domingo, 25 de febrero de 2018

El sistema financiero saldría indemne de producirse un colapso de las criptomonedas, según S&P

Dreamstime

El futuro del bitcoin depende de cambios regulatorios. Los inversores minoristas acumularían todo el peso del estallido de la burbuja.
El fenómeno de las criptomonedas ha dejado de considerarse una excentricidad de una pequeña parte del sistema financiero e incluso ha provocado que salten las alarmas de los reguladores. La Comisión Nacional del Mercado de Valores y el Banco de España emitieron hace pocos días un comunicado conjunto en el que alertaban de los riesgos de estas divisas digitales, con lo que seguían la estela de otros organismos internacionales como el regulador bursátil estadounidense, el Banco Central Europeo o el Banco Internacional de Pagos. Pero, ¿puede un desplome del bitcóin colapsar el sistema financiero mundial? En Standard & Poor's creen que no.
La agencia de ráting analiza la atención que las fluctuaciones del bitcóin (la más conocida y utilizada) y el resto de monedas virtuales ha generado en el último año en el documento titulado El futuro de la banca: las criptomonedas necesitarán algunas reglas para cambiar el juego. El impacto de estos instrumentos de pago sobre el sistema financiero y el riesgo de que se infiltren en los mercados tradicionales exponiéndolos a un posible estallido de burbujas es considerado un escenario todavía lejano por Mohamed Damak, jefe de Instituciones Financieras de S&P Global.
«Por ahora, una caída significativa en el valor de mercado de las criptomonedas tendría solo el efecto en la industria de los servicios financieros de una onda demasiado pequeña como para perturbar la estabilidad o afectar a la solvencia de los bancos que calificamos», indica el analista.

Elemento especulativo

La calificadora crediticia define las criptomonedas como «un elemento especulativo que tendría un efecto insignificante en la estabilidad financiera global si sufriera un colapso en su valor». El documento, no obstante, señala el peligro que representan en el contexto actual para los inversores minoristas, que son los que más valores de este tipo acumulan, mientras que la exposición directa o indirecta de este tipo de comercio sobre la banca es limitada.
El problema puede llegar en el caso de que las criptomonedas lleguen a convertirse en una clase de activo, ya que el impacto sobre las firmas de servicios financieros sería gradualmente mayor. «Creemos que el éxito futuro de las monedas virtuales dependerá en gran medida del enfoque coordinado de los reguladores y legisladores mundiales para mejor la confianza de los participantes del mercado en estos instrumentos», augura Damak.
La agencia de calificación recuerda que este tipo de monedas carecen de los dos requisitos básicos para funcionar como tales: un tipo de cambio efectivo y un valor de depósito. Las criptomonedas no cuentan con una amplia aceptación como medio de pago, mientras que la volatilidad que arrastran en los últimos 12 meses impide que se pueda fijar un valor reconocido.
El mejor ejemplo es el bitcóin, su buque insignia, que a principios de año perdió la mitad de su valor desde el récord de casi 20.000 dólares por unidad al que llegó a intercambiarse. El informe señala que el pasado 10 de febrero la capitalización del total de las monedas virtuales en circulación sumaba cerca de 394.000 millones de dólares, mientras que Apple rondaba los 794.000 millones, por lo que su impacto en caso de estallido de la burbuja en la economía global sería muy limitado, aunque suficiente para haber llamado la atención de los reguladores.
La parte positiva para la industria financiera llega de la mano de la tecnología que utiliza: el blockchain. Este sistema en el que se basan las criptomonedas permite la creación de carteras digitales compartidas, por lo que podría ser un elemento disruptor positivo sobre las cadenas de valor financieras, al permitir la reducción de los costes o acelerar las transacciones.

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