lunes, 31 de marzo de 2014

Una aldea alpina o Venecia en miniatura: ¿por qué China copia ciudades enteras?

 
Hallstatt, en Austria (izquierda), y su aldea gemela en China (derecha).
 
 
 
China es bien conocida como centro de producción y venta de DVDs piratas y réplicas no autorizadas de teléfonos celulares de marca. Pero su "cultura de la copia" se extiende también a la arquitectura.
 
Y lo que los chinos copian, en este caso, son pueblos enteros.
 
Cuando uno ingresa en Thames Town, los bocinazos y el caos de las grandes urbes de China desaparecen. No hay vendedores callejeros ofreciendo bollos de cerdo al vapor ni recicladores transportando mercancías viejas para revender en sus triciclos con acoplado.
La calle serpentea y, a la distancia, se ve una construcción parecida a una torre de reloj de una aldea de los Cotswolds, la idílica zona verde de casas de techos de paja en el centro de Inglaterra.
"Tiene una cualidad casi onírica propia de los paisajes europeos", dice Tony Mackay, un arquitecto británico y el jefe de planificación de viviendas de Thames Town y su barrio circundante, el distrito de Songjiang.
Cuando el gobierno local contrató a Mackay, en 2001, y el arquitecto se trasladó a la zona, se encontró con granjas y vacas y patos caminando libremente por una aldea rural típicamente china.
Ahora la zona tiene calles empedradas, pubs de apariencia típicamente inglesa y casas de entramado de madera de estilo Tudor.
Hay incluso una estatua de Winston Churchill y un salón comedor de estilo medieval que ofrece alitas de pollo con cerveza en carteles escritos en mandarín.
Pero Mackay no está muy orgulloso: "Esto no se ve bien", dice. "Se ve falso y fuera de lugar".
 
 

Pastiche y libre interpretación

Mackay dice que los arquitectos que se encargaron de diseñar los edificios crearon un pastiche, mezclando estilos diferentes e ignorando toda premisa de autenticidad.
Algunas de las casas de madera tienen seis pisos, por ejemplo, y las ventanas de la iglesia simplemente no se corresponden con el estilo del edificio.
 
"Las proporciones están equivocadas. El uso de los diferentes tipos de piedra es terrible. Nunca se utilizaría así en una verdadera iglesia de Inglaterra", dice el constructor.
Las casas en Thames Town fueron compradas en su mayoría como inversión por residentes de otras ciudades, así que el pueblo por lo general está tranquilo, casi vacío. Recién ahora, y de a poco, se está comenzando a desarrollar un sentido de comunidad y cotidianidad entre sus habitantes.
Para Mackay el lugar parece un set de filmación. De hecho, un bloguero de Occidente que llegó de visita lo definió como un auténtico escenario de la película The Truman Show.
 

Como en el extranjero, pero cerca...

Pero a Fan Yu Zhe no podría importarle menos.
Fan y su novia Sun Qi Yao están ensimismados, mirándose profundamente a los ojos, mientras un asistente de fotografía lanza sobre sus cabezas una lluvia de pétalos de rosas.
Thames Town está lleno de parejas jóvenes que vienen a tomarse fotos de boda en sus calles.
"Me encanta el fútbol europeo, estoy muy interesado en todas las cosas de Europa", dice Fan.
"Realmente espero poder visitar el verdadero río Támesis y algún día sentarme en sus orillas, beber una taza de café y disfrutar del sol británico", imagina el joven.
 
Cerca de allí, una mujer llamada Zhang Li come gajos de mandarina y juega a las cartas con su madre y su tía.
Zhang cuenta que ha venido a pasar aquí su día libre: las ciudades chinas están atestadas de gente y azotadas por el esmog y los ruidos mientras que este pueblo es verde y agradable.
Y con su sueldo de empleada administrativa no puede darse el lujo de viajar a Reino Unido.
"Por lo general, si quieres ver edificios de otro tipo tienes que irte al extranjero", dice Zhang. "Pero si importamos esos estilos a China, la gente puede ahorrar dinero a la vez que no se pierde de experimentar una arquitectura de estilo extranjero".
 

Nueve estilos

Esa idea es bastante común en distintos sectores de China.
Thames Town fue construido como parte del programa "Una ciudad, nueve pueblos" de Shanghái, por el que se diseñó un conjunto de ciudades satélite alrededor de la más poblada metrópoli china.
Cada uno de esos nueve sectores está construido en un estilo internacional diferente. En otras partes de China, hay una réplica de la Torre Eiffel, un Puente de la Torre como el que está frente a la Torre de Londres en una mini réplica de la capital británica, o incluso una recreación del famoso sitio arqueológico de Stonehenge.
Y el año pasado se construyó una réplica de una aldea alpina completa, Hallstatt, pero en la provincia china de Guangdong. El original, en Austria, es Patrimonio Mundial declarado por la Unesco.
Todos ellos son ejemplos del frenesí que tiene la sociedad china por lo que Bianca Bosker, autora de "Copias originales: mimetismo arquitectónico en la China contemporánea", llama "duplitectura".
La arquitectura del doble, de la copia, de la réplica.
 
Por supuesto, no son sólo los chinos que aman copiar. Hace un siglo y medio, el cada vez más próspero Estados Unidos era un centro de la falsificación y la réplica, donde también se hicieron copias arquitectónicas más recientes, incluyendo pabellones de países en el parque Epcot de Florida y numerosos ejemplos en cada rincón de Las Vegas.
 

La copia-homenaje

Pero, según Bosker, mientras que en Occidente se considera a la arquitectura de la réplica como esencialmente kitsch, artificial y de mal gusto, a muchos en China les resulta verdaderamente encantadora.
Casi todas las grandes ciudades en China tienen un barrio residencial donde la gente construye réplicas de mansiones y hasta dos tercios de las propiedades a la venta en las inmobiliarias son de estilo occidental, dice Bosker.
La autora opina que ello ocurre, en parte, porque la cultura oriental tiene una actitud diferente hacia la copia.
"En China es muy diferente a lo que encontramos en Occidente, donde hay una idea de que la copia es algo tabú y que debe ser evitado a toda costa", apunta la experta.
En China, dice, el mimetismo es visto como "una muestra de habilidad creativa" y, por lo tanto, no sólo no está mal visto sino que es incentivado.
 
Esta cultura de la copia tiene profundas raíces históricas. Como primer emperador de China, Qin Shi Huang –cuya fama está asociada al ejército de terracota, concebido como su custodio– conquistó reinos rivales en el siglo III a.C. y luego construyó una réplica de cada uno de sus palacios dentro de su propia ciudad capital.
Al día de hoy, el gobierno chino a menudo financia grandes proyectos de construcción de réplicas.
"Es una manera de mostrar su poder", dice Bosker. "China está, de un modo muy simbólico, haciendo gala de su capacidad para reorganizar el cosmos, para de alguna manera apropiarse de los 'grandes éxitos' de Occidente".
No es casualidad que la Casa Blanca –el máximo símbolo del poder de Estados Unidos– sea uno de los edificios más copiados en China.
 

Poco original

Pero no todos apoyan este furor por la "duplitectura".
"No me gusta en absoluto ", dice Tong Ming, un arquitecto con sede en Shanghái.
China tiene su propio (y riquísimo) patrimonio arquitectónico, dice Tong, desde los Jardines Clásicos de Suzhou a la Ciudad Prohibida de Pekín y las tradicionales casas de madera de las zonas rurales.
Los chinos valoran su historia, considera el arquitecto, pero, en una era de rápidas transformaciones, a las personas les resulta más práctico –y hasta reconfortante– copiar los estilos occidentales.
"Creo que es un período muy concreto de tiempo, a la gente le cuesta acostumbrarse. Así que es bastante comprensible que sigan algo que admiran o con lo que están familiarizados a través de los medios de comunicación", dice Tong.
"La gente quiere algo con una identidad muy clara. No pudieron encontrar exactamente cómo hacer evolucionar el estilo propio, por lo que recurrieron a uno que les es familiar", reitera.
 

Nuevo rumbo

Tong cree que con el tiempo la arquitectura china encontrará una vez más su propio camino.
Mientras tanto, algunos de los nuevos desarrollos habitacionales están adoptando una fusión de la arquitectura de estilo occidental con "una piel exterior" propia del estilo chino, según la define Bosker: incorporan diseños de jardines orientales, por ejemplo, o toman en cuenta los principios del feng shui.
El británico Tony Mackay cree que los pueblos de imitación de China son una moda, una consecuencia del deseo de conectarse con el mundo después de décadas de relativo aislamiento. Pero a la vez considera que hay una tendencia emergente.
"Las generaciones más jóvenes de aquí no quieren estilos pasados de moda, quieren modernidad. Quieren algo nuevo, que se conecte con sus equipos tecnológicos, sus iPads, su estilo de vida moderno", dice.
 
Un ejemplo es el afamado proyecto de la arquitecta británico-iraquí Zaha Hadid en Pekín, el elegante y ultramoderno Wangjing SOHO.
Cuando esté terminado, tendrá la forma de tres peces gigantes emergiendo de un torrente de agua.
Sólo hay un problema: una estructura sospechosamente similar se está construyendo en la ciudad de Chongqing.
Según una revista de arquitectura, la supuesta copia podría incluso estar terminada antes que el edificio original.
 
 

Réplicas en abundancia

 
Por Ben Goodger, experto en propiedad intelectual del estudio Edwards ­Wildman
China es el centro mundial de la falsificación, de todo lo que permita el dinero fácil: teléfonos móviles, DVDs piratas, relojes falsos, joyas no auténticas, ropa de marca copiada.
El concepto es muy diferente. En China, copiar algo es mostrar un profundo respeto por su manufactura. La sociedad china tradicional es muy jerárquica: están los maestros de su arte y muchos artistas copiando a esos maestros en cada detalle, tan minuciosamente como sea posible. Eso es entendido como un homenaje porque el maestro es el gran genio.
La idea de que la obra que el artista crea es una manifestación de su personalidad individual es en gran medida una idea típicamente occidental. Así, la idea de la copia como engaño no tiene mucho sentido en China.
No quiere decir que sean inocentes, pero existe esa actitud cultural que ve la copia como un signo de respeto.
 

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