jueves, 17 de octubre de 2013

Cómo decirle a tu pareja que está gorda y salir bien parado de tamaño atrevimiento

 
 
LAS ACTITUDES QUE DEBEMOS EVITAR

Hablar de peso siempre es complicado, y más hacerlo con personas queridas cuya sensibilidad podemos herir. No digamos ya si lo que queremos es hacer una crítica o sugerir que una pérdida de peso no vendría nada mal. Aunque la intención primigenia es buena, y lo único que queremos en esos casos es ayudar y mirar por el otro, a menudo éste puede interpretarlo como una crítica y sentirse ofendido o dolido.
 
La psicóloga clínica Jennifer Kromberg ofrece para esta complicada situación una serie de consejos de lo que debemos y no debemos hacer ante un ser querido que debe adelgazar.
 
Actitudes que debemos evitar
 
1. No recurras a avergonzarlo
La vergüenza puede hacer que, efectivamente, la persona en cuestión deje de comer en exceso delante de ti, pero no generará un cambio real a largo plazo. De hecho, la vergüenza suele promover exactamente los comportamientos que pretendes evitar. Nunca que le digas que ni siquiera cabe en sus pantalones o que ya no te sientes atraído por él o ella: no ayudará a producir ningún cambio y será muy doloroso para la otra persona.
 
2. No fuerces el tema
Cuando debemos hablar de peso, dale a tu pareja o a tu ser querido el espacio suficiente. Si en ese momento no quiere hablar del tema, déjalo pasar. Una discusión sobre el peso de alguien es un asunto delicado y muy personal, y debe llevarse a cabo tranquila y paulatinamente. Además, que no lo hable contigo no significa que no lo piense a solas o que no lo hable con nadie más.
 
3. No centres la conversación en el peso y la comida
Enfoca la discusión en la salud, en los hábitos saludables. Las frases que se centran en el cuerpo de otra persona o en sus hábitos alimentarios dejan al interlocutor indefenso. No le digas que sigue aumentando de peso o que le viste comerse una chocolatina el otro día después de cenar. Es tentador hablar de los detalles, pero no son útiles y harán sentirse al otro avergonzado y desprotegido. Habla del verdadero asunto: la salud y la calidad de vida.
 
4. No des consejos para adelgazar
Todos sabemos lo que hay que hacer y, sobre todo, lo que no hay que hacer para perder peso. El problema real no es la dieta a seguir o la tabla de ejercicios a realizar, así que no recomiendes ninguna. Muéstrale al otro, simplemente, tu preocupación por él.
 
5. No monitorices su comida o su ejercicio físico
Intenta no comentar los comportamientos del otro respecto a la alimentación y el ejercicio, sean buenos o malos. Cualquiera de esas observaciones establecen una dinámica que te convierte en una suerte de vigilante. Si crees realmente que un seguimiento será positivo, es mejor acudir a ayuda externa y profesional: para eso están los dietistas y los entrenadores personales. Pero no ejerzas tú de policía: sólo empeorará tu relación con el otro.
 
6. No juzgues
Y eso incluye hacer referencia a cómo la sociedad juzga a las personas con sobrepeso: el afectado es plenamente consciente de ello, y probablemente nadie le juzgue tan duramente como se juzga él. Céntrate en apoyarlo, no en juzgarlo.
 
 
Comportamientos recomendables
 
1. Recuerda que la persona afectada se siente avergonzada
Aun cuando habla de ello abiertamente y hace bromas al respecto (o precisamente en estas ocasiones), lo más probable es que la persona que pesa más de lo que debería no esté a gusto con su cuerpo. Sé empático al respecto y piensa bien cuáles serán tus palabras y la manera de enfocar el tema. Recuerda que es un asunto que puede resultar muy doloroso.
 
2. Habla de la salud y los sentimientos
Expresar la preocupación acerca de la presión sanguínea, el colesterol o la diabetes, en fin, por la salud del otro, es la manera más adecuada de enfocar el tema. Se comunican perfectamente las inquietudes desde el amor y el cariño, y el riesgo de herirlo es mucho menor.
 
3. Habla con cariño y respeto
Es importante comunicarle que le quieres exactamente como es. Si estás intentando que cambie su actitud es porque quieres que sea lo más feliz posible, y que su salud no corra ningún peligro.
 
4. Sé empático
Intenta pensar en algún aspecto de tu vida frente al cual seas especialmente sensible (¿la educación, el dinero, las relaciones?). Debes hablar en consecuencia, consciente de que es un tema delicado, ofreciendo cariño y apoyo. Si no, se sentirá desprotegido y la conversación os alejará. Debes ser un cómplice.
 
5. Mira más allá de la culpa
No se trata de buscar responsables. Lo que para ti puede ser una simple cuestión de autocontrol, para el otro puede ser un Everest muy complicado de subir. Evita asignar culpas.
 
Finalmente, debes recordar que, en última instancia, es decisión de la otra persona, y aunque a ti te importe no tienes la última palabra. También es muy probable que, aunque el afectado reaccione mal o se sienta herido, en el fondo haya escuchado lo que quieres transmitirle. Con cariño y comunicación, nada debería ser un problema.


 

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