sábado, 17 de diciembre de 2011

Poniendo a los casados a prueba



Se dice que los hombres son como los espacios para aparcar —que los mejores siempre están cogidos. No es ningún secreto que últimamente aparcar en Barcelona ha llegado a ser una pesadilla, y cuando encuentras un sitio, hay que actuar rápido antes de que te lo quite otra persona.

La dificultad de aparcar es uno de los precios que hay que pagar viviendo en una ciudad turística como esta. Pero algo bueno es que, a menudo, vienen amigos de fuera por viajes de negocios, vacaciones y despedidas de soltero. Me contactan con la excusa que les gustaría verme para ponernos al día y recordar los viejos tiempos, pero no tardan en pedirme recomendaciones sobre donde ir. Normalmente una cena con un buen vino es suficiente para convencerme y convertirme en una guía turística e interprete por un día.

Hubo una despedida de soltero, en particular, que me hizo pensar sobre lo que significa para los hombres contraer matrimonio. Aunque uno de ellos era un amigo de la universidad, los otros eran desconocidos para mí. Todos estaban casados. Cuando traté de contarles sobre monumentos o galerías de arte del lugar, me explicaron que no. Que no era la cultura lo que les interesaba. Solo querían “portarse mal”. Necesitaban que yo les indicara la dirección correcta.
Empezamos con unas cervezas en Las Ramblas y luego los llevé al Bagdad. Yo siempre había deseado ir allí, pero —hasta aquella noche— no había tenido una excusa. Cuando les expliqué que era un lugar con un show de sexo en vivo, se pusieron la mar de contentos.

Todo iba bien pero después de varias copas, concluyeron que querían aún más emoción. Me sentí fuera de lugar, ya no sabía adonde más ir. Uno me preguntó donde podían encontrar un local donde también se pudiera tocar... Entendí la indirecta y llamé por teléfono a un amigo experto en el tema, que me dio una dirección. Momentos más tarde, estábamos todos en un taxi rumbo a un burdel en la zona alta de la ciudad. El futuro novio insistió —antes de entrar— que no quería sexo completo, no, pero que no rechazaría una mamada si sus amigos pagaban por ello.

Al final todos terminaron “portándose mal”, tal y como deseaban y me agradecieron mucho aquel "tour" inolvidable.
Incluso tras esa experiencia, yo todavía mantenía la esperanza de que no todos los hombres casados fueran así. Durante una comida con un amigo, le comenté lo sucedido durante aquel entretenido fin de semana y decidimos actuar: debía poner a los casados a prueba. Así pues, puse un anuncio en Internet buscando un amante casado para averiguarlo. Decía así:

Sólo para casados. Hola! Tengo 28 años, modelo de lencería. Soy una mujer muy exigente y busco amante casado. Estoy harta de los hombres que quieren que sea la madre de sus hijos. Yo solo quiero realizar mis fantasías con un hombre casado que no busque ningún compromiso y que nunca dejaría a su mujer por mi.

Mis amigos casados enseguida opinaron: nadie se lo creería. Sin embargo, nada más darle al botón “publicar”, mi bandeja de entrada se fue llenando de respuestas. En una hora, tenía más de cincuenta emails para leer. Pasé toda la tarde devorando los mensajes con la boca abierta. Había docenas de imágenes de penes, teléfonos móviles y todos prometían que bajo ninguna circunstancias, dejarían a sus esposas para mí. Otro día los desvelaré.
No me extraña que ahora existen páginas webs enfocadas a satisfacer las necesidades ilícitas de los casados. Las 400 respuestas que recibí de mi anuncio (en un solo día) demostraron que se trataba de un negocio lucrativo. Páginas como Ashley Madison , Victoria Milan y Second Love proliferan. Ofrecen citas para hombres y mujeres casados que buscan nuevas emociones y aventuras. Según Second Love, los hombres están por delante de las mujeres a la hora de la infidelidad: el 60% de ellos buscan aventuras, en comparación con el 40% de ellas. Esta primavera, un grupo de amigas viene a la ciudad para una despedida de soltera. Ellas están pensando en ir a un spa para darse masajes, pero yo tengo otras ideas. Esta vez creo que voy a poner a las casadas a prueba.

Por: Venus O’Hara  from blogs.elpais.com   16 de diciembre de 2011

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