lunes, 4 de marzo de 2024

Borja Vilaseca: "Mucha gente tiene miedo a la soledad y se vinculan a otras personas desde la hipocresía y la coraza"



Borja Vilaseca. 
©Xavier Torres-BacchettaXavier Torres-Bacchetta



Este experto en autoconocimiento reflexiona en profundidad sobre la soledad, una emoción que aunque puede experimentarse como dolorosa, también puede ser una aliada para el crecimiento personal. Vilaseca ofrece sus consejos para evitar el miedo a la soledad y no necesitar de los demás para sentirnos plenos y felices.



La soledad, un fenómeno cada vez más presente en la sociedad contemporánea, supone una gran preocupación para decenas de miles personas en España: desde jóvenes a mayores. Pero, ¿qué es exactamente la soledad? ¿Significa estar solo, sin más compañía que uno mismo, o sentirse solo?

Según el último informe de The Roots of Loneliness Project, casi la mitad de la población adulta experimenta "soledad con frecuencia" y considera que sus relaciones con los demás "no son significativas". Este fenómeno, señalado como la "epidemia psicológica del siglo XXI" por Borja Vilaseca, reconocido experto en autoconocimiento y autor de "Ama tu soledad" (Editorial Vergara), plantea diversos interrogantes sobre cómo abordamos la conexión social en un mundo cada vez más tecnológico. Borja Vilaseca explica con detalle, en esta entrevista en 20minutos, los diferentes problemas en torno a la soledad.


Por qué dice que la soledad va camino de convertirse en la epidemia psicológica del siglo XXI?

Estamos enchufados a las redes sociales y a una realidad virtual que da una apariencia de conexión, pero paradójicamente genera todo lo contrario. Estamos cada vez más aislados y más desconectados, pero sobre todo de nosotros mismos. Vivimos bajo el supuesto de que hoy en día es más fácil estar en interconectados, sin embargo, la realidad es que muchas personas están cada vez más desconectadas de sí mismas y esas desconexión espiritual, por así decirlo, de su ser esencial, de quienes verdaderamente son, les hace tener esa sensación de absoluta soledad.

¿Cuáles son los riesgos de la "nicotina social", de esa necesidad de estar constantemente en contacto con otros?

Es que el libro señala una drogadicción que es la más común y de la que menos se habla, que es la socio dependencia, que es la necesidad de estar en contacto constantemente con otras personas, ya sea analógicamente como digitalmente, como hemos señalado. Y es porque somos adictos a esta nicotina social y somos adictos a este FOMO extendido de perdernos algo, de no tener ni un momento para nosotros. No estamos solos, en silencio, haciendo nada. No, en seguida nos aburrimos, cogemos el móvil, en seguida llamamos a alguien, mandamos un whatsapp... no nos damos permiso para sentir ningún atisbo de vacío, aburrimiento, soledad, angustia, ansiedad. No sabemos cómo gestionar estas emociones y por eso nos hemos vuelto totalmente adictos a estímulos externos. Y el principal es al contacto permanente con otras personas. Todo esto genera que entramos en las relaciones, que son una bendición, pero entramos desde la carencia, desde el vacío, desde la necesidad.

En seguida nos aburrimos, cogemos el móvil, en seguida llamamos a alguien, mandamos un WhatsApp... no nos damos permiso para sentir ningún atisbo de vacío


¿Y eso que supone? ¿Qué genera?

Eso es lo que genera es que nuestros vínculos estén protagonizados en general por un apego insano, por una codependencia y que tiendan a degenerar en relaciones disfuncionales o tóxicas. Y la gran paradoja de hoy es que yo no puedo vivir ni contigo ni sin ti, como el lobo estepario, es que no soporto estar solo. Pero madre mía, me cuesta mucho lidiar con los demás y todo eso que genera que al final, como no quiero estar solo, pues me vinculo con los otros. Tengo mucho miedo a la soledad, pero como no quiero conflicto, ni quiero mal rollo, me vinculo desde la máscara, desde la hipocresía, desde la falsedad o desde la coraza para protegerme. Entonces nuestros vínculos nos dejan huecos, nos dejan vacíos. A priori hay una apariencia de conexión, pero en realidad no estamos conectando porque son dos personas que se juntan, principalmente porque tienen miedo a estar solas y comparten las migajas que ellos mismos no se quieren comer.


¿Cómo podemos superar el miedo irracional a la soledad y aprender a estar verdaderamente solos?

Bueno, pues aprender a estar solos se aprende como todo en la vida, practicando el estar solos. Entonces aquí lo principal es diferenciar entre soledad, que es algo subjetivo, que es una emoción que tiene que ver con la parte psicológica. Me siento solo, pero que la Real Academia de la Lengua lo confunde en su definición con la solitud. Es una palabra en desuso que este libro viene a reivindicar. Yo no conocía la palabra solitud, nunca la había utilizado hasta que empecé esta investigación. Solitud es algo objetivo, es el acto físico de estar solo. Tú puedes estar solo en medio de un bosque y sentirte conectado y acompañado, o puedes estar rodeado de tus mejores amigos y sentirte solo. O sea, la soledad y la solitud son dos cosas diferentes, pero en el inconsciente colectivo las hemos mezclado y la gente no quiere estar sola, no quiere solitud porque cree que cuando está en solitud se sentirá sola. Entonces no haces introspección, no hay autoconocimiento, no profundizas en la relación contigo, no estás en ese cultivo del amor propio, de convertirte en tu mejor amigo y eso tiene unas consecuencias nefastas en la vida social de las personas.
No hacemos introspección, no hay autoconocimiento, no profundizamos en la relación .con uno mismo


Portada del libro: Ama tu soledad, de Borja Vilaseca.Cedida



En tu libro, hablas de una "herida de abandono". ¿Cómo podemos sanar esa herida? ¿Qué propones para dejar de utilizar a los demás como parches para nuestro vacío existencial?

Bueno, la herida abandono creo que es un tema muy interesante, muy profundo, que da para otro libro. Nacemos cuando estamos en el útero materno, estamos conectados. No tenemos la noción de ser un yo separado de nuestra madre, de la realidad, de la vida, del Dios universal, llámalo como quieras y en el parto, que es una experiencia traumática, que es una especie de situación cercana a la muerte, nos desgajan de la madre y empezamos a sentir esa herida de separación.

Por primera vez nos sentimos separados de la madre, pero también de la vida, de la realidad, de Dios, del universo, llámalo como quieras. Y entonces ahí es cuando se origina la construcción del ego, del yo y tu, yo y el mundo, yo y la realidad. Y entonces el yo lo que hace es ser un mecanismo de defensa. El niño o la niña se siente indefenso, vulnerable, no puede valerse por si misma emocionalmente, con lo cual los primeros años de vida son tremendos en la construcción de nuestra psicología, porque dependemos emocionalmente de nuestros cuidadores. Y el supuesto de nuestra condición humana es que la condición humana necesita mucho amor. El ser humano necesita mucho amor. Entonces, los padres y las madres, en una realidad consciente, suministran ese amor, ese cariño, esa seguridad, esa protección para que el niño construyera su autoestima. Fíjate que es auto, pero la autoestima al principio viene de fuera, tiene un suministro externo que procede de los cuidadores, de los padres. Pero ¿qué pasa? En muchos de nosotros ese suministro no se produjo y crecimos con una carencia enorme, crecimos con un vacío y la autoestima no se interiorizó. Entramos en la edad adulta buscando ese suministro externo, esperando que otros resuelvan nuestros traumas emocionales y nos hemos olvidado de nosotros mismos. Nos hemos abandonado a nosotros mismos.


Cuanto más esperamos que otros nos hagan felices, más se perpetúa esta creencia de que soy una persona incompleta que necesita del otro



¿Y se busca entonces el amor fuera?

Efectivamente, cuanto más miramos hacia afuera, cuanto más buscamos el amor fuera, cuanto más esperamos que otros nos hagan felices, más se perpetúa esta creencia de que soy una persona incompleta que necesita del otro. Y la gran proyección es la relación de pareja. Por eso es la gran disfunción y nos va como nos va. Entonces la herida de abandono se arrastra de por vida hasta que se consigue hacer lo revolucionario que es darte cuenta de que nada ni nadie está aquí para resolver tu conflicto existencial, que es una relación contigo mismo. O sea, la solitud lo que nos invita es a qué relación estoy estableciendo conmigo, tanto si estoy en pareja como si no. Y a partir de ahí acoger a ese niño abandonado, empezar a amarlo, empezar a sentir las emociones, empezar a estar a gusto y empezar a reconectar con esa sensación más espiritual, laica, de sentirse completo, de sentirse unido, de sentirse conectado contigo, con la vida. Y llegará un momento, que es un poco de lo que habla el libro, en que en la medida en que tú haces este trabajo personal, la sensación de soledad va desapareciendo porque es una ilusión cognitiva. En realidad, tú formas parte de la vida, estás conectado, puede estar conectado contigo, con los demás. Y cuando vuelve aparece la soledad tú ya sabes que te has desconectado de ti. No buscas el parche fuera, simplemente haces lo necesario para volverte a conectar contigo mismo. Y esto que es muy fácil de decir, pues da para para una larga terapia y un largo proceso de autoconocimiento y de prospección, pero es fundamental


¿Qué significa convertirse en nuestro propio mejor amigo, y cómo se logra?

Todos hemos sido niños y adolescentes, pero muy pocos nos hemos convertido en adultos verdaderamente maduros emocional y espiritualmente. Este es un concepto un poco polémico, porque para mí un adulto es una persona autosuficiente. Un adulto es una persona que se ha convertido en su propio padre, en su propia madre, en su propio gurú, en su propio coach, en su propio psicólogo, en su propio amor, en su propio guía, en su propio referente. Es decir, tú has de ser todo para ti. Ese para mí es el viaje de la madurez, para realmente sentirse completo, me siento íntegro y desde esa completitud entro en la vida de los demás con vocación de servicio. Y soy padre para otros, soy amigo para otros, soy un amante para otros, pero lo hago desde la libertad, lo hago desde un apego más sano que es más desapegado. Lo hago desde una sensación de no necesidad porque he encontrado lo que necesito en mi interior y desde ahí es cuando las relaciones son una bendición, porque construyo vínculos mucho más sanos, mucho más auténticos, mucho más libres, mucho más desapegados, mucho más satisfactorias.

Eso significa para mí convertirse en tu mejor amigo, cuando disfrutas de tu propia compañía, que de repente ya no utilizas a los demás, sino que compartes con ellos desde otro lugar. Hoy en día las relaciones humanas son tremendamente utilitaristas. Utilizar a los demás en nuestro narcisismo para suplir nuestras carencias, llenar nuestros vacíos, tapar nuestros huecos y conseguir lo que necesitamos de ellos. Las personas maduras espiritualmente tienen muchas relaciones, pero no necesitan ninguna de ellas.


¿Cuál es la importancia de revisitar nuestra infancia para reconciliarnos con nuestro niño interior?

Bueno, para mí es fundamental. Yo parto de la base de que, en mayor o menor medida, todos hemos nacido en familias disfuncionales, todos hemos sido hijos, en mayor o menor medida de padres o madres narcisistas, emocionalmente inmaduros. Pero lo digo desde las infancias que ellos vivieron. Todos hemos arrastrado traumas, carencias, complejos y somos una generación de huérfanos emocionales, porque todos estamos hermanados por la sensación de abandono o de falta de amor. Y por eso es muy importante revisitar la infancia para interpretarla con compasión y amar lo que sucedió, emanciparnos de nuestros padres, matarlos con el cuchillo del amor. Metafóricamente.

Y estar agradecidos porque, a pesar de lo difícil o de lo que nos hayan hecho, forman parte de nuestro viaje evolutivo. Estar en guerra con nuestros padres es una actitud muy infantil, muy inmadura, que al primero que perjudica es a uno mismo. Entonces ahí está la herramienta del perdón, de la compasión, de la sanación. Muchas personas ni siquiera quieren abrir esa Caja de Pandora por el dolor que arrastran, porque siguen anclados en una percepción muy infantil, muy victimista, muy adolescente de la vida. Muchos entienden lo difícil que supone ser padre. Debemos entender este árbol genealógico y que arrastramos traumas transgeneracionales. Mi abuelo me maltrató, mi madre me maltrató, hostia, yo estoy maltratando a mis hijos. ¿Quién es el primero que corta con eso? Eso solo se puede cortar con el amor. No se puede cortar con el odio, no se puede cortar con yo parto peras con mi madre porque es una persona tóxica. Tú puedes distanciarte físicamente, y tienes todo el derecho, pero hablamos a nivel emocional. El indicador de madurez es oye, estoy agradecido, estoy en paz con lo que viví porque le puedo sacar provecho a todo este infierno que fue mi infancia. He pasado página, aunque haya secuelas, pero lidio con ellas y hago de cortafuegos para mis hijos, para la nueva generación y trato de ser yo el cambio que quiero ver en mi familia, que quiero que den en el mundo. Este es un trabajo muy importante y que muchas veces nos despierta todo tipo de victimismos y de culpas por el dolor que sentimos y que arrastramos desde nuestra infancia. Pero la madurez de verdad solo se adquiere cuando perdonas y trasciendes tu propia infancia con amor y de forma constructiva.


¿Si el autoconocimiento puede ser una muy buena herramienta para mejorar las relaciones humanas y la conexión auténtica, no debería de alguna manera incorporarse al proceso educativo o formativo?

Bueno, para mí esta es la pregunta más importante. Y es, por supuesto, un sí rotundo. En mi opinión, en este sistema educativo industrial no hay educación emocional, no hay educación espiritual laica. Bueno, de hecho hay lagunas por doquier. Llevamos varios años impulsando una escuela consciente que se llama Terra, que es un proyecto muy innovador, que tiene en cuenta las 11 dimensiones de la educación consciente. Un pilar de esta nueva metodología es el autoconocimiento, el acompañamiento emocional de prepararnos para la vida. Proponemos que los alumnos tengan, por supuesto las competencias básicas del sistema industrial, pero que el valor añadido sea que sean personas con una inteligencia emocional, que sepan ser felices por sí mismas, que sepan amar su soledad y que sepan, en definitiva, relacionarse con los retos y desafíos de la vida, con una caja de herramientas bien equipada. No estamos de acuerdo con este manicomio social en el que vivimos, de gente perdida, desorientada, que debido a las lagunas del sistema educativo industrial, debido a la paternidad inconsciente, diría también debido a la presión social de esta sociedad tan enferma y neurótica en la que vivimos, que ahora la gente va haciendo aguas porque no es capaz de afrontar la realidad, no es capaz de afrontar los retos y desafíos porque no tiene las herramientas de educación emocional, porque no se conocen a sí mismas. Por eso la democratización del autoconocimiento y la transformación del sistema educativo en esa dirección es la gran revolución pendiente de la humanidad. Y en ello estamos.




NOTICIA02.03.2024 - 07:00H
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