lunes, 29 de enero de 2018

CIUDADES ENFERMAS HIPERILUMINADAS. Si quieres tener una vida más saludable, apaga la luz

Si quieres tener una vida más saludable, apaga la luz
Barcelona es una de las ciudades más iluminadas de Europa. (imv / Getty)

  • La contaminación lumínica provocada por la implantación masiva de la tecnología LED va en aumento y tiene efectos perjudiciales en humanos, animales y plantas

Si un alienígena nos observara desde algún exoplaneta lejano, no vería la Tierra como un ‘punto azul pálido”, sino que, probablemente, la imagen que le llegaría sería la de un mundo hiperiluminado y brillante en el que la noche está desapareciendo.
Las imágenes tomadas por satélites y astronautas de la Estación Espacial Internacional revelan que una décima parte de la superficie terrestre está iluminada artificialmente cada noche y que esa proporción aumenta hasta un 23% si se tiene en cuenta el resplandor que emanan las ciudades.
Considerando que siete partes del planeta están cubiertas por mares y océanos, esas cifras implican que ya casi no quedan rincones a oscuras. Y los que hay se van reduciendo.Un estudio reciente en Science Advances constataba que tanto el brillo como la superficie de la Tierra alumbrada aumentan a razón de un 2,2% cada año.
Detrás de ese incremento está la introducción de los LED, una tecnología cada vez más popular por su, en teoría, eficiencia. “Como con el uso de esta tecnología se reduce la factura, las ciudades en lugar de ahorrar se han dedicado a poner más y más luz, sobreiluminando aún más y agravando el problema de contaminación lumínica”, se lamenta el astrofísico Salvador Ribas, director científico delParc Astronòmic del Montsec.
Esa sobreiluminación supone un derroche energético, una pérdida del patrimonio cultural de la humanidad , que ya no puede contemplar el firmamento, y un obstáculo importante para la observación científica. Además, tiene importantes repercusiones sobre la salud humana y de los ecosistemas. Y es que no solo hay más luz, sino que esa luz tiene un componente azul elevado que “es, precisamente, lo que genera problemas medioambientales y se asocia a enfermedades como el cáncer”, apunta Ribas.
Un hombre contempla la Via Láctea
Un hombre contempla la Via Láctea (bjdlzx / Getty)
El LED, cuyo diseño valió el premio Nobel de Física en 2014 a sus inventores, es un chip que emite una luz de base azul y que se puede tratar aplicando capas de fósforo para así obtener otros colores.
“Barcelona se ve desde las Baleares. De hecho, se puede navegar desde Mallorca de noche hasta la capital catalana solo siguiendo su luz”
ALEJANDRO SÁNCHEZ DE MIGUEL
Astrofísico de la Universidad de Exeter, Reino Unido
“El que se utiliza en el alumbrado público da una luz blanca, pero contiene un componente azul importante, que varía en función de la temperatura de color. Las luces blancas cálidas, típicamente de 3000 Kelvin, son más suaves y agradables, y tienen menos componente azul. Las blancas más frías, de 5000 o 6000 Kelvin, son más azuladas y, por tanto, más contaminantes”, explica Manuel García, profesor de la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). “Por el contrario –puntualiza-, las más azuladas son más eficientes energéticamente que las cálidas”.
El componente azul de la luz blanca de los LED, indicaAlejandro Sánchez de Miguel, astrofísico de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, se difunde más rápido por la atmósfera que otros colores, se ve a más distancia y contribuye más al resplandor que envuelve muchas ciudades. “Barcelona se ve desde las Baleares. De hecho, se puede navegar desde Mallorca de noche hasta la capital catalana solo siguiendo su luz”, destaca.
¿Qué es la contaminación lumínica?
La Asociación Internacional para el Cielo Oscuro (IDA, por su sigla en inglés) define contaminación lumínica como cualquier efecto adverso de la luz artificial, incluido el resplandor de las ciudades y el derroche de energía. El concepto surgió hace aproximadamente medio siglo, cuando los astrofísicos comenzaron a tener que emigrar a zonas deshabitadas o con poca densidad de población, como Hawái, las Canarias o el desierto de Atacama, para poder observar el cielo.
Altera el reloj interno
Este tipo luz impacta y altera el reloj biológico interno por el que nos regimos todos los seres vivos que poblamos la Tierra y que dicta cuándo comer, dormir, reproducirse, migrar. En el caso de la vida salvaje, se ha documentado cómo las luces de las ciudades confunden a las especies migratorias, que suponen un 30% de los vertebrados y un 60% de los invertebrados. También la vegetación se ve afectada: se ha documentado que los árboles florecen prematuramente porque el alumbrado público los estimula para germinar antes, lo que los hace vulnerables a las temperaturas frías y provoca desencuentros con los insectos polinizadores.
Contaminación lumínica nocturna sobre el Parque Nacional Josgua Tree, en los EEUU
Contaminación lumínica nocturna sobre el Parque Nacional Josgua Tree, en los EEUU (Dan Duriscoe)
En humanos, la exposición a luz artificial y en particular al componente azul de los LED se ha relacionado con enfermedades cardiovasculares y metabólicas, como diabetes, hipertensión y obesidad; también con depresión, dificultades para concentrarse, y cáncer.
En el ojo humano hay unas células fotorreceptoras, además de los conos y los bastones encargados de la visión, cuya misión es precisamente sincronizar el ritmo circadiano. Para ello, envían señales al cerebro instándole a producir o a inhibir neurotransmisores y hormonas, como la melatonina, en función de si es de día o de noche. Esa hormona, la melatonina, es clave para inducir el sueño e instar al organismo a arrancar el proceso de reparación y renovación celular. Esos fotorreceptores son sensibles a la luz alrededor de los 450-460 nanómetros y, desafortunadamente, coincide con el pico de energía en azul de la luz LED.
El componente azul de la luz LED altera el ritmo circadiano, el reloj biológico interno por el que nos regimos todos los seres vivos del planeta.
Hasta el momento, el impacto de la luz artificial sobre la salud se había estudiado en casos extremos, comotrabajadores de turno de noche, que suponen un 15% de la población, y la mayoría de investigaciones habían hallado una correlación entre un riesgo incrementado de cáncer de mama y próstata, y la exposición a luz artificial.
“No hace falta tener un foco enorme de LED delante de ti toda la noche para que te afecte la luz. En un estudio con enfermeras del turno de noche que trabajan en ambientes que no estaban muy iluminados, como cuidados intensivos, se midieron los niveles de melatonina y se vio que también estaban alterados”, apunta Manolis Kogevinas, al frente del programa de cáncer del Institut de Salut Global de Barcelona (ISGlobal).
Aumenta el riesgo de cáncer
Aunque la población general no está tan expuesta a luz artificial como los trabajadores por turnos, también se ve afectada. En agosto de 2017 un estudio de la Universidad de Harvard alertaba que las mujeres que viven en vecindarios con un nivel más elevado de iluminación nocturna tienen un riesgo incrementado de sufrir un cáncer de mama.
La luz del alumbrado público también entra en los hogares.
La luz del alumbrado público también entra en los hogares. (Pedro Madueño)
Un asociación que también han encontrado los investigadores de ISGlobal. Han analizado una muestra de 1500 mujeres con cáncer de mama y 1300 hombres con cáncer de próstata, residentes en Barcelona y Madrid, de quienes sabían sus coordenadas geográficas.
A partir de fotografías tomadas por astronautas de la ISS de ambas ciudades transformaron la intensidad y el espectro de luz en un índice de supresión de melatonina. De eso se encargaron Sánchez de Miguel y Martin Aubé, astrofísico de la Universidad Cegep de Sherbrooke, en Canadá.
“Combinando la información de color de las imágenes, somos capaces de estimar, desde el espacio, la supresión potencial de melatonina de la luz que entra en las habitaciones de la gente en las ciudades. Hay que tener en cuenta que la luz azul entra en el ojo incluso cuando éste está cerrado”, incide Aubé en una entrevista por correo electrónico.
“Hay que tener en cuenta que la luz azul entra en el ojo incluso cuando éste está cerrado”
MARTIN AUBÉ
Astrofísico de la Universidad Cegep de Sherbrooke, Canadá
A continuación superpusieron el mapa con el índice de supresión de la melatonina encima de las coordenadas de cada participante en el estudio. “El por qué no lo sabemos, porque no hemos estudiado el mecanismo, pero hemos observado que existe un riesgo significativo incrementado de sufrir cáncer de mama y de próstata para aquellas personas expuestas a un mayor índice de luz azul”, asegura Ariadna García, investigadora posdoctoral en ISGlobal, que prefiere no dar cifras concretas hasta que se publique la investigación.
Ciudades, cada vez más azules
A pesar de las cada vez más abundantes evidencias del impacto de la luz azul sobre la salud humana y el medioambiente, la implantación de LED en las ciudades va en aumento. “El problema no son los LED, sino el uso que hacemos de ellos”, puntualiza Ribas, para quien “si usáramos LED muy cálidos, o ámbar, más parecidos a las lámparas de sodio que hay en la mayoría de calles de las ciudades del mundo, no tendríamos este problema”.
“El por qué no lo sabemos, porque no hemos estudiado el mecanismo, pero hemos observado que existe un riesgo significativo incrementado de sufrir cáncer de mama y de próstata para aquellas personas expuestas a un mayor índice de luz azul”
ARIADNA GARCIA
Investigadora postdoc en ISGlobal
“El LED ámbar no tiene una buena reproducción cromática y es menos eficiente que el blanco, por eso no nos lo hemos planteado para usar en la ciudad, solo en el caso de parques o de Collserola”, explica Cristina Castells, responsable de energía y calidad ambiental del Ayuntamiento de Barcelona. En la ciudad condal, donde había quejas de la ciudadanía de que era una ciudad oscura, a pesar de que las cifras reales contradecían esa sensación, se acaban de renovar las farolas de más de 200 calles. Se ha optado por LED de 4000k para las calzadas y de 3000K, para las aceras.
“Esas opciones nos permiten una luz más uniforme, con una mejor reproducción cromática, más claridad en la ruta y más sensación de seguridad. Además podemos controlar y regular la intensidad de luz en cada momento; cuando se enciende el alumbrado tiene la intensidad más alta y hacia las 11 de la noche se reduce el nivel de luz para volverlo a subir de madrugada.”, añade Castells, que remacha que con este cambio “ahorraremos la energía equivalente al consumo de 1500 familias al año”.
Iluminacion de la calle Gran de Gracia, en Barcelona.
Iluminacion de la calle Gran de Gracia, en Barcelona. (César Rangel)
Para García, de la UPC, optar por un tipo de LED u otro, o incluso substituir las actuales y eficientes bombillas de vapor de sodio de alta presión actuales, pasa por evaluar diferentes pesos en una balanza que tiene muchos platillos. “Hay que tener en cuenta la cantidad de luz que se necesita en la calle pero también que cualquier luz con componente azul que se instale tiene un impacto medioambiental”, añade y pone como ejemplo el municipio de Saldes, a los pies del Pedraforca, donde se ha optado por LED ámbar en la mitad del alumbrado municipal. “Primaron sostenibilidad a largo plazo; quizás no ahorran al euro, pero tienen una buena iluminación sin afectación de la fauna, la flora y la salud humana”, considera.
En ese sentido, también la industria también comienza a apostar por los LED cálidos. “Hace cuatro años recomendaban los LED más fríos, de 6000 K, pero desde hace un año y medio, seguramente influidos por los estudios acerca del impacto de esta luz en la salud humana, han comenzado a recomendar el uso de LED cálidos y a incluirlos en sus catálogos”, afirma Ribas, que apunta que “también habrá influido el hecho de que ya se han desecho del estoc de LED fríos con que contaban y ahora necesitan comenzar a vender nuevas bombillas”.
El problema es, insiste Josep Maria Ollé, profesor de luminotecnia en la Universitat Rovira i Virgili (URV), que “lo que ya se ha instalado, no se va a tocar en los próximos 20 años. Los ayuntamientos no tienen dinero para ello. Así es muchos municipios que instalaron nuevos alumbrados hace 4 o 5 años, contarán con iluminarias con LED de mala calidad, poco eficientes y que puede tener una afectación sobre la vida humana y el medio ambiente”.
“La industria, influida por los estudios que relación exposición a luz azul y cáncer, comienza a recomendar el uso de LED cálidos. También ya se han desecho del estoc de LED frío y necesitan vender nuevas bombillas”.



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