martes, 13 de septiembre de 2011

La 'papolatría' es expresión de fundamentalismo, según los teólogos de la Juan XXIII


Foto from vatican.va

La Jornada Mundial de la Juventud ofreció "una imagen autoritaria y patriarcal de la Iglesia", dicen los pensadores religiosos en un manifiesto.
Al congreso de la Asociación de Teólogos Juan XXIII no le ha gustado la multitudinaria Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), celebrada en Madrid a mediados de agosto pasado con la presencia de Benedicto XVI. "Ha ofrecido una imagen autoritaria y patriarcal de la Iglesia, ajena a los problemas reales de los jóvenes, y ha fomentado la exaltación del pontífice, hasta caer en la papolatría, una de las más nítidas expresiones del fundamentalismo. Y todo ello con el apoyo y la legitimación de las diferentes instituciones municipales, autonómicas, militares y empresariales", dice en su manifiesto final.
Clausurado ayer en Madrid con la presencia de unas 900 personas, pensadores de diferentes continentes y múltiples identidades culturales, religiosas y étnicas, el congreso ha reflexionado en el paraninfo del sindicato Comisiones Obreras sobre el fenómeno de los fundamentalismos y sus principales manifestaciones, causas y consecuencias en distintos escenarios neoculturales, como Asia, África, América Latina y Europa.
"Los fundamentalismos son la manifestación más elocuente de la incapacidad de los seres humanos para vivir en armonía en medio de la diversidad y convierten las discrepancias en barreras de incomunicación. Alimentan la intolerancia, son enemigos de la diversidad y pueden manifestarse bajo cualquier ideología", empieza diciendo el manifiesto. Según los pensadores religiosos, se trata, además, de un fenómeno cada vez más extendido y que "se apropia de todas las parcelas de la existencia humana: personal y social, religiosa y cultural, política y económica". Como ejemplo, ponen el avance de los partidos xenófobos e islamófobos, en el fanatismo de líderes religiosos que queman libros sagrados y en los atentados terroristas cometidos en nombre de Dios.
Sobre esta "patología" en la Iglesia romana, los teólogos dicen que "suele canalizarse a través de los movimientos neoconservadores, empeñados en llevar a cabo la restauración eclesiástica hasta el extremo, y también mediante no pocas actuaciones intolerantes de la jerarquía que minimizan, e incluso niegan, aspectos fundamentales del concilio Vaticano II y condenan el trabajo de los teólogos y de los movimientos re novadores"
Entre las características más importantes de los fundamentalismos religiosos, el congreso de la Juan XXIII destaca la absolutización de la tradición, la búsqueda de un fundamento inamovible en un mundo cambiante; la pretendida comprensión literalista de los textos sagrados fuera del marco cultural e histórico en que fueron escritos; el olvido de la ineludible crítica; la pretensión de verdad absoluta en un mundo caracterizado por la complejidad y la incertidumbre; la dependencia de una autoridad indiscutible frente a la inseguridad creciente; la defensa de una moral inmutable en una sociedad en permanente transformación; la fe en un Dios conocido, que legitima las propias convicciones y opciones; la sacralización de lo profano; la dogmatización de lo opinable y la negativa al diálogo.
"Nosotros mismos, por muy lejos que creamos estar de actitudes fundamentalistas, no estamos libres de incurrir en ellas. Por eso es necesario estar vigilantes y tener una actitud siempre autocrítica", afirma también el congreso. Como "mejor antídoto contra los fundamentalismos", señala la renuncia a la posesión absoluta de la verdad y su búsqueda colectiva, el respeto al pluralismo, la convivencia frente a la coexistencia, el derecho a la diferencia, la interculturalidad y el diálogo interreligioso orientados al trabajo por la paz y la justicia, la solidaridad con los excluidos, la defensa de la naturaleza y la igualdad entre hombres y mujeres".
"Las religiones poseen en sus propias fuentes ejemplos luminosos y resortes para superar los fundamentalismos, como la dignidad de las personas, el tejido comunitario, la aceptación de los otros, el perdón, la misericordia, la opción los pobres y marginados y la hospitalidad", concluye el manifiesto.

Por JUAN G. BEDOYA - Madrid – from elpais.com   11/09/2011

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