lunes, 5 de mayo de 2014

Una ‘coach’ denuncia en un libro la monstruosa máquina de crear líderes


 
 
¿Una coach que denuncia los métodos de los coach? Esto es sorprendente.
 
 
Pino Bethencourt Gallagher lleva muchos años trabajando como formadora. Se conoce las últimas técnicas para crear líderes, para enseñar a otros a ser buenos jefes, y después de tantas horas de esfuerzo, ha llegado a una conclusión: la mayor parte de esa técnicas son basura.
 
Ella va más lejos: esas técnicas sólo forman “líderes de mierda”. Palabra que usa exactamente para titular su nuevo libro: Líderes de mierda: ¿eres uno de ellos?

Publicado en formato digital en amazon, pocas veces he visto una autocrítica tan sincera y brutal del mundo de los MBA y de la formación de líderes. Mejor dicho: es la única que he visto.
 
Bethencourt, una canaria con orígenes irlandeses, afirma que las técnicas de los coach pueden ser muy divertidas, creando “ejercicios entretenidos para distraer a la clase y que pase un buen rato”, “pero si no hacen que los alumnos se cuestionen a sí mismos, están haciéndoles perder el tiempo”.
 
Afirma que las técnicas rimbombantes diseñadas en los departamentos de los Recursos Humanos y expertos en liderazgo, son pura trampa. 
 
Califica de “máquina inhumana” las entrevistas anuales de evaluación entre superior y subordinado (a las empresas les encantan), porque “están llenas de conflictos emocionales” que impiden ser objetivas.
 
¿Y qué decir del famoso informe feedback 360? Consiste en que te evalúa todo el mundo en la empresa, tu superior, tu par y tu subordinado. Pero esos informes están envenenados por “el politiqueo informal, los cotilleos de oficina y los intercambios de favores”. Al final, en vez de aclarar, esos informes desmotivan a los ejecutivos.
 
En resumen, se pierde una cantidad incalculable de tiempo, de esfuerzos y de dinero en informes ineficaces y reuniones absurdas. Y en programas de formación que, al final, solo sirven para presumir en foros especializados.
 
La mayor parte de las personas que han participado en esos programas los olvidan. “El cerebro humano retiene solo la información emocionalmente irrelevante”. A la basura.
 
Y una de las razones por las que fracasan esos programas, la razón principal según la autora, es que descartan “la irracionalidad de las emociones” ya que las consideran “un remanente peligroso de lo primitivo, feroz y salvaje”. Por eso, “la máquina monstruosa del liderazgo nos esclaviza”.
 
Bethencourt propone lo contrario: convertirnos en unos salvajes. Lo dice en el sentido de no ocultar nuestros orígenes más ancestrales y apelar a la parte bestial de nuestro carácter. Somos animales, nos comportamos en manadas, nos dejamos llevar por corazonadas y emociones. Si queremos enseñar liderazgo, hay que “acoger la emoción como el vehículo principal”.
 
¿Acoger lo salvaje? Ella habla de lo Salvaje como la parte más natural del ser humano en contraposición a la cultura racional del consumo y la lógica de buscar la riqueza y el poder, respuesta típica “de modelos económicos capitalistas de competitividad”.
 
Al conectar con la parte natural de nuestro ser, Bethencourt usa la palabra CONNECT, así en mayúscula. Ir quitando las capas de la cultura moderna y hacer un viaje en espiral hacia el interior. Pero no solo lo dice desde un punto de vista espiritual, sino material. Liberarnos de las cosas inútiles que nos rodean, que hemos comprado pero que no nos sirven. Producir y consumir menos basura.
 
El libro de Bethencourt va mucho más lejos que la denuncia de los actuales métodos de formación de líderes. Extrae ejemplos de la neurociencia para exponer cómo reaccionamos ante las dificultades, nos invita a conocer nuestro cuerpo y a saber por qué está sobrecargado por “retener emociones interrumpidas” desde que somos bebés, al separarnos tan pronto de nuestras madres.
 
Y dando un paso más, penetra en el estado de la mente, el mindfulness o la plena conciencia para ayudarnos a liberar toda la basura emocional.
 
En la última parte, Pino Bethencourt cuenta su propia experiencia vital, comenzando con la diagnosis de trastorno esquizoide de personalidad, las depresiones y de la jaula de emociones en la que estaba encerrada desde niña. “Mi vida era como si me hubieran echado del Cielo y todo lo que podía hacer era mirar entre barrotes”.
 
Recuerda su infancia, su juventud y su madurez como un camino lleno de dolor interior, pero tratando de aparentar que las cosas iban bien. Eso le generó un estado cercano a la psicosis.
 
Aplicándose con paciencia estas técnicas que ella expone en su libro, Pino Bethencourt fue saliendo de su cárcel. Ella pensaba que lo hacía para convertirse en mejor coach, pero al final se dio cuenta de que lo hacía para saber de dónde procedía su “miedo, ira, pena y dolor”.
 
Es lo que propone a los lectores al final del libro: conectar con la parte salvaje de cada uno, sean o no líderes, para despojarse de todas las pieles ancestrales de traumas civilizados”.
 
Y confiesa: “Me convertí en una coach mucho mejor y mucho más humana el día en que me vi reflejada en la debilidad de cada uno de mis clientes…. Ese fue el día en que abrí la jaula civilizada en mi interior y que me había atrapado tanto tiempo, y acogí lo salvaje que vive dentro de mí con la fuerza y el orgullo de muchas generaciones salvajes y rebeldes antepasados”.
 
Fiel a su credo salvaje, el libro de Bethencourt está escrito de una forma un poco salvaje: si se arreglara el desorden de los capítulos y de las ideas, sería más eficiente. Cosa que se puede hacer en los libros digitales, por cierto. Da la impresión de que aquí hay muchos libros en uno: uno de coaching, uno de neurociencia, uno de técnicas de relajación y conocimiento interior, otro de confesiones…
 
Pero no cabe duda de que se trata de un libro valiente, tanto por quién lo cuenta, como contra qué lo cuenta.


4 mayo 2014 - 10:53 - Autor:

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