domingo, 29 de mayo de 2011

Strauss-Kahn como síntoma de la progresiva decadencia del Viejo Continente


Foto from elpais.com

En 1944, las playas de Normandía vivieron el desembarco que acababa definitivamente con la efímera hegemonía nazi. Esta semana, con ocasión de la celebración del G-8, esas mismas playas que recibieron el duro envite de los aliados han sido testigos de un nuevo golpe, un serio revés a una de las últimas plazas fuertes de Europa en el Orden Mundial: la soberanía en el FMI. A pesar de no estar en la agencia, ése era uno de los platos fuertes de la reunión del G-8 celebrada en esa región francesa.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y Europa cerraron filas tanto en el Banco Mundial, cuyo mandato recae en un norteamericano, como en el FMI, en manos de candidatos del Viejo Continente. Un turnismo que por aquel entonces se vio lógico, puesto que Europa y Estados Unidos eran quienes aportaban más dinero a las instituciones. Ahora, sin embargo, cambian las tornas y los países emergentes (BRICS) ya son algo más que los hijos de la descolonización.
El Financial Times apuntaba la clave de la cuestión: "Aunque los cargos contra Dominique Strauss-Kahn pertenecen al terreno personal, podrían tener repercusiones económicas globales. La detención del director gerente del FMI parece ser un indicador más del relativo declive que vive Europa".
De hecho, algunos emergentes empiezan a ver este reparto como obsoleto, como ya lo han hecho saber los BRICS. Por encima de su nacionalidad debe pesar que sea “una persona altamente cualificada, con un sólido bagaje técnico y visión política”, que además “debe estar también comprometida con el continuo proceso de cambio y reforma de la institución para que se adapte a las nuevas realidades de la economía mundial".
La mejor situada de partida es, de hecho, una francesa, la actual ministra de Economía y Finanzas, Christine Lagarde, que anunció este miércoles que optaría a la presidencia del FMI. Sin embargo, el mexicano Agustín Carstens, el kazajo Grigori Márchenko (apoyado por Rusia) o el chileno Aleandro Foxley también aspirarían a recoger el cetro de DSK.
Los BRIC recalcaron que fue el propio presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker el que indicó en 2007, cuando fue elegido el propio Strauss-Kahn, que “el próximo director gerente ciertamente no será un europeo”. Quizás no tuviese en cuenta la posibilidad de que surgiesen imprevistos como las acusaciones contra el hasta hace poco cabeza de la institución.
Más allá de la deshonra de seguir dejándose puestos de importancia en el mundo, el Viejo Continente no quiere perder su trono en el FMI para tener la sartén por el mango en momentos de zozobra económica. Ante un posible ajuste, a Europa le gustaría más tener a una figura en la línea continuista de Strauss-Kahn, en lugar de alguien más querido por el establishment estadounidense como el ex director adjunto del FMI Agustín Carstens. Por el momento, parece que la candidatura europea será la que se lleve el gato al agua debido principalmente a la falta de un candidato conjunto de los países emergentes.
De esta manera, Europa sí que ha visto rápidamente los beneficios de tener un candidato único y las voces que respaldan a Lagarde, a pesar de su posible imputación en escándalo de corrupción, son unánimes: Alemania, Polonia, por supuesto Francia e incluso José Manuel Durao Barroso han dado el espaldarazo a esta decisión. Sólo los cantos de sirena de Carstens podrían hacer dudar a Estados Unidos. Este jueves, el ex economista jefe del FMI Simon Johnson escribía en The New York Times que si la francesa llega a hacerse con el puesto se dedicaría en cuerpo y alma en reflotar la zona euro. “Lagarde personifica la estrategia de resucitar la zona euro con el dinero de otra gente ¿Por qué deberían los contribuyentes en Estados Unidos y de otros lugares apoyarla?”.
Pendiente de las veletas
Pero el FMI sólo es un síntoma más de la decadencia europea. El Viejo Continente se ve afectado por cada sacudida que sufre el planeta. Así, mientras tiene graves dificultades para conseguir superar la crisis económica por las dificultades que atraviesan algunos de los países, también ha visto afectadas sus políticas energéticas por lo ocurrido en Japón.
Así, el terremoto que arrasó Japón el pasado 11 de marzo que provocó la crisis nuclear de Fukushima alteró gravemente los planes de Europa. En Alemania, la canciller Angela Merkel achacó al “efecto Fukushima” la derrota en uno de los bastiones históricos de su partido, Baden-Württemberg.
De esta manera, la locomotora del continente dirá su adiós definitivo a la energía nuclear en 2022, mientras que otros países de la zona siguen su mismo ejemplo. Sin embargo, el accidente en la central japonesa no ha variado ni un ápice los planes de países como China o India. De esta manera, el primero está trabajando en 24 reactores mientras planifica otros 50, ciego y sordo a los problemas que está teniendo su vecino de enfrente.
Por otro lado, las revueltas que han tenido lugar enmarcadas en la Primavera Árabe también han afectado a Europa. Especialmente la crisis libia, donde mientras unos países optaban por una respuesta armada a Gadafi, otros se mostraban más reticentes. El ex ministro de Exteriores francés Bernard Kouchner lo recordaba a finales de marzo: “Podemos comprobar los síntomas de una Unión Europea aún inacabada y en el que la crisis libia, que sigue a otras nos recuerda que debe ser reforzada”. Además, el ex ministro se preguntaba “Somos una potencia regional con vocación de gestión regional, como lo son la Liga Árabe o la ASEAN o, por el contrario, pretendemos aportar al mundo un modelo de multilateralismo al servicio del bien común?”.
Asimismo, la llegada masiva de refugiados procedentes del norte de África ha sido el desencadenante de un profundo debate sobre la posibilidad de modificar uno de los pilares de la Unión Europea: el espacio común Schengen.
Una alternativa consolidada
Mientras Europa se pregunta por su futuro, los BRICS se postulan en todos los ámbitos y llaman a las puertas de las instituciones para acaparar la cuota de poder que creen que les corresponde. Estos países representan el 30% de la superficie del planeta, cuentan con el 42% de la población y representan, actualmente, el 18% del PIB y el 15% del comercio internacional. Una tendencia al alza, ya que las previsiones, dicen que alcanzará el 22% del PIB, un gran paso desde el 8% que representaban en 2000.
Y como dinero llama a dinero, las inversiones también llegan a la zona. Algunos expertos creen que en 2012 el 24% del PIB mundial serán inversiones en los BRICS. De esta manera, los cimientos de estos países se fundamentan sobre la emprendedora India (45 millones de empresarios) o en el potencial de las commodities rusas.
Asimismo, cada vez con mayor presencia internacional, de esta manera, la rusa Sochi acogerá los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, mientras que Río de Janeiro será la sede de los de verano de 2016. Ambos países también acogerán sendos Mundiales de fútbol, Brasil en 2014 y Rusia en 2018.
Ante esta situación sólo quedan recordar las palabras de uno de los padres de la Unión Europea, Robert Schuman: “Europa está buscando; sabe que tiene en sus manos su propio futuro. Jamás ha estado tan cerca de su objetivo. Quiera Dios que no deje pasar la hora de su destino, la última oportunidad de su salvación”.

Por Carlos Camino  from elconfidencial.com   28/05/2011

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