viernes, 17 de junio de 2011

Divorcio a la filipina


Foto from varbak.com

En Filipinas, una nación con una gran influencia católica, el divorcio está prohibido.
Sin embargo, eso no es impedimento para que las parejas que dicen no amarse más, se separen.
 Ellas han encontrado maneras innovadoras de hacerlo.
Para un país en el que el divorcio no está permitido, es un tanto extraño y algunos dirían escandaloso que haya tanta gente con ex esposas y ex esposos.
No es algo de lo que se hable abiertamente, pero en círculos de profesionales, no es difícil encontrar al menos a una persona que esté experimentando su segundo y hasta su tercer matrimonio.
Eso se debe a que, como en muchos aspectos de la vida en esta nación asiática, la gente encontró formas de "darle la vuelta" a las leyes.
La principal forma de hacerlo es, si tienes dinero, conseguir que el matrimonio sea anulado.
Es como si batieras una varita mágica. De repente, la boda y la frase "hasta que la muerte nos separe" nunca sucedieron.
Todo lo que necesitas es un psiquiatra que diga que hay algo mal contigo o con tu pareja. Eso los hace incapaces de cumplir las obligaciones esenciales del matrimonio.
Lo que exactamente esas obligaciones significan causa confusión, se trata de una laguna jurídica que no ha pasado desapercibida para muchas parejas en conflicto y sus abogados.
Un poco de locura
El caso de Joey es típico. Él trabaja en el sector de las relaciones públicas en el distrito financiero de Manila.
Es brillante, seguro de sí mismo y elocuente.
Para conseguir que su primer matrimonio fuese anulado, se tuvo que declarar psicológicamente discapacitado.
Yo no soy una experta, pero no me parece que Joey sufra de ningún tipo de incapacidad psicológica.
Tiene una sonrisa resplandeciente y un ingenio agudo. De hecho, llegó a nuestra reunión, pese a que le di unas indicaciones bastante complicadas.
Pero un psicólogo le dijo que sufría de una discapacidad psicológica y un juez estuvo de acuerdo. Seis meses después y con cerca de US$1.000 menos en su cuenta bancaria, Joey se convirtió en un hombre libre para casarse nuevamente.
Es un artilugio legal que parece que funciona muy bien.
Muchas celebridades han tratado de recorrer la misma ruta más de una vez, pero el éxito no está garantizado.
He escuchado de casos que se han quedado engavetados por años en los tribunales; otros que han costado US$5.000 o incluso más y unos que han fracasado estrepitosamente.
No es una opción que esté al alcance de todo el mundo.
Pobres y ricos
Este es un país donde un tercio de la población vive con menos de un dólar diario. La anulación de un matrimonio es simplemente una alternativa demasiado cara para la mayoría de las personas.
Es resultado es un sistema que divide a la población en dos grupos: los ricos pueden volver a casarse y los pobres no.
En mi trabajo como corresponsal de la BBC en Filipinas, he visitado muchas zonas pobres de Manila.
Casi todos son católicos, casi todos van a la misa el domingo. Numerosas familias, cuyas viviendas tienen estructuras paupérrimas, llenan las iglesias.
Pero, incluso ahí, no es difícil encontrar personas que han esquivado las directrices de la Iglesia.
Muchos de ellos, cuyos matrimonios no han funcionado, deciden apartarse y empezar a vivir con alguien más.
He conocido filipinos que, ante todo, cuestionan el acto de casarse.
Una mujer que encontré sentada limpiando vegetales, me contó que tiene 22 años y que está embarazada de su cuarto niño.
Cuando le pregunté si se casó con el hombre que la toma del brazo, me dijo que no es algo que esté en la agenda por ahora, pues hay otras prioridades: "muchas cosas de qué preocuparse".
Religión
Indudablemente hay muchas personas que se sienten atrapadas ante la ausencia de una ley de divorcio; personas cuyas primeras parejas las abandonaron y que desearían volver a casarse con otra persona.
Muchos niños nacen de este tipo de relaciones y crecen con el estigma de que sus padres no se pueden casar.
Quienes apoyan la legalización del divorcio señalan que un alto número de mujeres, víctimas de violencia doméstica por parte de sus maridos, se sienten incapaces de abandonar a sus esposos.
A un pequeño porcentaje de filipinos se les permite divorciarse: el 5% de la población que es musulmana y algunos filipinos casados con extranjeros.
¿Por qué el gobierno no acepta simplemente que algunos matrimonios fracasan, como sucede en el resto del planeta, y que el divorcio algunas veces es una opción?
Debido -responden- a que sería como ignorar los fuertes sentimientos de los filipinos hacia su fe.
La mayoría de las personas en Filipinas no son católicas sólo de la boca para afuera. Ellos ayunan, rezan y van regularmente y con devoción a la iglesia.
Cuando los obispos dicen que el divorcio es algo anti-filipino y que legalizarlo afectaría la institución del matrimonio, la gente escucha con suma seriedad.
Lo que realmente me sorprende es que de las personas con las que he hablado que están separadas o cuyos matrimonios han sido anulados, pocas creen que Filipinas está preparada para una ley que permita el divorcio.
La anulación del matrimonio debería estar al alcance de todos los filipinos, dicen. Las leyes deberían agilizar el procedimiento y ampliar el criterio de aquellos que puedan optar por el mismo, sin necesidad de un psiquiatra.
En otras palabras, una alternativa filipina a lo que en otros países se conoce como divorcio.

Por Kate McGeown  from BBC, Manila  16 de junio de 2011

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