martes, 24 de mayo de 2011

Pesticidas, falsificación de alimentos… el veneno nuestro de cada día


Foto from cotizalia.com

La historia de las sandías que se “autodestruyen” en el este de China, explotando en pedazos antes de madurar, ha vuelto a llamar la atención sobre la preocupante situación de la industria alimentaria en el gigante asiático. Al parecer, lo que provoca este extraño fenómeno es el abuso de una sustancia química con la que se rocían las plantaciones para acelerar su crecimiento.
De no ser por las terribles implicaciones sobre la salud de millones de consumidores, se trataría de escándalos realmente divertidos. Tiene su punto cómico pensar que a alguien se le haya ocurrido comercializar una pasta para hacer pasar el cerdo por ternera, huevos fabricados con sustancias químicas y vendidos como reales o aceite filtrado en aguas residuales. No está mal tampoco imaginarse el momento en el que un ama de casa descubre cómo la carne de cerdo con la que acaba de preparar la cena brilla en la oscuridad como si fuera pechuga de alienígena, al parecer a causa de una extraña bacteria que no presenta riesgos para la salud.
Ningún país está a salvo de los escándalos alimenticios (recordemos el aceite de colza), pero resulta difícil superar el expediente chino. Lo más preocupante es que la mayoría de las veces no se trata de simples negligencias, o problemas derivados de la falta de higiene, sino de empresarios que perpetran auténticas barbaridades para aumentar sus beneficios y quienes, la mayor parte de las veces, no son castigados.
En 2010, el Ministerio de Seguridad Pública destapó 115 grandes delitos de fraude con consecuencias sobre de seguridad alimentaria, encarcelando a 258 personas. Todos los expertos consultados, incluso aquellos que adoptan una postura más defensiva, aseguran que se trata de una cifra ridícula. “Se han detectado problemas en prácticamente todos los tipos de alimentos. Si sigues las inspecciones de calidad, verás que se encuentran casos a diario”, explica Liu Xin, un abogado de Pekín que se encarga desde hace años a defender a víctimas de intoxicaciones.
“Puedes envenenar niños sin cometer un crimen”
Según Liu, aunque China ha implementado muchas leyes y regulaciones para proteger a los consumidores (más de 3.000), el marco general está mal organizado, dejando vacíos legales y competencias compartidas por varios departamentos que no se coordinan eficazmente. “Por ejemplo, si la cantidad de alimentos falsos incautada es menor de 50.000 yuanes (7.680 dólares), no se considera un crimen, sino una falta que se soluciona con una multa. ¡Pero se pueden hacer muchos litros de helado o leche contaminada con ese dinero! ¡Se pueden envenenar muchos niños sin cometer un crimen!”, protesta.
De acuerdo con una investigación conducida recientemente por la revista Oriental Outlook, el gran problema de fondo son los inspectores, tanto por su competencia y sus pocas ganas de tomarse en serio el trabajo, como por su honradez. “Sólo adoptan una posición seria cuando salta un escándalo muy grave. Pero, aún así, se preocupan sólo hasta que pasa la tormenta mediática y después lo olvidan, dejando muchas veces sin castigo a las empresas culpables”, concluye la revista.
El de la industria alimentaria es el típico problema chino, en el que se une la corrupción, el ansia por cumplir planes quinquenales y la falta de poder de la ciudadanía. “Los gobiernos se preocupan únicamente por los impuestos y por el desarrollo económico, así que suelen apoyar a las empresas cuando se produce un escándalo alimenticio, ayudando a ocultarlo a la prensa”, insiste el abogado Liu, indicando que los sobornos a inspectores para hacer la vista gorda son mucho más que frecuentes.
En los últimos años, la falsificación de productos alimentarios ha florecido en fábricas, muchas de ellas artesanales, que abastecen tanto a pequeñas tiendas como a grandes almacenes. Desde cigarrillos hasta yogures, pasando por caramelos, leche, agua embotellada y aceite. Para burlar la ley, algunas de estas actividades se instalan de manera clandestina en sótanos, naves abandonadas e incluso grutas en las montañas. “Es agotador ser un consumidor en China. En lugar de atajar el problema, los periódicos y las autoridades siempre dan consejos para distinguir los productos falsos cada vez que se detecta un lote tóxico”, abunda Liu.
Pero, además de los productos falsos, China también tiene un problema con los alimentos frescos. Estudios realizados en los tres últimos años ilustran que, por ejemplo, el nivel de pesticidas y metales pesados está muy por encima de lo tolerable en frutas y verduras. Mientras tanto, carnes, pescados y mariscos presentan a menudo sustancias prohibidas y concentraciones de químicos y antibióticos que los convierten en veneno a medio y largo plazo.
Muchos expatriados y familias chinas que pueden permitírselo han optado por comprar productos importados de otros países, que ya empiezan a venderse incluso en pequeños pueblos de provincias. “Desde el arroz hasta los vegetales, pasando por los productos de higiene, cada vez más y más productos no son seguros para la salud. Nos estamos envenenando a diario, ¿se puede saber qué podemos comer en China?”, se preguntaba a mediados del mes pasado la edición digital Guang Ming Online.

Por Historias de Asia, Ángel Villarino from cotizalia.com 23/05/2011

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