jueves, 29 de diciembre de 2011

¿Cómo celebran fin de año en...?



Foto por flickr  from lavanguardia.com


 
El brindis, una de las costumbres más comunes en el mundo para celebrar la llegada del año nuevo


 
Comer lentejas, barrer la vivienda, dar una vuelta alrededor de la casa con las maletas en la mano o quemar monigotes son costumbres de algunos países para despedir el año y dar la bienvenida al nuevo.
Fin de año es un buen momento para conocer un poco más de cerca las costumbres y tradiciones de un país. Las formas de despedir el año y de dar la bienvenida al nuevo son muy distintas de una zona a otra pero, curiosamente, descubrimos que existen celebraciones similares en puntos del Planeta muy alejados entre sí. Esta época es un momento excelente para viajar y acercarnos a la cultura popular de cada sitio; una forma distinta de conocer el país. Nos proponemos hacer un recorrido por algunas de las costumbres más curiosas del mundo. ¿Nos acompañas?
Comer las doce uvas al son de las últimas campanadas, vestir ropa interior de color rojo y brindar con cava no son costumbres exclusivamente españolas. Algunos países latinoamericanos como México, Venezuela o Colombia también se preparan para dar la bienvenida al año nuevo con las uvas de la suerte, y las prácticas más comunes en buena parte del mundo son el brindis –en cada sitio con su especialidad más típica-, y los fuegos artificiales.
En Italia, que al igual que en España, las mujeres se visten con lencería roja, la cena de Capodanno cuenta con un plato imprescindible: las lentejas. De acuerdo con la tradición, comerlas asegura la fortuna económica a lo largo del año nuevo. Además, en algunas regiones italianas, como Nápoles, es costumbre lanzar trastos viejos por la ventana, todo un símbolo de renovación y de futuro. Y es que la voluntad de romper con el pasado, dejando tras de sí penas y fracasos a través de ritos purificadores, es algo muy común. En países de América del Sur como Ecuador, Chile, Argentina o Perú, cuando llega la medianoche se queman monigotes o muñecos elaborados para la ocasión que representan el año viejo, con la esperanza de que, con su desaparición, empiece una nueva etapa.
En Perú, al igual que en Colombia, la ropa interior también es importante. En ambos casos, el color idóneo para la fecha es el amarillo. En Colombia, como México, la superstición además obliga a salir y dar una vuelta alrededor de la casa con las maletas en la mano, para poder asegurar que se viajará a lo largo del nuevo año.
Dinamarca, en cambio, estrena año de otra forma también muy original. Los daneses aprovechan la ocasión para demostrar la estima que sienten hacia los amigos lanzando platos viejos frente a sus casas. Cuantos más platos rotos se acumulan frente a la puerta, mayor es el número de buenos amigos. Los alemanes, en cambio, muestran una actitud mucho más conservadora y precavida: dejan algo de comida en el plato, para asegurarse de esta forma prosperidad para el nuevo año.
Al otro lado del Planeta, cuando las agujas del reloj indican la llegada de la medianoche, los australianos estallan con ruidos de todo tipo: cláxones, silbidos, campanas de iglesias... una forma ésta última de saludar el nuevo año que también es habitual en Sudáfrica y en Japón. Los nipones, tras haber limpiado la casa, expulsando de ella a la mala suerte, se despiden del año escuchando 108 campanadas de los templos budistas: 107 –el número de pecados, según esta creencia- destinadas al año que muere y una más de saludo al que nace.
Existen otras celebraciones muy especiales como las de Brasil, donde la gente se viste totalmente de blanco y después de la medianoche se lanza al mar, salta por encima de siete olas y como siete uvas. En la playa de Copacabana de Río de Janeiro, la fiesta es especialmente destacada con la 'reina de las Aguas', una divinidad de origen africano que recibe regalos de los presentes, mientras las aguas del mar se van llenando de flores u otras ofrendas.
Nos despedimos en Finlandia. Allí podremos descubrir qué nos depara el futuro a través de los objetos escondidos debajo de las tazas.

Por  Magda Bigas  from lavanguardia.com  28/12/2011

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