lunes, 22 de agosto de 2011

Jackie Kennedy se desmelena


Foto from ABC.es

En septiembre se emitirán sus cintas secretas que prometen revelar infidelidades de ella y nuevas teorías sobre el asesinato de JFK.
¿Tuvo John Fitzgerald Kennedy su propia Mónica Lewinsky? Aparte de sus sonados romances extraconyugales ya más o menos conocidos, ¿se lió con una interna de la Casa Blanca de 19 años, cuyas braguitas encontró Jackie Kennedy en el cuarto de baño presidencial? ¿Se vengó ella de estos desaires liándose a su vez con el actor William Holden y con el fundador de la Fiat, Gianni Agnelli? ¿Tuvo el vicepresidente de Kennedy y futuro presidente Lyndon B. Johnson algo que ver con el magnicidio de Dallas?
Todas estas preguntas y más quedarán contestadas el mes que viene, cuando la cadena de televisión norteamericana ABC emita un programa especial que seguramente será seguido de Alaska al Polo Sur y de Patagonia a Siberia, y no es para menos: en él se airearán ocho horas y media de confesiones secretas que la primera dama más famosa del mundo grabó con el historiador Arthur Schlesinger Jr. sólo cuatro meses después de enviudar. Si las confesiones se grabaron en caliente, en cambio se escucharán en frío, diecisiete años después de morir su autora.
Pacto de silencio
Era la voluntad de Jacqueline que se esperara más, mucho más: hasta cincuenta años después de su muerte. Con este propósito se guardaron las cintas en una cámara de seguridad de la Biblioteca Kennedy. Pero Jackie confió la custodia del material a su hija, Caroline, quien ha tomado la decisión de acelerar la divulgación. ¿Por qué? Pues porque ha hecho un trato con la cadena ABC: la exclusiva de las cintas de su madre a cambio de que renuncien a emitir la polémica serie «Los Kennedy», que hasta ahora sólo se ha visto en un canal independiente minoritario en Estados Unidos, y en un canal secundario de la BBC inglesa, siempre en contra de la voluntad de la familia.
Rodada en Inglaterra con un presupuesto de 10 millones de libras esterlinas, y coprotagonizada por los actores Greg Kinnear y Katie Holmes, la serie no ha parado de llevarse batacazos desde que se estrenó. Los críticos de televisión dicen que es muy mala. Los Kennedy se sienten ultrajados por el retrato que se hace de su estirpe, y han llegado a hablar de un contubernio de guionistas y productores del Tea Party para desacreditar el Camelot demócrata americano.
Ciertamente, en el caso de esta familia la brecha entre leyenda y realidad no es que sea grande, es que es un abismo. La imagen glamurosa con que todavía hoy son evocados los Kennedy choca una y otra vez con el detalle histórico de una dinastía tan brutalmente competitiva que el patriarca Joseph no dudó en hacerle una lobotomía a una hija que salió «rarita», Rose —sin ni consultárselo a la madre—, o en aliarse con la mafia para llevar a sus retoños a la Casa Blanca. Los devaneos sexuales del entero clan han podido ser la causa por lo menos indirecta de dos muertes (Mary Jo Kopechne en Chappaquiddick y el posible suicidio de Marilyn Monroe). La misma Jackie está enterrada en Arlington y es recordada como la primera dama ideal ignorando el clamoroso dato de que se volvió a casar con el magnate griego Aristóteles Onassis.
¿Ha llegado la hora de la verdad para el mito Kennedy? En los últimos días la prensa amarilla de Estados Unidos, seguida a prudente distancia por la más seria, se ha lanzado a especular sobre el «explosivo» contenido de las cintas de Jackie. «The Daily Mail» citaba fuentes anónimas de la cadena ABC para asegurar que en las grabaciones salen tórridos detalles de mutuas infidelidades entre JFK y Jackie, y hasta teorías de esta de que a su marido lo mataron por encargo del vicepresidente Lyndon B. Johnson y de un grupo de magnates de Texas. La cadena ABC niega los chismes y afirma que las confesiones de la primera dama son mucho más «institucionales».
Por sentido común tiene lógica que así sea. Y es que si las cintas contienen lo que en al gunos sitios se ha llegado a decir que contienen, no se entiende que Caroline Kennedy haya preferido darlas a conocer antes que permitir la emisión de una serie sobre su familia que será menos amable de lo habitual, pero que a fin de cuentas no revela nada nuevo. Menudo negocio haría Caroline. Claro que cuanto más grande sea la expectativa de escándalo, incluso si al final se queda en bulo, mejor para ganar audiencia y hacer un negocio.
Por ANNA GRAU  from ABC.es   15/08/2011 -

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