalado en nuestro monitor, solo es posible ver qué hay en la pantalla desde un ángulo concreto. Todo aquel que intente cotillear qué estamos haciendo, si lo hace desde un lado, no verá nada. Este tipo de complementos no requieren una inversión excesiva: en Aliexpress es posible encontrar un modelo para tu portátil por algo menos de 5 euros.

Si bien lo más recomendable sigue siendo no usar los equipos de la empresa para menesteres que tengan poco que ver con lo laboral, sí has de hacerlo es mejor que sigas estos consejos. El sentido común tampoco está de más: si puedes usar Tinder y WhatsApp desde tu móvil, no te dejes seducir por sus respectivas versiones de escritorio.


AUTOR
ÁLVARO HERNÁNDEZ

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