domingo, 9 de febrero de 2014

Una música triste para el desempeño de los mercados emergentes

 
 
 
"Será difícil de comprender". Las primeras líneas de No llores por mí, Argentina parecen ser el acompañamiento musical adecuado para los inversionistas que están tristes por el desempeño de los mercados emergentes.
 
Explicar la agitación que se vive en Argentina, Turquía, Tailandia y otras economías en desarrollo no será fácil, pero le parecerá extraño que muchos gestores de fondos no estén recomendando una retirada completa de los mercados emergentes.
 
Las cifras son bastante elocuentes. Las acciones de mercados emergentes cayeron casi 7% sólo en enero, muchas monedas perdieron valor y los bancos centrales tuvieron que recurrir a medidas de emergencia para detener la hemorragia. No sorprende que los inversionistas emprendieran la retirada. Los fondos que cotizan en bolsa y se centran en acciones de mercados emergentes registraron su segunda mayor retirada de dinero de la historia en la semana que terminó el 29 de enero, según la firma Lipper.
 
Ahora, las malas noticias. Este período de volatilidad ha sido desatado por dos cambios fundamentales y de larga duración: la reducción del estímulo económico por parte del banco central de Estados Unidos, y los temores sobre la economía y el sistema bancario de China.
 
La reducción del programa de compras de bonos de la Reserva Federal y el alboroto que causó China, que representa más de 10% del Producto Interno Bruto global (y alrededor de un tercio del PIB de los mercados emergentes), atrajeron la atención de los inversionistas. Las economías con fundamentos malos —grandes déficits de cuenta corriente, crecimiento débil e inestabilidad política— se convirtieron en parias.
 
En la jerga de Wall Street, el "apetito por el riesgo" de los gestores de fondos cambió: en lugar de codiciar activos como la lira turca y acciones estadounidenses, comenzaron a comprar alternativas más seguras como bonos del Tesoro de EE.UU.
 
Algunos inversionistas ya agotaron su ingenio. Un gestor de dinero confesó el viernes que sólo quería "acostarse en el piso" para recuperarse de una semana brutal. Para los que aún están de pie, la próxima iniciativa dependerá de la elección de activos y la resistencia de su estómago para subirse a una montaña rusa. Asumiendo que la Fed mantenga el curso y que la economía de China permanezca a flote, aquí hay una posible hoja de ruta para navegar el laberinto de los mercados emergentes.
 
"Estoy muy ocupado y soy muy optimista sobre los mercados emergentes", dice Adrian Mowat, estratega jefe de mercados emergentes y valores asiáticos de J.P. Morgan Chase & Co.
 
Según Mowat, una política económica menos flexible en EE.UU. podría, de hecho, beneficiar a los mercados emergentes si coincide con un crecimiento económico más sólido. También cree que la dependencia de la economía mundial en China es exagerada.
 
Además, la reciente caída de las acciones de los mercados emergentes abarató a algunas compañías. Mowat estima que las acciones de las economías emergentes operan con un descuento de 36% frente a sus pares de EE.UU., frente a un promedio histórico de 20%.
 
Mowat es una voz solitaria en un coro de pesimismo.
 
Algunos expertos, como Jay Pelosky, son completamente apocalípticos. El analista, cuya firma J2Z Advisory LLC asesora a fondos con unos US$3.000 millones bajo su gestión, organizó la semana pasada una teleconferencia con clientes titulada: "La economía global le arrebata una derrota a las garras de la victoria".
 
"Las probabilidades de una recuperación global sincronizada han sido eliminadas con el desempeño de los mercados emergentes", dice Pelosky. "Los modelos de crecimiento están rotos, ya sea en Europa, EE.UU. o los mercados emergentes". Su receta para sobrevivir estas épocas sombrías: venda al descubierto petróleo para sacar ganancias de una prevista desaceleración en el crecimiento mundial y a la vez compre empresas auríferas y bonos municipales y del Tesoro de EE.UU. con vencimiento a largo plazo.
 
Otros aún no están listos para adoptar una postura completamente defensiva. En las últimas semanas, Sara Zervos, directora del equipo de deuda global de OppenheimerFunds, que administra más de US$18.000 millones, trasladó su atención de los bonos gubernamentales a los papeles corporativos. Zervos cree que los inversionistas hábiles pueden encontrar buen valor en empresas de alta calificación de mercados emergentes.
 
Un factor común entre estas visiones dispares es fijar parte de la atención en el largo plazo. Conforme las políticas y los apetitos de riesgo cambian, somos testigos de un importante cambio en los flujos de capital que le darán forma al escenario de inversión en un mundo sin un estímulo sustancial de los bancos centrales.
 
 
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