martes, 27 de mayo de 2014

China traslada el taller del mundo a África



Con cada reluciente placa madre para televisión que sale de la línea de ensamblaje de Hisense Co., China pone un ladrillo más en una nueva base global de la manufactura.
Los ochos técnicos sudafricanos a cargo de la línea monitorean el proceso de ensamblaje a través de computadoras y tienen alicientes para trabajar rápidamente. En menos de un año de operación, están produciendo al mismo ritmo de 70 segundos por placa que sus contrapartes chinos.
Pero hay un detalle: las fábricas de Hisense en China usan la mitad de los empleados para hacer el mismo trabajo. En Sudáfrica, un técnico supervisa una máquina; en China, los técnicos monitorean dos máquinas a la vez.
"Paso a paso", dice Jerry Liu, gerente general de la división de Medio Oriente y África del gigante de electrodomésticos. "Ya llegaremos".
Enfrentadas con un alza en los costos de la mano de obra en su país y percepciones negativas sobre sus prácticas laborales, las compañías chinas están edificando nuevas plantas en África y contratando más africanos. Sus esfuerzos pondrán a prueba si los maestros de la fabricación de bajo costo pueden ser igual de productivos en África que en China.
Muchos apuestan a que la respuesta es afirmativa.
"China es un inversionista resistente", dice Martyn Davies, presidente ejecutivo de Frontier Advisory, una consultora con negocios en China y África. "Ya se aprecia en Etiopía en el segmento más bajo y en Sudáfrica en los productos de alta gama".
La automotriz china FAW Group Corp. ha iniciado la construcción de una planta en el corazón industrial sudafricano de Puerto Elizabeth para producir camionetas y vehículos comerciales ligeros. Huajian Group, un fabricante chino de calzado, planea invertir hasta US$2.000 millones en Etiopía en la próxima década para convertirla en una base de exportaciones hacia Europa y América del Norte. Las empresas chinas también producen tubos de acero y textiles en Uganda.
El aumento en los costos laborales de China es parte del atractivo de África. Los salarios mensuales promedio para un trabajador fabril etíope de baja capacitación, por ejemplo, son de alrededor de 25% de lo que gana su contraparte chino con similares calificaciones, según el Banco Mundial. A medida que la brecha salarial se amplía entre la mano de obra no calificada de China y la de otros países de Asia y África, 85 millones de empleos fabriles podrían emigrar de China en los próximos años, estima Justin Yifu Lin, ex economista jefe del Banco Mundial.
Además de su oferta de mano de obra barata, África representa un mercado seductor para los productos chinos fabricados en el continente. África alberga a seis de las 10 economías de más rápido crecimiento del mundo, según el Fondo Monetario Internacional, y muchos países africanos están reduciendo su dependencia de la extracción de recursos como el petróleo, los metales y las piedras preciosas.
Sin embargo, la deficiente infraestructura de África y la distribución desigual de destrezas erosionan sus ventajas de costos. El estudio del Banco Mundial estimó que un trabajador chino que fabrica camisetas, por ejemplo, puede producir el doble de estas prendas por turno que un empleado etíope.
La respuesta común de China a esa diferencia ha sido utilizar más trabajadores chinos. El país despachó 214.534 empleados a África en 2013, casi una cuarta parte de todos los trabajadores que el país envió al extranjero, según el Ministerio de Comercio de China. Eso representa un alza de 18% frente a 2011, pero el ministerio no desglosa datos por industria. Los analistas sospechan que las cifras oficiales subestiman enormemente la realidad porque no incluyen emprendedores o corredores que hacen negocios en África.
La creciente huella de China en África no ha estado exenta de fricción. En febrero, un sondeo del Instituto de Ética de Sudáfrica, una organización de investigación y capacitación con sede en Pretoria, dijo que 46% de los que respondieron tenía una impresión negativa de las prácticas laborales chinas frente a 19% que las consideraba positivas. Otro 55% opina que las empresas chinas en África usan exclusivamente empleados chinos.
No son sólo percepciones. Las empresas chinas en Angola y Zimbabue importan empleados desde China para realizar las tareas más básicas, como poner ladrillos y conducir camiones. Los empleados que trabajan en obras de carreteras en Etiopía se han quejado que sus supervisores chinos les cortan las palas a la mitad para que las usen para excavar y no para apoyarse en ellas para descansar. Los mineros de Zambia, a su vez, han acusado a sus jefes chinos de despertarlos con agua fría si se quedan dormidos, según entrevistas con los trabajadores.
Sinosteel Corp. no quería que fricciones culturales invadieran su lugar de trabajo, así que casi todos los 3.000 empleados en sus operaciones de minería, producción y corretaje son africanos, señala Wei Zhong, subgerente general en Sudáfrica. "Si traes demasiados trabajadores chinos, eso creará conflictos", asevera.
Importar trabajadores chinos no es una opción para Hisense, dice Li, su gerente general en África. La empresa tendría que alimentar y hospedar a los empleados chinos, lo que crearía toda una estructura de apoyo que no es comercialmente viable, señala.
De todos modos, Hisense tenía un déficit de talento. El fabricante chino de electrodomésticos, que emplea a alrededor de 10.000 ingenieros en todo el mundo, estima que existen solo cerca de 35.000 ingenieros entre los casi 50 millones de habitantes de Sudáfrica. El desafío era contratar técnicos e ingenieros en un país, y en un continente, donde no abundan.
Al final de cuentas, la empresa decidió instalarse en una antigua fábrica de televisores que había quebrado y contrató a muchos de los ex empleados. También estableció programas de capacitación dentro de la fábrica, incluidos para la línea de ensamblaje de las placas madre.
La empresa paga alrededor de US$565 al mes a los técnicos menos capacitados, mucho menos que los cerca de US$800 que paga en China, según Li, y 95% de los 600 empleados de la fábrica son sudafricanos.
Para aumentar la eficiencia, Hisense permite que los turnos que cumplen sus metas de producción semanales antes de tiempo puedan tomarse el resto del día libre. En la práctica, eso significa que la jornada del viernes a menudo termina más temprano. Cuando los ejecutivos chinos elevan las metas de producción, los trabajadores se quejan pero aceleran el ritmo. Nadie quiere siquiera considerar una nueva bancarrota.
"Uno hace su trabajo, hace su parte", dice Valerie Jacobs, quien se incorporó a Hisense el año pasado. "No hay que quedarse parado".

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