miércoles, 26 de octubre de 2011

Que miremos no significa que nos guste



Foto from motorpasionmoto.com

LAS MUERTES TELEVISADAS DE GADAFI Y SIMONCELLI REABREN EL DEBATE
Mucha gente recordará el comienzo de una exitosa película española de los 90, Tesis, en la que una de las protagonistas camina por el andén del metro tras un atropello. Ésta desatiende a las indicaciones de los agentes de seguridad que sugieren a los pasajeros que no miren a la vía para ver el cuerpo de la víctima, y se acerca al borde del andén para observarlo. Esta escena, como el mismo argumento del largometraje, es sólo un ejemplo de cómo el morbo nos empuja en muchas ocasiones a contemplar las situaciones más horripilantes. Sin embargo, no quiere decir que todos disfrutemos con ellas y busquemos verlas.

El principal problema en la actualidad no se debe a transformaciones psicológicas de las personas, sino que radica en el uso mediático que se le da a este tipo de imágenes. En los últimos años ha habido un cambio en los medios de comunicación que ha provocado que existan
muchas más imágenes que nos muestran hechos violentos o traumáticos.

Para justificar estas acciones, los medios argumentan que tienen audiencias muy elevadas y que hay mucha gente a la que le gustan los programas que generan morbo y violencia de forma gratuita y sin ningún tipo de filtro. Sin embargo, se confunden hechos distintos. Una cosa es la curiosidad que cada sujeto, en mayor o menor medida, puede tener a la hora de contemplar ciertas imágenes, y otra cosa es que nos guste verlas. Es normal que haya hechos que nos obliguen a desviar la mirada y a que les prestemos atención, pero la mayoría de la gente no se recrea al observar a alguien sufriendo un daño terrible o muriendo.

Por ejemplo, a la mayoría de las personas no les gusta ver el vídeo de los últimos minutos de la vida de Gadafi, por muy tirano que haya sido, porque es muy desagradable y no quieren recrearse con su sufrimiento. Habrá casos mínimos de gente que, por tener un determinado tipo de personalidad, sí disfrutan con ello, pero es igual que cuando hay una pelea, hay personas que disfrutan quedándose a verla y fomentándola, y habrá quienes prefieran separarlos y evitar un daño mayor.
Todo depende de la personalidad del observador.

Fenómenos muy comunes en la actualidad como la telebasura, el cotilleo o el auge de los comentarios mezquinos en muchos medios no nos interesan mucho en sí, sino que son acciones que están reforzadas socialmente. Algunos se preguntarán si es esto cierto dadas las audiencias de televisión, que siempre indican el liderazgo de estos programas. La respuesta es sí. Que haya mucha gente que siga ese tipo de contenidos no quiere decir que constituya una mayoría de la población, ya que porcentualmente no son muchos.

También hay que tener en cuenta la sobreexposición que se crea en Internet, en las redes sociales, en los medios de comunicación, etc. a estas imágenes. No es necesario que busquemos vídeos morbosos por nosotros mismos, sino que los podemos encontrar a través de Facebook, en cualquier telediario o en un link que nos envíe un amigo.

Una de las principales cuestiones a tener en cuenta son los efectos que produce visionar estos hechos violentos o traumáticos. El uso de esta clase de imágenes es absolutamente negativa porque lo que vemos con frecuencia tendemos a normalizarlo. Si sigues mucho una serie de televisión en la que el protagonista combate los reveses amorosos a base de emborracharse, aprenderás que beber alcohol en esas circunstancias está plenamente justificado y tenderás a reproducir esa conducta.

Con la violencia ocurre lo mismo. Si estás acostumbrado a ser testigo de actos violentos o a verlos en películas, con frecuencia acabarás entendiendo que es algo natural y, por tanto, considerarás que el uso de la violencia está justificado. Estos comportamientos calan en toda la sociedad y el uso ya comentado de los medios de comunicación supone la herramienta ideal para la divulgación de estos contenidos. Por ejemplo, el auge de estos últimos años entre los adolescentes de mandarse por móvil vídeos en los que ellos mismos o algún compañero agrede a algún profesor o a otro alumnos y en los que se vanaglorian de sus actos. Si esto lo ve mucha gente y empieza a ser algo habitual, se acabará pensando que es normal, que es algo gracioso y que hay que estar orgulloso de haberlo hecho porque no es algo grave. Estos comportamientos hay que pararlos.

Sin embargo, también es cierto que imágenes de este tipo puede ejercer una función concienciadora. En estos casos, la empatía nos ayuda a ponernos en el lugar del otro y nos empuja a evitar o tomar precaución ante ciertos comportamientos que pueden resultar peligrosos. Así ha ocurrido con las campañas de la DGT o con el angustioso vídeo de la muerte del piloto italiano Marco Simoncelli, que ha recordado a los seguidores del motociclismo la peligrosidad que tiene el deporte. Acostumbrados carrera tras carrera a ver al piloto caer al suelo con consecuencias leves, han aprendido a minusvalorar los golpes que éstos reciben. El accidente del italiano nos recuerda que no es así, que los accidentes pueden tener consecuencias fatales y que, por eso, no podemos hacer el tonto cuando nos ponemos al volante.

Por José Antonio Molina  from elconfidencial.com    25/10/2011 

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