jueves, 16 de junio de 2011

¿Puede Grecia ser el Lehman Brothers europeo?


Foto from cincodias.com


Mientras Alemania insiste en pedir que los acreedores pongan dinero para rescatar a Grecia, el BCE insiste en que algo parecido a un impago puede desencadenar una gran crisis sistémica.
La titánica pelea entre el Banco Central Europeo y los legisladores alemanes sobre la necesidad, o no, de reestructurar la deuda griega ha traído a colación el símil con la quiebra de Lehman Brothers. Lo han utilizado, además de un sinfín de economistas y bloggers, varios miembros del consejo de gobierno del BCE: Jürgen Stark, González Páramo y otros tantos han tirado de metáfora para ilustrar la oposición de la institución europea a la reestructuración de la deuda helena.
En la trinchera de enfrente, con Wolfgang Shauble a la cabeza, políticos del Norte de Europa defienden que quienes tienen deuda griega tienen que participar en el rescate. Postura impecable desde el punto de vista filosófico. Como lo era la oposición del Tesoro estadounidense, en aquellos fatídicos días de 2008, a poner dinero público para salvar a Lehman.
¿Está justificada la alarma del BCE? ¿O es el cuento del lobo? Una quiebra desordenada de Grecia, en la que el país deje de pagar sus deudas, sí sería un caso Lehman Brothers. En este caso, solo una inyección masiva de capital salvaría la banca griega de quebrar en unas pocas horas. Los bancos europeos sufrirían graves pérdidas en su cartera de activos helenos, tanto públicos (el resto de Europa tiene el 60% de la deuda pública griega) como de sus bancos. Los mercados, a su vez, castigarían a la banca europea, y además de desplomar las Bolsas, el mercado de papel comercial y el interbancario se hundirían. Como con Lehman Brothers.
Hoy por hoy, solo un fatal desacuerdo político llevaría a esta posibilidad. Sobre la mesa está la reestructuración. Este escenario, con todo, tampoco es muy halagüeño. En primer lugar, la reestructuración debería ser creíble, es decir, el mercado tendría que pensar que con ella se soluciona el problema heleno. Si es así, el efecto contagio no sería tal pero, en un entorno hipersensibilizado como el actual, convencer a los inversores que detrás de Grecia no irán Irlanda, Portugal o incluso España no será tarea fácil. Además, en este caso, para que el plan sea creíble tiene que aliviar en mayor medida las finanzas helenas. Y para que eso suceda, o bien los contribuyentes ponen más dinero o bien las condiciones para los acreedores son más duras...
Pero ni aun en este caso la catástrofe estaría descartada. Hay varios aspectos fundamentales. Uno, el efecto contable para los bancos que tienen deuda del Tesoro griego en cartera. En función de cómo se contabilice la reestructuración, podrían soportar pérdidas que dañarían su delicada situación de capital. Las Bolsas pagarían cara una nueva oleada de recapitalizaciones forzosas en Europa que multiplicaría por varias decenas de veces la necesidad de capital de las cajas españolas.
Pero el mayor riesgo está, quizá, en el mercado de CDS. Estos seguros contra impago se compran para que alguien, sea para protegerese, sea para especular, reciba dinero en caso de que el emisor de un determinado bono no pague. En este caso, Grecia. Si Grecia no paga, quien tiene CDS griego recibe dinero. Pero, ¿quién lo pone? En el extremadamente opaco mercado de CDS, no se sabe quién ha vendido la protección contra el impago heleno. Después de la quiebra de Lehman, AIG tuvo que ser rescatada con un buen puñado de decenas de millones de euros para pagar los contratos de CDS que había vendido, tanto sobre Lehman como sobre otras entidades o activos financieros hundidos por la crisis.
En un memorándum de aquel terrible 2008, AIG informó que había vendido derivados por valor de 1,6 billones de euros. Si quebraba, las 1.500 instituciones financieras que compraron estos productos tendrían que valorarlos a cero. El potencial de la onda expansiva era equivalente a varias veces Lehman Brothers, gracias a las bondades de la innovación financiera. Al final el contribuyente puso dinero para salvar a AIG.
El sistema financiero puede verse en una tesitura similar. En cualquier caso, no necesariamente una reestructuración puede desencadenar que se activen los contratos de CDS. Como explica Credit Suisse en un reciente informe, si la reestructuración consiste en un canje voluntario (aunque con incentivos) de deuda antigua por nueva, no se desencadenarían los movimientos de CDS.
En cualquier caso, si como explica nuestro corresponsal Bernardo de Miguel Alemania consigue que la reestructuración sea obligatoria, sí se activarían los contratos de CDS.
La lucha política sigue en su apogeo, con mucho dinero, prestigio y poder en juego. Con las partes implicadas aplicando la llamada estrategia de Sansón (si no nos ponemos de acuerdo yo caigo, pero vosotros conmigo) y el tiempo agotándose. Si la UE y el BCE no se pone de acuerdo, el FMI deja de poner dinero para apoyar a Grecia, y Atenas quebraría. Aunque, vista la experiencia de los últimos dos años, Europa solo tiende a ponerse de acuerdo (y Merkel a recular) en el último minuto de la prórroga.

Por Nuño Rodrigo - Madrid – from cincodias.com   15/06/2011

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